Director: GERARDO BARRAZA SOTO

AÑO DEL ESTADO DE DERECHO Y DE LA GOBERNABILIDAD DEMOCRÁTICA

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Redactor
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INEDITOS

Por:
Federico More

Realpolitik
Esta carta al presidente Manuel Prado se encuentra en la Biblioteca Nacional y fue donada por los herederos de Federico More. Se trata de un documento inédito, donde el periodista expone las razones por las que se adhiere políticamente al electo régimen de Prado, que reemplazaba a la dictadura de Óscar R. Benavides.

Miraflores,
30 de noviembre de 1939
Señor Don
MANUEL PRADO
Lima

Mi querido Presidente y amigo: un saludo muy cordial, muy atento y con los optimistas augurios de siempre. Como usted sabe, hace algo más de treinta años que me ocupo de periodismo y que en Lima, lo mismo que en Buenos Aires y en otras ciudades americanas, he tenido cierta fortuna en mi oficio. Supongo, pues, que sé algo en materia y que poseo cierto derecho para opinar. Como, pese a las reservas mentales que, acerca del periodismo se pueda tener, es evidente que todo Gobierno necesita periódico, me parece que estoy obligado a darle a usted mi opinión sobre tal materia. Como no conozco el pensamiento de usted en lo que se refiere al porvenir, quiero ofrecerle mi opinión en cuanto a lo que usted encuentra. Concretamente, a “Universal”. Le ruego que lea usted lo que sigue:

“Magdalena del Mar, nueve de marzo de 1937.- Señor don José Bustamante y Ballivián.- Lima.- Mi querido amigo: Voy a darte mi opinión concretísima acerca del negocio de “El Universal”. Nuestras entradas conocidas ascienden a un máximun de quince mil soles oro al mes, incluyendo los avisos judiciales. En cuanto a la venta, porque me consta su inexistencia. Prescindo de los avisos, porque no poseo, respecto a ellos, cifras claras y no me infunden mucha confianza. Tenemos, al ingresar, un pago muerto mensual inevitable de siete mil seiscientos soles oro. Si llevamos al máximun el abaratamiento de las planillas, tendremos un presupuesto –para el sostenimiento del diario– de veintiun mil soles oro al mes. En otros términos: nuestro gasto mensual será, en números redondos, de veintiocho mil soles oro. Iniciamos, pues, nuestro trabajo con un déficit de trece mil soles oro, con un periódico muerto; con el lastre que significa para el público, el tinte oficialista y con las dificultades que, para economizar, se presentan cuando la gente cree que el Gobierno lo paga todo. Mi opinión, como periodista; mi opinión, estrictamente y objetivamente profesional es que, con el punto de partida de diez mil soles oro mensuales es posible hacer un periódico nuevo, de excelentes posibilidades. El porvenir de “El Universal” tiene que depender de su pasado. Es la ley de la vida. Por otra parte, habría que despedir a todo el personal que hoy trabaja en ese periódico, porque ese personal es el culpable del inmenso fracaso acontecido y, de tal modo, han revelado su peligrosa ineficacia.

Esa despedida representa, en indemnizaciones, una suma fuerte. Si razones o mandatos superiores deciden que debemos tomar “El Universal”, no tengo nada que decir. Iré a “El Universal” y, contigo y del Águila, trabajaré cuanto me sea posible para que sigamos adelante. Ojalá que el déficit no nos venza y que tengamos la vida financiera suficiente para conseguir el mejoramiento de la venta y el de la publicidad. Cumplo con el deber de presentar mis objeciones. Y quedo disciplinadamente listo para actuar. Te saluda muy cordial y afectuosamente tu viejo camarada y amigo.- Federico More.- Girón Espinar, 270.- Teléfono 18105.- Casilla 1258, en Lima.”

Como verá usted, no fui mal profeta. Hoy, “Universal” debe algo parecido a cien mil soles oro y nadie sabe quién va a pagarlos. En todo caso, el descrédito cae sobre el Gobierno. Bustamante se cegó a tal punto que tuve que distanciarme de él y de su periódico. Los terribles cargos que hay contra Bustamante llegarán a ustedes, porque deben llegar; pero no seré yo quien los formule. Me limito a darle a usted mi opinión acerca de una cuestión periodística. Creo que procede la clausura de “Universal”. En cuanto a las indemnizaciones, que las pague la empresa misma, ya que no tiene –como está demostrado– muchos reparos en endeudarse. Pero la clausura procede. El Gobierno de usted no puede iniciarse defendido por un cadáver. Salvo el Cid, ningún muerto ha ganado batallas. Los que, en “Universal” defendieron –ojalá nunca lo hicieran– La Presidencia de Benavides y también –ojalá nunca lo hicieran– la candidatura de Prado, están abundante y suficientemente recompensados. No incurriría usted, pues, en ingratitud al cerrar ese periódico.


More en homenaje a Enrique López Albújar.

Como cuenta usted con la benevolencia del decano, con la mercantil prudencia de Baquíjano y con la funesta adhesión de Pando, parece que su Gobierno no necesitará un periódico. Pero soy de los creo que, antes de seis meses, el periódico será necesario. Y más vale curarse en salud. Opino que su Presidencia debe nacer con su periódico. Me permito anticiparle, muy respetuosamente, mi querido jefe, que nada quiero para mí y que no me encuentro con mucha fuerza para dirigir un diario. Me contento con que me conserve usted en la posición en que he vivido bajo el Gobierno del General. Le juro que, después de ver las Cámaras, ni siquiera aspiro a ser senador o diputado. Además, entre los amigos de usted, son muchos los enemigos míos y cualquier posición brillante que usted me diese le traería innumerables disgustos. Y yo no quiero darle ni uno solo a un viejo, ilustre y querido amigo, hoy Primer Magistrado de mi país. Prescinda usted, pues, de mí y tome mis consejos, si le parece, como si se los diera un experto desconocido. Le ruego que me crea usted cuando le digo que [sé] algo de periodismo. Naturalmente, usted sabe que estoy a sus órdenes y que haré lo que usted diga. Ayúdeme usted, en la misma medida en que lo ha hecho el General, a darle vida a “Cascabel”, porque, al fin y al cabo, creo que en él hallaré la fuente de recursos honesta que todos necesitamos. El ocho de diciembre debe aparecer el periódico diario que defienda la política del Presidente Prado. Si sale más tarde, se dirá que el Gobierno fue obligado a defenderse. Y el periódico debe ser un vocero honorable y no un dogo ni una máscara antigás. Perdone usted que me tome la libertad de darle estas opiniones; pero creo que estoy obligado a ello, porque así sirvo a mi amigo don Manuel Prado y al Presidente del Perú con cuya política estoy solidarizado hasta ahora. Si, a partir del ocho de diciembre, mi posición va a ser la que, hasta ahora, ha sido, le agradeceré que me lo diga. Será un verdadero favor. Mil gracias. Le diré, por vía informativa, que el Presidente Benavides ayuda a “Cascabel” con novecientos soles oro semanales, pagaderos entre el viernes y el sábado de cada semana y que la sección investigaciones pone a mis órdenes a cuatro personas, designadas por mí. Ramírez Núñez tiene los nombres. Decirme si todo va a continuar lo mismo o no, será hacerme un servicio. Estoy seguro de que usted me lo hará. Que sea lo más pronto, para saber cómo me organizo o cómo me desorganizo. Y otra vez mi agradecimiento.

Crea usted en la profunda consideración hacia usted, de este su invariable servidor y amigo.

 

RECUERDOS
DE MI P
ADRE

Ana More

De mi padre admiraba mucho su inteligencia y su gran memoria para acordarse de nombres, acontecimientos y fechas. Por ejemplo, sabía de memoria las poesías de Bécquer y de Rubén Darío, así como párrafos completos de la obra de Miguel de Cervantes El Quijote. Recuerdo que cuando mi hermana Inés y yo estábamos en el colegio, mi papá revisaba los libros que utilizábamos y nos hacía ver que las fechas no eran las correctas, que tenían faltas de ortografía y de redacción, y nos decía que cómo podríamos estudiar con esos libros, que para eso mejor él nos enseñaba, pero que como había que tener el título debíamos terminar el colegio. Incluso decía que cualquier persona que no supiera nada podía tener su cartón, que estábamos en la época de los títulos.

Mi papá era amigo de grandes personajes de nuestra cultura. Recuerdo que era muy amigo del gran escritor que vivía en París Ventura García Calderón, a pesar de que escribió un artículo terrible contra él en la revista Colónida titulado “La hora undécima del señor Ventura García Calderón”, pero luego se amistaron. Cuando García Calderón venía de visita a Lima iba a buscar a mi papá para que le invite a comer a nuestra casa frijoles negros, que le gustaban mucho. Manifestaba que nuestra cocinera los preparaba delicioso; ese era un gran motivo para ir a comer con nosotros. Mi hermana y yo sólo lo saludábamos y luego nos retirábamos para que conversaran a gusto con otros amigos que también iban a nuestra casa de visita.


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