Edición N° 71
18 de Octubre, 2004
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Editor: Enrique Cortez
Redactor: Giancarlo Stagnaro
Diseño: César Fernández
Entrevista
GILMAR MAURO, DIRIGENTE DEL MOVIMIENTO SIN TIERRA
Extender las resistencias

Surgido en Brasil en 1984, el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) es el grupo antisistémico más importante de América Latina, pues abarca sectores campesinos, urbanos y partidos políticos, con lo cual alcanza una horizontalidad militante. Con uno de sus dirigentes más visibles, Gilmar Mauro, dialogamos acerca de las perspectivas de la lucha de su movimiento en Brasil y la nueva conciencia latinoamericanista frente a la globalización.

 
 

El MST no es un simple grupo de invasores de tierras respondiendo a la falta de vivienda y otras carencias –como ocurre en el Perú–, sino que detrás de estas tomas de tierras eriazas para convertirlas en productivas cooperativas agrícolas. Ellos albergan un proyecto político de transformación social cuya acción se ha extendido hoy a 23 estados del Brasil, al englobar a más de 1.5 millones de personas.
Continuadores de una larga tradición de luchas que se remonta a los Canudos de fines del siglo XIX, al Movimiento de los Agricultores Sin Tierra de la década de 1960 y a la Comisión Pastoral de la Tierra de 1970, a partir de 1996 el MST dio un “nuevo giro”. Cambió radicalmente de estrategia y pasó de un movimiento social a convertirse en un movimiento político social. Rompiendo con el marco estrictamente “rural” que los había albergado, pusieron en marcha diversos proyectos urbanos, organizando a los residentes de las favelas de ciudades importantes, como Sao Paulo o Río de Janeiro. De ser una organización restringida a los sectores campesinos, pasó a integrar una coalición que engloba a importantes movimientos y partidos urbanos. Entienden que la conquista de la tierra no es suficiente y que hay necesidades e inequidades que se extienden hasta hacerse un problema mundial. Por ello, junto con otros movimientos campesinos, llegaron a participar en protestas contra cultivos transgénicos de empresas multinacionales (iniciadas por el agricultor francés Joseph Bové) y a integrarse, a partir de 2001, a las discusiones del Foro Social Mundial.
No obstante la horizontalidad en la línea de distribución del poder, que no reconoce presidentes ni jefes en el interior de dicho movimiento, los dirigentes más visibles son Joao Pedro Stédile y Joao Paulo Rodrigues, además de Gilmar Mauro. Con este último dialogamos sobre el movimiento en Brasil y de su posición frente a la globalización neoliberal, que eleva al MST, a decir de Noam Chomsky, como uno de los movimientos antisistémicos “más importantes del mundo”.

Las ideas de Bolívar poseen
una vigencia que debemos rescatar. Y no solamente lo bolivariano, sino también a otros pensadores latinoamericanos importantes, como Mariátegui y Martí, por ejemplo.
 

¿Cuáles son los planteamientos políticos más importantes del MST?
–Nosotros tenemos claro que es necesario luchar y no es que no concordemos con la concertación. Entendemos que el capitalismo es un sistema cuyo corazón es la ganancia y, en ese contexto, no tenemos dudas de que el camino es luchar por el socialismo, que hay que construirlo en Brasil, en América Latina y en el mundo. Sabemos que no lo conseguiremos con negociaciones u otro mecanismo de concertación, sino vía luchas de masas. Por ello debemos tener cuadros preparados, porque no hay luchas de calendario. Debemos acumular fuerzas ocupando espacios geográficos y políticos, formando cuadros y militantes preparados para intervenir.
¿Ve usted una contradicción entre reforma y revolución?
–No hay contradicción en luchar por reformas y a la vez por la revolución. La cuestión es que las reformas tienen un límite, el de las clases sociales. Además, hay que hacer que las herramientas de lucha deban ser espacios de acumulación de fuerzas, pues la lucha por reformas también implica un cúmulo de fuerzas. Por eso es importante formar cuadros y estar preparados para poner en esos procesos el corazón y los sentimientos, pues el futuro pertenece a quienes luchan.
¿Y en ese contexto, cómo entienden la utopía?
–Nosotros trabajamos la utopía, no en el sentido que Marx le dio (que no se alcanzará), sino en que es necesario traer para el presente el sueño del futuro. Llamamos a eso mística, pero no en su acepción religiosa, sino mística en el sentido de buscar en los sueños, fuerzas y energías para tus luchas en el presente. Para construir en el presente el sueño del futuro.
Mística para nosotros significa estremecerse, emocionarse, sentir, luchar con la cabeza y el corazón. Es necesario hacer un análisis preciso y ser racional. Pero se debe conjugar esa racionalidad con los sentimientos y el corazón, porque al final de cuentas queremos un hombre y una mujer nuevos. Eso se construye a partir de nuestras luchas y acciones. Pues no hay una división que diga que a partir de mañana viviremos en el paraíso. El socialismo se construye también acá. Hay un problema y es el del poder político, que hay que derribar, pero la construcción de estas ideas y de estos valores socialistas deben ser hechos ahora.
El pasado está muy presente en nosotros. Por ello es necesario construir en el presente el futuro que queremos. Y sólo construiremos ese futuro diferente si los medios y los instrumentos que utilizamos ahora no son injustos. O sea, si queremos un fin justo no podemos construirlo con medios injustos. Creo que los medios deberían proporcionar justicia y esto lo debemos construir desde ahora.
¿Cuál es el nuevo desafío, a partir del “nuevo giro” del MST, es decir, del hecho de pasar de una estrategia local-regional hacia otra nacional, con las connotaciones políticas que ello implica?
–Hay muchos desafíos. Desafíos como el de organizar a los excluidos, pues una parte de ellos quiere volver al campo y se organiza para luchar por la tierra; mientras que otra parte no quiere volver y se organiza para luchar por la vivienda en la ciudad. Pero hay sectores que no quieren ninguna de las dos. Otros movimientos, como los sindicatos, están agotando sus posibilidades de evolucionar en términos de lucha. No se agotaron completamente, pero van por ese camino. También están los maestros, los desocupados y otros sectores. Por ello debemos encontrar la forma de movilizarlos y organizarlos.

Trabajamos la utopía en el sentido de que es necesario traer para el presente el sueño del futuro. Llamamos a eso mística, no en su acepción religiosa, sino de buscar en los sueños fuerzas y energías para tus luchas en el presente.
 

¿Aparte del Movimiento Sin Tierra, que es el más conocido, hay otros movimientos que coinciden en lo programático con lo que ustedes plantean?
–Sí, hay otros movimientos en Brasil. Movimientos de lucha por la tierra y sindicales; por ejemplo, el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra y Libertad, el Movimiento de Pequeños Campesinos, la Confederación Nacional de Pequeños Agricultores (que es más sindical pero tiene una actuación grande en Brasil, trabaja también con Sin Tierra, pero su acción es más con pequeños campesinos y sectores obreros agrícolas), en Sao Paulo está la Federación de los asalariados, o sea, de los obreros agrícolas.
Todos tenemos buenas relaciones. Construimos, a partir de lo que se puede, una unidad, al entender que nadie tiene la patente para actuar exclusivamente ni tenemos esa pretensión. Si hay nuevos movimientos que puedan hacer luchas mayores a las que podamos hacer nosotros, que sean mejores o no, no es lo importante.
En los últimos años ustedes han dejado de ser un movimiento sectorial para ampliar su visión agrarista y rural, con la intención de hacerse un movimiento antisistémico, de evidente oposición al neoliberalismo global y las repercusiones del autoritarismo bélico estadounidense. ¿Cómo se inserta eso en una lectura latinoamericanista?
–Como podemos entenderlo también en los foros sociales. Hay una gran lucha antiimperialista que exige de nosotros unidad, la formación de un frente amplio, para apoyar a todas las fuerzas que resisten al capitalismo. El apoyo a [el presidente de Venezuela] Hugo Chávez es fundamental en ese sentido, pues debemos buscar la unidad y rescatar la idea de un bolivarianismo que nos incluya a todos. Aquí no debe importar lo que tú particularmente pienses, sino lo que convenga más a América Latina.
¿Y cómo sería ese Estado bolivariano que usted sugiere? ¿Un estadio final de la unidad?
–Creo que las ideas de Bolívar poseen una vigencia que debemos rescatar. Y no solamente lo bolivariano, sino también a otros pensadores latinoamericanos importantes, como Mariátegui, por ejemplo. Ahora, en Brasil, estamos conociendo mejor su pensamiento. Lo cual sirve para entender mejor nuestra situación, porque aquí hubo una copia media mecanicista del marxismo, que fue traído a América Latina y sirvió obviamente (no estoy poniendo en la basura eso también, hacer eso sería negar nuestra formación). Pero hay que ultrapasar lo que conocimos de marxismo, hay que ir adelante, pues el marxismo es un método o lo que quiera decirse de él, pero es un método dialéctico; y, por lo tanto, debemos innovar permanentemente, buscar nuevas categorías y condiciones de interpretar esa realidad para transformarla. Entonces, debemos rescatar ese pensamiento bolivariano, además de otros grandes. Podría citar a José Martí, entre otros. Eso es fundamental para construir la nueva sociedad. Eso está muy presente. Es un ideal muy importante para los latinoamericanos la construcción de la Patria Grande.
¿Y los pensadores brasileños como Josué de Castro y Paulo Freire?
–Por supuesto, los rescatamos. Forman parte de nuestra historia. Florestán Fernandes, Josué de Castro, Cayo Prado Júnior, Paulo Freire. Cada quien cumplió una tarea fundamental y ayudaron enormemente a enriquecer el pensamiento revolucionario en Brasil. Como otros tantos ayudaron a enriquecer el pensamiento revolucionario en América Latina.
¿Qué espera el MST para los próximos años?
–Tenemos un sueño grande, al cual alimentamos. Creemos que es posible cambiar la sociedad y construir la sociedad nueva que queremos. Tú siembras ahora lo que en el futuro las futuras generaciones cosecharán. Ese mundo nuevo es posible, por eso creo que debemos tener la capacidad de interpretar el momento actual y los cambios que hubiera. Principalmente, no tengo dudas, sólo vamos a construir lo nuevo luchando. Lo nuevo no surgirá de arriba para abajo, sino de abajo para arriba, con muchas luchas sociales. Esa es la única posibilidad que tenemos de construir la sociedad nueva. También debemos invertir siempre en información para alcanzar lo que yo llamo capacidad de construir alianzas, entendiendo que el otro es diferente y respetando incluso esas diferencias, porque si fuéramos iguales no necesitaríamos de esas alianzas.
La construcción de un frente es un proceso colectivo. No habrá una vanguardia sola. Creo que ésta será compartida entre varias organizaciones y no nos debe importar quién va adelante o atrás. Lo único importante es que seguimos un rumbo que nos llevará hacia la construcción de una sociedad nueva.

Rafael Ojeda
Periodista. Estudió Comunicación Social en la UNMSM.

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