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El reciente deceso del editor Carlos Milla Batres revela una vez más el estado de la cuestión en referencia
a la industria editorial peruana.
Como editor, desarrolló una prolífica labor divulgadora que ha hecho posible un mayor acercamiento de los peruanos hacia la vasta heterogeneidad cultural de nuestro país.
El 24 de noviembre último, a las 11.00 horas, víctima de un derrame cerebral masivo, falleció Carlos Milla Batres, notable peruanista salvadoreño y editor quijotesco por más de 40 años en nuestro país, como lo fueron otros queridos editores: Juan Mejía Baca y Francisco Moncloa. Irreparable pérdida para la cultura nacional que lamentablemente se suma a otras ocurridas en 2004: Javier Sologuren, Javier Pulgar Vidal, Jorge Cornejo Polar y hace poco José Alvarado Sánchez (más conocido por Vicente Azar).
Carlos Milla nació el 18 de febrero de 1935 en Bahía, El Salvador. Llegó al Perú muy joven, en 1956, para seguir estudios de Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y después Derecho, en la misma universidad.
Desde ese año se afincó en Lima y se quedó hasta su muerte. En las aulas sanmarquinas despertaron su amor por el Perú y su inquietud por la difusión de la historia y la cultura de nuestro país a través de publicaciones, las que se acrecentaron a lo largo de su vida. Profundizó con pasión y sin pausa sus estudios e investigaciones sobre el pasado y presente del Perú, convirtiéndose en un auténtico peruano, tal vez más comprometido medularmente con el progreso de la patria que muchos de nuestros compatriotas de nacimiento.
En 1964, inicia su gran aventura de editor. Publica primero Cartas inéditas de Ricardo Palma. Luego funda y edita con el poeta Wáshington Delgado, su leal amigo, Visión del Perú, revista cultural cuyo primer número tuvo inmediatamente gran acogida. Después de retornar de España, adonde había viajado becado para estudiar en los archivos de ese país, continuó con la edición de los siguientes números de la revista entre 1967 y 1970. Llegó hasta el sexto y mantuvo la misma orientación, esto es, la revaloración crítica de la auténtica cultura peruana del presente y pasado, por encima de las contradicciones entre hispanistas e indigenistas.
El cuarto número es el más sobresaliente, porque está dedicado exclusivamente al homenaje internacional a César Vallejo, preparado en Lima por primera vez, con motivo de la conmemoración de los treinta años de la muerte del poeta universal de Santiago de Chuco. Además, porque colaboraron en esta edición excepcional prestigiosos estudiosos de la literatura peruana, del extranjero y del país. Entre ellos figuran Marcelo Cohen, Roberto Paoli, Jean Cassou, Corpus Barga, Alberto Escobar, Giovanni Meo Zilio, Luis Monguió, Ana María Punciarelli, André Coyné, Elsa Villanueva, Vicente Gaos, James Higgins, José Ignacio López Soria, Juan Carlos Ghiano, José Ángel Valente y Roberto Fernández Retamar. Número que rápidamente se agotó y hoy es difícil hallar en muchas bibliotecas públicas del país, como en la Biblioteca Nacional de Lima.
Tenaz labor
editorial
En esos mismos primeros años de labor editorial, venciendo un ambiente desfavorable, lleno de una serie de obstáculos casi institucionalizados secularmente en nuestro medio para empresas de esta clase, especialmente para la actividad cultural, consigue la preparación y publicación en 1966 de la monumental obra Historia General del Perú, en 12 volúmenes, del padre Rubén Vargas Ugarte. Después la reeditaría en 1984 con una profusa ilustración documental. En 1979, nos entregaría la Narración histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia, en tres tomos, de Mariano Paz Soldán; en 1986 saca a la luz la primera edición de su ambicioso Diccionario histórico y biográfico del Perú, en 9 tomos; y en 1994, la segunda edición en 12 volúmenes con el título Enciclopedia biográfica e histórica del Perú. Siglos XIX-XX.
Es igualmente notable la edición del Compendio histórico del Perú, en 1993, y la segunda edición en 7 volúmenes en 1998. Publica muchísimas obras más que en total –hasta su gran proyecto en 90 volúmenes de la Enciclopedia Temática del Perú (cuyos primeros cinco tomos alcanzó a publicar en 2002)– suman más de 300 títulos. Entre esta gran producción editorial figuran también muchas obras literarias de escritores de varias generaciones pasadas hasta la del Centenario, así como de las últimas, a las que pertenecen Wáshington Delgado, Julio Ramón Ribeyro, Miguel Gutiérrez, Arturo Corcuera, Antonio Cisneros, Marco Martos, Gregorio Martínez y muchísimos más, que es imposible ofrecer una relación completa en estas breves páginas.
Lo que también debemos destacar y no olvidar los peruanos agradecidos son los numerosos impresos, manuscritos, gráficos, pintura, grabados, mapas, planos y fotografías de la época colonial y republicana que logró recuperar en sus investigaciones en diversas bibliotecas y archivos del Perú y del extranjero, labor casi análoga a la realizada por el gran historiador Raúl Porras Barrenechea en su tiempo.
Asimismo, debemos tener presente que Carlos Milla, con su reconocida generosidad y espíritu democrático, no se limitó a convocar solamente a intelectuales con prestigio bien ganado para la preparación de los libros, sino también a jóvenes especialistas en diversos campos de las últimas generaciones; igualmente no debemos ignorar que él en sus diccionarios, que desde luego no son perfectos, incluyó no solamente a héroes, los teólogos y políticos que forjaron la Patria, sino también a los científicos, intelectuales, humanistas, artistas, hombres de la hueste y del campo, así como a peruanistas que contribuyeron grandemente al estudio, conocimiento y forja del Perú en todos los campos.
Tampoco marginó como algunos “genios malignos” a esos “beneméritos artesanos, maestros, obreros, músicos populares de la sierra, la costa y la selva”. En sus obras, principalmente en los diccionarios, junto a las figuras consagradas, supo colocar los nombres de los hombres sencillos del Perú profundo, aquellos que sin pertenecer a las torres de marfil trabajan a diario silenciosamente por el bienestar y progreso del país en diversas actividades, más allá de los fáciles acomodos y halagos.
Además, Carlos Milla, como escritor, nos ha legado las siguientes obras poéticas: Sueño de mar (1994), Génesis del llanto (1996), La vida herida (2000), En busca del amor perdido (2001); y en género narrativo Soñando junto al río (1998) y Tres relatos de amor (2004, en prensa), que esperan la justa valoración de la crítica. Los valiosos aportes de Carlos Milla a la cultura nacional, particularmente en el campo editorial y la difusión, marcan un gran hito, pues venciendo muchos obstáculos de cuño tradicional y la aparición masiva de nuevos competidores del libro, como son los soportes informáticos, contribuyó para un mayor conocimiento del Perú en el mundo. Al mismo tiempo estimuló, en todo el país, la generación de un mayor número de lectores y de investigadores que en realidad son los verdaderos agentes del desarrollo del hombre y el progreso del país.
Aparte de todos los méritos reseñados, Carlos Milla, para quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y tratarlo en múltiples circunstancias, siempre fue una persona sencilla, comunicativa, generosa, franca y polémica. Jamás se callaba frente a la injusticia, la soberbia y los abusos de los dictadores y de inauténticos humanistas; y siempre salía en defensa de las manifestaciones artístico-culturales del Perú profundo.
Gracias, Carlos Milla, por todo lo que hiciste por el Perú, y en nuestra lengua quechua diremos a nuestro pueblo: Llactamasiycuna ñoccanchiscca yachasunmi kay weraccocha Carlos Milla sutiyoc ancha librucunatam ruhuakunacc, llacctanchispa, paycca anchatam cuyaccura llacctanchista, huarmakunata, macctakunata, jarikunata; chaymi manam ñoccanchicca kay mistitam yuyansun manam chay uk misticunataina. (Compatriotas: nosotros debemos saber que el señor Carlos Milla hizo muchísimos libros para nuestros pueblos, él amó mucho a nuestro pueblo, a los niños, a los jóvenes, a las mujeres y a los hombres; por eso nosotros no debemos olvidarnos de él como otros señores.)
Jorge Prado Chirinos
Docente
de la
Universidad Nacional
Mayor de
San Marcos. |