Edición N° 76
11 de Enero, 2005
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Perfiles
Susan Sontag, escritora y ciudadana

La noticia del deceso de Susan Sontag llegó a todas las redacciones a través de las principales agencias. La muerte nos había arrebatado a una de las voces más lúcidas de nuestra época. Una manera de reconocer el valor de su vida, que fue una enérgica lucha contra la enfermedad del mundo, pero también de la que experimentó en su propio cuerpo, es volviendo a sus escritos, llenos de vigencia y lucidez.

 
 

Pude conocer la obra ensayística de Susan Sontag en 1998 cuando realizaba mis primeras lecturas sobre un tema que en la carrera que estudiaba, Literatura, se planteaba de vital importancia: la interpretación. El libro al que accedí no era un tratado sobre modelos o sistemas de interpretación, sino desde el titulo proyectaba todo lo contrario: Contra la interpretación. Publicado en 1966, reunía ensayos que desvirtuaban la finalidad tan importante otorgada a las operaciones que explicarían la significación última de los textos. Y es que para Sontag, las rutinas a las que se sometían los textos, inspiradas en modelos marxistas o freudianos, no hacían más que destruir el efecto de la lectura.
Hace unas semanas, esta inteligente lectora y escritora de 71 años falleció víctima del cáncer. Su libro La enfermedad y sus metáforas (1975) es un controversial ensayo en que ella brinda testimonio de su propio mal y, al mismo tiempo, analiza desde una perspectiva ideológica las implicancias y significaciones de las enfermedades más temidas por la cultura occidental. La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más cara, pues hay metáforas que matan, había señalado. Su propósito en este libro era extraer de la noción de enfermedad las metáforas venenosas para el sentir propio, desde la convivencia diaria con ese otro –la enfermedad– que deja de serlo para convertirse en parte de uno mismo: no órgano particular, no trozo aparte del cuerpo propio, sino un conjunto indivisible.
La violencia fue otro tema que suscitó la notoriedad de esta escritora, quien desde la guerra de Vietnam se pronunció en contra de la política expansionista de Estados Unidos. Su postura llegó a la radicalidad cuando declaró que los atentados del 11 de setiembre de 2001 eran “la consecuencia de acciones y alianzas específicas de Estados Unidos”. Ser militante de la lucha a favor de los derechos humanos la instaló en Sarajevo, en pleno estado de sitio, y la convirtió en abanderada pública de grandes causas: los derechos civiles de los afroamericanos, la igualdad para las mujeres y contra las guerras de Vietnam, Bosnia y, recientemente, Irak.
Su carrera literaria alcanzó un alto desarrollo con la publicación de El amante del volcán, libro que le otorgaría la satisfacción personal que ella esperaba, ya que la escritura de esa novela significaría casi a los 60 años una gran liberación creativa. En 1999, fue distinguida en Francia con la Orden de las Artes y las Letras; en 2000, con el National Book Prize; y en 2001 con el Premio Jerusalén de Literatura, a pesar de su oposición a las políticas de Israel hacia Palestina. Finalmente, fue galardonada en 2003, junto con la escritora marroquí Fátima Mernissi, con el premio Príncipe de Asturias de las Letras en España.
La vida de Susan Sontag fue la de una escritora que abarcó la investigación de muchos temas, pero que mantenía una motivación fundamental: conservar la voluntad de entender las dificultades de la vida de las colectividades populares y de las minorías heterogéneas del mundo. No sólo se pronunció en contra de los totalitarismos políticos y estéticos, sino por sobre todo reincidió en luchar contra el desigual acceso a la esfera pública a los ciudadanos marginados.
Su voz a favor de los que no tienen voz aparentemente ha cesado. Sin embargo, la energía de Sontag pervive en sus escritos y en la memoria de todos aquellos que en algún momento la leímos. Se trata de una voz potente que nos motiva a trabajar por un mundo menos conflictivo y más igualitario.

Angélica Serna

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