Edición N° 82
04 de Abril, 2005
 
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ensayo

La última novela de Gabriel García Marquez fue, como todo lo publicado recientemente por el colombiano, un acontecimiento editorial. A pesar de los numerosos artículos elogiosos que este libro mereció en los medios masivos, la crítica especializada ha evitado referirse al tema. El presente ensayo, desde una sana distancia, aborda el trabajo de García Marquez a la luz de la novela La casa de las bellas durmientes del nobel japonés Yasunari Kawabata.
Las putas nobeles y vírgenes de Gabriel García Márquez
y Yasunari Kawabata

Creo que hay que considerar que García Marquez es el más afamado y prestigiado novelista vivo y ni esta novela ni cualquiera que escriba en el futuro cambiará la posición que tiene en el canon de la literatura mundial.

 
 

La mañana del miércoles 10 de setiembre de 1997, Gabriel García Márquez (desde ahora GGM) estaba sentado en una mesa cubierta por una manta de color verde frente a sesenta estudiantes universitarios y de posgrado en una de las salas de la Universidad Georgetown, en la capital de Estados Unidos. Sólo tenía ante él una jarra cristalina llena de agua, un vaso, y sus papeles, con el manuscrito de la novela que estaba escribiendo. Andaba en plan de celebración y, en una rara visita a Estados Unidos, había aceptado leer partes de su “nueva novela”, con la condición de que sea sólo para estudiantes, sin la presencia de la prensa, y con la presencia, sin participación, de una profesora de esa universidad. No fue presentado y sin introducción previa explicó que iba a leer partes de una novela de amor de ancianos de la cual tenía escritas tres partes. Mientras leía, pude darme cuenta de que esta novela era diferente a El amor en los tiempos del cólera (1985), pues la representación del amor carnal en estos fragmentos era una constante. Después de leer por más de una hora aceptó preguntas y comentarios sobre su lectura y sobre una diversidad de temas que los estudiantes quisieron hacerle. Todos almorzamos algo ligero con él, lo asediamos con más preguntas y fotos, a las que accedió gentilmente, y luego desapareció en aquella fresca tarde de otoño boreal. En un reportaje del viernes 12, en el Washington Post, se dice que el nobel colombiano pasó cuatro horas con los estudiantes. Y que después continúo celebrando con Antonio Skármeta, Tomás Eloy Martínez y César Gaviria, entre otros. En esa visita, se encontró también con uno de sus más grandes admiradores, el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton. El texto que leyó aquella vez era parte de la novela que siete años después ha publicado con el título Memoria de mis putas tristes1.


Después del alboroto y la avalancha de noticias que trae la publicación de cada libro de GGM, he esperado de manera paciente la crítica sobre su última novela. Sin embargo, aparte de la crítica circunstancial, no he leído nada detallado acerca de esta obra del autor de Cien años de soledad. Me he preguntado, entonces ¿por qué la crítica especializada no comenta profundamente el libro del nobel colombiano como lo han hecho con otras de sus obras? ¿Acaso los críticos temen equivocarse sobre la calidad de Memoria de mis putas tristes?


Creo que hay que considerar que GGM es el más afamado y prestigiado novelista vivo y ni esta novela ni cualquiera que escriba en el futuro cambiará la posición que tiene asegurada en el canon de la literatura mundial. De manera que una crítica justa a su última novela es obligatoria.
En la única entrevista concedida por GGM, en su visita a Estados Unidos en 1997, le dice al reportero del Washington Post David Streitfeld que el libro que había leído a los estudiantes estaba inspirado en la novela La casa de las bellas durmientes del nobel japonés Yasunari Kawabata (1899-1972)2. GGM dijo en esa oportunidad: “éste es el único libro que me ha hecho sentir envidia. Lo leí y me dije ¿cómo no se me había ocurrido esto?”3. Después de explicarle a Streitfeld la historia y la trama de la novela del nobel japonés, termina diciendo: “es un hermoso libro”. Según GGM, en ese momento tenía muy avanzada la novela que había leído, y hoy no se sabe por qué ha tardado tanto en terminarla o en publicarla, siendo una novela tan corta.


Lo cierto es que –si se observa de manera superficial– GGM sigue bastante cerca la historia y la trama de la novela de Kawabata en la mayoría de los temas, e inclusive en la estructura de los cinco capítulos de la novela del nobel japonés. En un escritor menor, se podría cuestionar el hecho de que haya elegido usar la novela de Kawabata como punto de partida para la suya, en GGM, por supuesto, es un homenaje de un nobel a otro nobel. Sin embargo, el silencio de la crítica indica que ésta no es una de las mejores novelas del escritor colombiano. ¿Acaso esta apreciación tenga algo que ver con que se le está comparando con su producción novelística anterior o porque se le compara con la novela del nobel japonés? En ambos casos, lleva las de perder, pues, sin duda, ésta es una novela menor en la producción novelística del colombiano y, por el contrario, La casa de las bellas durmientes, como el propio GGM reconoce, no sólo es una de las mejores novelas de Kawabata, sino también una obra maestra de la literatura japonesa y universal.


La escritura de Kawabata

Memurero Bijo, que ha sido traducida al castellano, siguiendo la traducción al inglés como La casa de las bellas durmientes, fue publicada en japonés en 19614. Una mejor traducción del título sería La(s) bella(s) durmiente(s) o, mejor, dormida(s). En realidad, la novela no se ocupa de “la casa” en sí misma, aunque el decorado de la habitación, como veremos posteriormente, tenga mucha importancia. Kawabata indaga en la relación entre la belleza, la soledad y la tristeza. La palabra bella está escrita con dos ideogramas para representar lo bello “bi” y “jo” mujer. Ya que la lengua japonesa no distingue número, puede significar varias mujeres, una mujer o sólo el sustantivo mujer. Por otro lado, el adjetivo “durmientes” hace pensar en las “bellas durmientes” de los cuentos de hadas que están dormidas por un hechizo o por un bebedizo mágico; en la novela de Kawabata no hay tal cosa, el sueño de las jóvenes no es producido por nada mágico, simplemente están drogadas.


La historia es bastante simple. En Kioto, hay una casa en donde ancianos muy ricos van a pasar la noche con mujeres jóvenes; ellas están totalmente desnudas pero profundamente dormidas. La regla principal de la casa es que los ancianos pueden mirarlas y tocarlas, pero sin llegar a hacer nada grosero ni, mucho menos, a tener relaciones sexuales, que, por lo demás, la mayoría de ellos ya no está en capacidad de llevar a cabo. Por consiguiente, las jóvenes son vírgenes.
Eguchi, el personaje principal, es un caso particular. Es mucho menor que la mayoría de los clientes de la casa, pues sólo tiene sesenta y siete años, y según él, todavía mantiene su potencia sexual. Sin embargo, tiene que atenerse a todas las reglas establecidas de antemano. La maestría de Kawabata está en mantener la atención del lector en un relato narrado en tercera persona en el que el diálogo es mínimo, pues, Eguchi, sólo dialoga con la mujer encargada de la casa y de las muchachas cuando llega cada una de las noches de las cinco visitas que hace y cada mañana al despedirse. Por supuesto, no puede haber diálogo con las jóvenes dormidas. Sin embargo, Kawabata utiliza el recurso de la memoria del anciano Eguchi a la que llega por medio del uso de los colores, imágenes, sonidos y olores o fragancias que despiden los cuerpos juveniles de las bellas dormidas y que transportan al anciano hacia su pasado familiar y, sobre todo, a encuentros con otras mujeres en su vida. Este recurso permite ingresar en la subjetividad del personaje Eguchi. La riqueza de esta novela está en el uso de todos estos recursos y, sobre todo, en la riqueza simbólica de la tradición literaria clásica japonesa usada por el escritor japonés. La novela tiene cinco capítulos que corresponden a cada visita que realiza el protagonista a la casa, y cada vez se encuentra con una nueva joven, excepto en su última visita, que se le proporcionan dos, una de las cuales muere.


La versión de García Marquez

La novela de GGM sigue, en líneas generales, a la novela del nobel japonés. Como ya lo hemos mencionado, el nobel colombiano reconoce la relación de su novela con la de Kawabata, pues ésta se inicia con un epígrafe del primer párrafo de la novela del japonés: “No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la mujer dormida ni intentar nada parecido”.


La historia
En una pequeña ciudad de Colombia, detrás de una tienda casi vacía que sirve de fachada, Rosa Cabarcas, una “mamasanta” casi nonagenaria regenta una pequeña y supuestamente clandestina casa de citas con seis cuartos. El personaje principal, un anciano periodista de noventa años, en el día de su cumpleaños, decide “regalar[se] una noche de amor loco con una adolescente virgen” (pág. 9). Cuando llega a la posada, se encuentra con que la joven que Rosa Cabarcas le ha conseguido. Es una adolescente virgen de catorce años, que ha sido drogada y duerme totalmente desnuda en la habitación. El anciano, después de su sorpresa inicial y después de sentir el placer de gozar a esta mujer dormida, decide no desvirgarla, como había sido su intención original, y tampoco quiere volver a verla más. Sin embargo, la visión de la joven dormida y desnuda lo persigue y, loco de amor, volverá continuamente, con ciertos intervalos obligados, por un año completo, que es el período que narra la novela. Casi al final hay una muerte violenta de un joven banquero rico de la ciudad y esto hace que Rosa Cabarcas se dé unas vacaciones obligadas y el anciano periodista sufrirá la pena de no poder ver a su joven amada por un tiempo. Esto desencadenará los hechos al final de la novela, que termina en su siguiente cumpleaños, con la decisión de vivir con la joven hasta su muerte.


Las diferencias
Si bien es cierto que ambas novelas tienen historias parecidas, hay una serie de elementos que las hacen diferentes. Como ya lo mencionamos, en la novela del nobel japonés se da una importancia muy grande a los símbolos y a la filosofía y religión del budismo Zen propios de la cultura japonesa tradicional. Es sabido, y fue reconocido por el propio escritor, que él era considerado uno de los escritores más tradicionales del Japón, en la medida en que tenía una predilección especial por estos temas. Así lo dice él mismo en Japan, the Beautiful and Myself (1968), su discurso de aceptación del Premio Nobel en 19685, en el que empieza citando poemas en japonés de Dôgen (1200-1253) y Myôe (1173-1232), entre otros, y termina diciendo: “mis propias obras han sido descritas como obras sobre la nada, pero esto no debe tomarse como el nihilismo occidental. La fundación espiritual parece ser bastante diferente” (pág. 41). Sin tener en cuenta la filosofía de Kawabata, la novela sería simplemente una novela de un raro amor erótico, pero el raro erotismo en Kawabata es un erotismo espiritual y no es gratuito, sino que está emparentado con temas muy caros a él como la belleza, el amor, la vejez y la muerte enfocados desde una perspectiva del budismo Zen y de la filosofía clásica oriental. De allí que la casa sea una casa sólo para ancianos. Estos ancianos no sólo van en búsqueda del placer sexual con las jóvenes dormidas, sino a buscar principalmente un estado de iluminación espiritual del budismo Zen que los prepare para la muerte próxima. Todo en la novela está enfocado con este propósito. La historia empieza a fines de la primavera, y la casa está situada al lado del mar, en donde se escucha el sonido de las olas y el paso del tiempo de la primavera al invierno, que en la cultura japonesa significa la muerte. En la casa cuelga una reproducción de un cuadro del pintor Kawai Gyokudô, que representa la primavera, pero al llegar el invierno el cuadro será cambiado por uno del mismo pintor, pero representando el invierno. Hay una alusión constante a una ceremonia del té, pues cada noche que Eguchi llega antes de ver a la joven cumple con esta ceremonia de beber el té que sirve para purificar al anciano antes de entrar al cuarto en donde duerme la joven virgen. El cuarto en donde se encuentra la joven está totalmente cubierto con cortinas de terciopelo carmesí, que contrasta con la blancura de la piel de las jóvenes. Y el olor (imaginario) a leche de los senos de la primera joven dormida lo hace pensar en la primera mujer en su vida, y Eguchi se encuentra pensando en su madre y en el vientre materno. Las jóvenes desnudas cumplen el papel de buda que hace que Eguchi entre en ese estado de la vaciedad y de la nada oriental de la que habla Kawabata en su discurso, y que, como él dice, no se puede comparar con la nada occidental, sino que es un estado en el que el ser puede vagar mentalmente sin barreras. De allí que Eguchi, cada vez que visita a las jóvenes, entre en este estado y pueda, valiéndose de la memoria, recordar el pasado y, por asociación de ideas, pasar de un tema a otro sin barreras en ese recordar constante. En la novela de Kawabata hay también una muerte de un anciano presidente de una compañía de un ataque al corazón, pero ésta, considerando la edad de los ancianos, se podría imaginar como una muerte natural, y en última instancia como la realización de la meta para la que se han estado preparando. Pues, por el contrario que en la novela de GGM, en la novela de Kawabata la casa es sólo para ancianos, y cuando Eguchi sabe de esta muerte sabe que ésta está pronta. En la novela de GGM la muerte del joven banquero no tiene un valor simbólico, es sólo un recurso que conduce a la separación de los amantes.


En Memoria de mis putas tristes la historia entre el anciano y la joven dormida es sólo una historia de amor senil del anciano periodista hacia la joven dormida. Más allá de esta historia, a pesar de estar narrada como una memoria, en primera persona, y el narrador-personaje está loco de amor, el lector no siente la intensidad de la subjetividad del personaje que sufre de amor. El estilo de GGM está presente, pero no tiene la fuerza que tiene en El amor en los tiempos del cólera, por ejemplo. Por otro lado, contrario a lo que GGM nos tiene acostumbrados en la precisión, en el manejo del estilo, la historia y la atmósfera o el ambiente, esta novela, a pesar de su cortedad, tiene varios problemas. El problema mayor es que todo conduce a pensar que la historia narrada supuestamente ocurre a mediados del siglo XX, en una pequeña ciudad de Colombia.


Sin embargo, al inicio de la novela se dice que el personaje ha nacido a fines del siglo XIX, y que tiene noventa años, de manera que si sacamos la cuenta, la historia tendría que ocurrir a fines del siglo veinte, pero no es así y esto produce una sensación de descreimiento en el lector. En las primeras líneas, sorprende que Rosa Cabarcas después de veinte años de no ver al anciano periodista reconozca su voz con sólo dos monosílabos: “Hoy sí” (pág. 9). Unas líneas antes, la lógica le falla a GGM, cuando el anciano dice: “Pero al primer timbrazo reconocí la voz [de Rosa Cabarcas] en el teléfono”. Esto de hablar por teléfono al primer timbrazo y no cuando se levanta el auricular quizá sea un regionalismo y se puede dejar pasar. Pero más adelante, cuando el anciano periodista le dice a Rosa Cabarcas que “a veces le arde el culo” (pág. 26), ella, entregándole una pomada, le aconseja: “Le dices a la niña que te la unte con su dedito así, moviendo el índice con una elocuencia procaz” (pág. 27). Sin embargo, después nos daremos cuenta que Rosa Cabarcas sabe de antemano que “la niña” está dormida y que no podría untarle la pomada. Además, nunca se sabe con claridad por qué la joven está dormida. Más grave es todavía parte de la descripción de la joven desnuda: “Lo mejor de su cuerpo eran los pies grandes de pasos sigilosos con dedos largos y sensibles como de otras manos” (29). La adjetivación, que en otras oportunidades le ha dado tan buenos resultados a GGM, aquí sale sobrando. El anciano acaba de ver a la joven dormida y ya sabe que sus pasos son sigilosos, y peor aun, que los pies tenían “dedos largos y sensibles como de otras manos”, ¿habrá querido decir de otros pies? Para concluir con estos ejemplos, al final de este primer capítulo, el anciano se despide de la “niña” a las cinco de la mañana: “Bajo el sol abrazante de la calle”. Por muy Caribe que sea esto, es inverosímil, mucho más en una novela en la que GGM ha dejado de lado el realismo mágico.
Si leemos la novela sin preocuparnos o darnos cuenta de estos detalles, ésta se lee bastante bien, pero claro no es una de las mejores novelas del escritor colombiano. Y cabría preguntarse si, además de la segunda parte de sus memorias que está escribiendo, todavía podemos esperar una buena novela de GGM.


Christian Fernández
Profesor de literatura latinoamericana y literatura comparada en Louisiana State University.

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