Edición N° 82
04 de Abril, 2005
 
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Editor: Enrique Cortez
Redactor: Giancarlo Stagnaro
Diseño: César Fernández
entrevista
César Vallejo Infantas, sobrino del vate de Santiago de Chuco, habla sobre su inquebrantable lucha por mantener vigente el pensamiento de su ilustre familiar.
El legado del poeta

 

 
 

Soy hijo de Néstor de Paula Vallejo Mendoza, el hermano entrañable de Vallejo. Ellos estudiaron juntos en Huamachuco, en el colegio San Nicolás y luego en la Universidad de Trujillo. Mi padre se graduó de abogado y ejerció la carrera durante cuarenta y cinco años. Murió siendo vocal en La libertad. Cuando viajó el poeta a Europa, en 1923, él le dio todos sus ahorros. A pesar de que otros parientes dicen haber estado en la despedida de Vallejo, eso es falso. Sólo estaban mi padre y Crisólogo Quesada.


¿Llegó usted a vivir en la casa paterna de Santiago de Chuco?
–Quedé huérfano de madre a los dos años. Ella se inscribió en el Partido Aprista en 1930 y cuando fue sofocada la revolución de Trujillo, las huestes de Sánchez Cerro ametrallaron Huamachuco. Eso le causó un infarto mortal a mi madre. Por eso mi padre me llevó con mi tío Víctor a Santiago de Chuco. He vivido en la misma casa del poeta. Incluso, he pernoctado en su habitación. Desde los tres hasta los doce años, los pasé con mis tíos. Mi padre tenía que trabajar y lo cambiaban de provincia en provincia, por eso mi tío Víctor, el mayor de los hermanos, me crió.


¿Pudo conocer a Vallejo?
–No lo conocí. Yo nací en 1928 y él viajó en 1923, pero él sabía que yo existía. Mi padre, en las cartas, le decía: “He tenido un hijo y le he puesto César en recuerdo tuyo”. Mi tío incluso evaluaba la posibilidad de que yo viajara a París. Como él no tenía hijos, le decía a mi padre: “Quiero que me mandes a ese chico que se llama César como yo”.
Actualmente, ¿dónde reside el resto de la familia?
–En Santiago de Chuco ya no queda nadie de la familia Vallejo. En Trujillo, sí. Allí hay sobrinos, hijos de mi tío Manuel.


¿En qué medida se siente tributario de la obra del poeta?
–Es un privilegio ser pariente de Vallejo. Siento mayor responsabilidad conforme pasan los años. Es como si Vallejo me llamara desde la tumba y me dijera: “Insiste, insiste”. Me he dedicado a difundir su obra. El mensaje de Vallejo no sólo llega a mi retina, lo llevo en el alma, en mis neuronas, en las fibras más íntimas. Me he arrogado la responsabilidad de mantener incólume esa dignidad del poeta, que la conservaré hasta el último instante.


¿Cómo valora la poesía de Vallejo?
–Pienso que ha renovado la literatura universal, es un hombre fuera de serie que brilla con luz propia, que se ha proyectado a la eternidad y que cuanto más pasa el tiempo, más se confirma su lenguaje revolucionario, de justicia social, de libertad.


¿Qué libro prefiere?
–Prefiero Trilce. Aunque Los heraldos negros tiene la virtud de recoger ese caudal invalorable que significa estar con los pobres. Esa experiencia que adquirió él trabajando primero en Quiruvilca, temporalmente en las minas de Tambora, donde muestra la explotación de los mineros, tal como podemos leer en El Tungsteno. Pero su obra cumbre es Trilce.


¿Cómo recuerda a su viuda Georgette?
–La admiro mucho por su lealtad con el poeta. Aunque haya detractores que señalen que le hacía la vida imposible, yo la respeto mucho. Ella viajó hasta Santiago de Chuco y cuando llegó al dintel de la casa dijo: “En la casa de Vallejo, sin Vallejo”. Se hizo un silencio estremecedor. Lástima que al último no aceptara las visitas. Fumaba y bebía mucho café y eso la fue alterando. Se puso muy nerviosa. Ésa fue la oportunidad que aprovecharon los padres de San Juan para quedarse con todos los manuscritos. Y la familia no puede reclamar porque está testado. Los han convertido en un negocio. Ella no sólo estaba dolida con el Perú, sino también con los parientes varones de la familia.


¿Quién fue la “andina y dulce Rita de junco y capulí”?
–Hay muchas versiones sobre quién inspiró el poema “Idilio muerto”. Pero tengo pruebas y testimonios, principalmente el de mi tía Natividad, de que fue la señora madre del guerrillero Luis de la Puente Uceda, llamada Rita.
Los sucesivos gobiernos del Perú no han sido muy generosos con Vallejo...
–El mensaje revolucionario de Vallejo ha calado mucho en los pueblos de América, pero aquí en cuanto a los gobiernos del Perú, no. Aquí vamos de dictadura en dictadura y cuando hay democracia es muy incipiente. El poder no está apto para asimilar el mensaje de Vallejo. Vallejo reclamaba un cambio completo, no sólo coyuntural, sino estructural.


¿Le gustaría que los restos de Vallejo descansaran en su tierra natal?
–Francamente, no comparto esa idea. La familia tampoco está de acuerdo. No lo deseamos. ¿Para qué?, ¿para que esté arrumado como Mariátegui?, ¿para que pase como con Arguedas?... El gobierno de Alan García se quiso aprovechar de eso, pero lo rechazamos. En cambio, el vallejiano Gastón Garroud quiere llevarse los restos de Georgette para que descansen junto a los de Vallejo, en París.

 

Escritora cubana, radicada en el Perú. Usted es sobrino carnal de César Abraham Vallejo Mendoza...

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