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En 1978, se publicó La vida a plazos de don Jacobo Lerner. Desde aquel año, esta novela de Isaac Goldemberg (Chepén, 1945) ha sido traducida a varias lenguas. Fue recientemente seleccionada para iniciar una colección de literatura judía. Por si fuera poco, esta nueva edición cuenta con el padrinazgo de Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce Echenique.
¿Cómo surgió la posibilidad de publicar una reedición de La vida a plazos de don Jacobo Lerner en España y con comentarios de Vargas Llosa y Bryce Echenique?
–Surgió de manera imprevista y fortuita, como curiosamente ha ocurrido hasta el momento con todas las ediciones que se han publicado de La vida a plazos..., no sólo en español, sino también en sus traducciones a otros idiomas. En el caso de la edición española, resulta que al editor se le ocurrió la extravagante y maravillosa idea de crear una colección especial, con el nombre de Biblioteca de Literatura Judía, en la cual piensa incluir las 100 obras judías seleccionadas por el National Yiddish Book Center de Estados Unidos. Como La vida a plazos... está incluida en esa lista de los 100, Sefarad Editores decidió empezar dicha colección con mi libro. Ahora bien, sabedor del prestigio de que gozan Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce Echenique en España, el editor les pidió que dijeran un par de palabras acerca de la novela y ellos respondieron con la generosidad que los caracteriza.
¿Presentará esta reedición de La vida a plazos… en otros países? ¿Tiene otros proyectos editoriales?
–Se tiene planeado presentarla en varias ciudades de Estados Unidos, como Nueva York, Miami y Los Ángeles, así como en algunos países de América Latina, como el Perú, Chile, México, Venezuela y Argentina. En cuanto a proyectos editoriales, está por salir la traducción al francés de mi novela El nombre del padre. A mediados de abril, el Fondo Editorial del Congreso del Perú publicará también La vida son los ríos, un collage personal que incluye textos de mi obra ya publicada y algunos nuevos.
La mayoría de los escritores latinoamericanos contemporáneos con mayor proyección vive, como usted, fuera de su país de origen. ¿Los escritores latinoamericanos necesitan emigrar para lograr repercusión?
–Con los adelantos que existen actualmente en el mundo de las comunicaciones, no creo que vivir en el extranjero siga siendo un factor determinante para que la obra de un escritor tenga repercusión. Es más, a menos que un escritor goce de fama verdaderamente internacional, vivir en el extranjero puede llegar a ser algo negativo, ya que a veces sus coterráneos tienden a olvidarse de su existencia a la hora de preparar antologías, organizar congresos, ferias del libro, etcétera.
Es poco frecuente en la literatura peruana de las últimas décadas tener como escenario otra ciudad que no sea Lima. ¿Usted, que es una de las excepciones cuando habla del norte del país, qué cree que se deba este centralismo literario?
–En cuanto a que Lima aparece como escenario preponderante de la narrativa peruana de las últimas décadas, no sé si esto es del todo cierto porque existe una literatura muy vasta que tiene como escenario otras ciudades del Perú, de norte a sur. Pienso que el centralismo literario se da no porque se hable sólo de Lima, sino porque hay una tendencia a no ocuparse de las obras que se producen en otras partes del país. Sin embargo, con las migraciones producidas en las últimas décadas, este fenómeno está también cambiando, ya que los escritores provincianos radicados en Lima están en constante comunicación con los que escriben desde las provincias. Así, las obras de éstos se dan a conocer en Lima por medio de revistas y encuentros, y las de aquéllos superan los límites de la capital.
Un tema que no es muy literario que trató Bryce Echenique es el del racismo en el Perú. Según él, el racismo se está acrecentando en el país. ¿Usted comparte esta opinión?
–Aunque todavía haya gente que piense y diga lo contrario, el Perú siempre ha sido un país racista y esto se puede ver, sobre todo, en Lima. Me refiero al racismo consuetudinario, el del blanco hacia la llamada gente “de color”: indios, negros, japoneses, chinos y todas las mezclas derivadas de estas razas. Hay un racismo basado en la explotación del prójimo que no desaparecerá mientras existan las grandes desigualdades económicas. El otro racismo, el de carácter social, el alentado por los miedos y la ignorancia, pienso que será mucho más difícil de erradicar, pues está profundamente enraizado en la psiquis de un gran sector de la sociedad peruana.
¿Cree que en el Perú existe poca integración entre los diferentes grupos sociales? Comparando la integración social peruana y la de Estados Unidos, país en donde vive, ¿cuál considera más exitosa?
–Existe contacto, pero muy poca integración. Y no hay que engañarse, lo mismo es cierto de Estados Unidos, sólo que en este país, al ver que todas las razas comparten los mismos espacios en las universidades y los sitios de recreo y de trabajo, uno podría llevarse la falsa impresión de que existe una mayor integración entre los grupos sociales. Lo que no hay que olvidar es que a pesar de que estos grupos pertenecen a distintos grupos étnicos y raciales, tienen algo en común: el pertenecer a una clase de pocos o medianos recursos económicos. Por eso, salvo contadas excepciones, en Estados Unidos existe también poca integración entre los diferentes grupos sociales. Contacto, sí, pero poca integración. Sin duda más que en el Perú, pero no tanta.
¿Su origen judío le afectó para algo en el Perú?
–Enterarme de que, además de peruano, era judío, me afectó de manera positiva, pues mi judaísmo me introdujo en un mundo que rebasaba las fronteras del Perú, lo cual, a su vez, me permitió vivir mi experiencia como peruano desde una perspectiva distinta, más amplia. Más amplia para mí, por supuesto. Por otra parte, el ser judío nunca me afectó de manera negativa, ya que, salvo algunas peleas que por ser judío tuve en el colegio con compañeros no judíos, jamás sentí que vivía en una sociedad antisemita.
Ernesto Carlín |