Edición N° 82
04 de Abril, 2005
 
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Editor: Enrique Cortez
Redactor: Giancarlo Stagnaro
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reseÑas

Poéticas del exilio
Podemos especular en torno a si la conciencia del inmigrante está afectada por el enrarecimiento de sentirse extranjero, en tanto, el lenguaje puede funcionar como punto de apoyo ante lo desconocido.
Christine Brooke-Rose postulaba que la manera distintiva de todo exilio y, en particular, el de un escritor, era el rechazo a ser integrado –yo agregaría imposibilidad–, y su deseo de edificar un espacio físico propio, distinto de aquel en el que los otros están establecidos. “¿acaso todo poeta o novelista no es una especie de exiliado, que mira desde afuera una deseable imagen del pequeño mundo creado para el espacio de la escritura?”, se pregunta.
Blue moon of Kentucky, Lima, 2004, Hipocampo Editores, primer libro de Ricardo Quesada (Lima, 1956), poeta cuya lírica urbana se desarrolla a medio camino entre los grupos Kloaca y Poetas del Asfalto; que nos tenía acostumbrado, como forjándose un mito personal, a regalar sus plaquetas artesanales por las calles: poesía y collage, cuyas reproducciones electrográficas (fotocopias) incidían en una estética que caracterizó a la movida subterránea de la década de 1980.
Tiempo atrás, Peter Elmore decía también que vivir en el exterior le había permitido apropiarse de su tiempo y escribir en formatos más extensos.
Ahora, Ricardo reside en Louisville (Kentucky, Estados Unidos), y tal vez como paradoja esta tardía publicación podría acabar con la imagen de poeta outsider, reacio a la publicación editorial, que lo había caracterizado.


Las 97 páginas del libro, intermedias entre la poesía y las crónicas de viaje –con alusiones y títulos en inglés, que sumados a una intención heredada de las vanguardias de subvertir el lenguaje con arbitrariedades gramaticales–, plasman sus descarnadas impresiones, a manera de instantáneas fotográficas, desbordantes en referencias confesionales y críticas –deslumbramiento, deseo y frustración–, dejando párrafos intensos y desiguales que grafican su situación de foráneo, recién arribado, que percibe la xenofobia como fantasmas atormentándolo hasta en la distancia.
Su “Oda a Patti Smith, Is the sea around me?” grafica eso: “cómo caminar sin ser visto y amar sin tocar los Kuerpos y solo las palabras y cómo soportar también la patética, triste é inquisidora mirada de tu ciudad sin perder nada en el intento” (p.91)
La soledad es una clave crucial para captar retóricas de este tipo. Planteada como inexistente en estadios primitivos, según Karl Vossler, la soledad se revela ante la complejidad de la vida social. Intensificándose ante la agudización de las diferencias, exacerbadas por la carencia de emociones colectivas en la sociedad contemporánea.
Riquil-dá, Córdoba, 2003, Ediciones Argos, último libro de Amaro Nay (Lima, 1937), poeta peruano radicado desde 1959 en Argentina, autor de libros como Dalterius, Nubedil y otros, desconocidos en nuestro medio, dice: “Los argentinos me han enseñado a querer a mi patria”, en tanto sus palabras trascienden el voseo platense de alguno de sus libros, como ratificando la idea de que el ser social condiciona el estado de conciencia.


Sus versos describen una predilección cósmica por la naturaleza, derivada del desarraigo temporal y geográfico que se plasma en invocaciones interculturales e interétnicas.
En Riquil- dá, encontramos, a manera de poema narrativo, la mitología particular de Nay, una genealogía en la que seres fabulosos conviven con los cotidianos, en una suerte de sincretismo de mitos occidentales y afroamericanos. Invocación que se extiende desde la madre hacia la tierra: “Riquil-dá hija de Aioka / madre de las aguas / Janaiana la nombran los viejos pescadores / cautivos de los mares / cubierta de armas vegetales / partió llevando / el fuego de los siglos entre las manos” (23)


En estas lecturas, el deslumbramiento incita a la apropiación, y la nostalgia, al retorno a entidades ausentes. Extremos en un proceso que tiende al cosmopolitismo, en un espacio donde la opción por el autoexilio, que en un inmigrante convencional es motivada por anhelos económicos, en un literato se concreta más bien en términos de lo que Pierre Bordieu llamara capital cultural, en una encrucijada de posibilidades e imposibilidades, de inserciones y resistencias.

 

Rafael Ojeda

ESTAFETA

Los cuentos de Sergio Ramírez (Lima, Sandro Chiri Jaime Editor, 2004). El escritor nicaragüense Sergio Ramírez se hizo ampliamente conocido gracias al premio Alfaguara de 1997 por Margarita está linda la mar. A pesar del galardón y el elogioso recibimiento de la crítica y el público, la obra de Ramírez merece aún un acercamiento más incisivo, debido a la problemática que plantea en cuentos y novelas: la condición de la identidad latinoamericana a partir del ser lo que no se es. José Juan Colín, escritor y crítico literario mexicano, se plantea en este libro dicha tarea, a través de una revisión exhaustiva de libros como Charles Atlas también muere (1976), Clave de Sol (1992) y Catalina y Catalina (2001), entre otros relatos valiosos.
La enajenación, el colonialismo cultural, la novela del dictador en clave carnavalesca y la visión de Nicaragua (por extensión, de América Latina) son algunos de los tópicos que aborda el libro de Colín. De igual modo, repasa el papel de Ramírez como crítico acucioso de la globalización y su influencia en la vida cotidiana.
Los cuentos de Sergio Ramírez es un libro interesante por lo que implica publicar un libro de crítica literaria sobre un autor nicaragüense en nuestro país, aunque creemos que se pudo haber logrado una edición con mayor cuidado ortográfico. Sin embargo, su mérito permite disolver las fronteras y distancias políticas, a fin de acercarnos a una de las voces narrativas de América Latina más representativas en la actualidad.

De la mar y la mesa. Jocundas historias con antiguas recetas (Lima, Universidad de San Martín de Porres, 2005). Segunda edición del libro de Ricardo Alcalde Mongrut, El Compadre Guisao, publicado originalmente en 1981 de manera póstuma. Prologado, en ese orden, por la esposa de Alcalde, el periodista Raúl Vargas, Fernando Romero y José María Quimper (los dos últimos pertenecientes de la edición original).
En el prólogo, Vargas refiere que los textos de Alcalde no son ni cuentos ni recetas propiamente dichos, sino que provienen del juego imaginativo del autor, aficionado a la gastronomía y el humor costumbrista, cuyo peculiar uso del lenguaje (herencia de la tradición costumbrista del siglo XIX) alcanzó una notoria vigencia en los periodistas de mediados del siglo XX. Aunque su estilo haya caído en el desuso, no deja de asombrar la capacidad versificadora y aleatoria de las sentencias del Compadre Guisao, así como sus múltiples referencias salpicadas de la cultura y la oralidad popular.
Nuestra diversidad gastronómica se ve ratificada en los escritos de Alcalde. De su lectura se desprende que la comida es uno de los mejores vehículos para la integración cultural, porque evita la atomización al combinar los insumos, sabores y olores que proveen la tierra y el mar peruanos. El mayor aporte de Alcalde es entender la culinaria nacional como una obra de arte en sí misma. Un punto aparte es la edición de la Universidad de San Martín de Porres, que ha sabido conjugar el estilo del Compadre Guisao con una acertada presentación gráfica.

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