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| La historia silenciada |
Refiriéndose a la escasa presencia de pensadoras en la historiografía universal desde la época clásica, Umberto Eco ha escrito: “No es que no existan mujeres que filosofaban, sino que los filósofos han preferido olvidarlas, quizá tras haberse apropiado de sus ideas.”
La presencia de teóricas fundamentales como Luce Irigaray, Carole Pateman, Julia Kristeva y Chantal Mouffe, entre otras, en los múltiples tratados sobre el pensamiento contemporáneo, nos dice que los tiempos, de alguna manera, cambian. Incluso en los ambientes universitarios de las sociedades más machistas de América Latina, los estudios de género han entrado en un auge sintomático del proceso de cambio o descentramiento del sujeto histórico.
Quizá de ahí la importancia de la aparición de La escritura de la historia de las mujeres en América Latina. El retorno de las diosas, compilación de 27 ensayos provenientes de autoras americanas y europeas, a cargo de Sara Beatriz Guardia, fundadora del Centro de Estudios de La Mujer en la Historia de América Latina (Cemhal).
Los textos incluidos se aglutinan bajo la pretensión de recuperar el pasado femenino como modelo conceptual, a fin de descubrir y analizar el punto de vista ausente en nuestras historiografías.
Sara Beatriz Guardia, autora también de Mujeres peruanas. El otro lado de la historia (2002), piensa que la presente publicación no sólo significa asomarse al pasado desde los libros y la investigación académica, sino también buscar en los manuscritos olvidados, en los símbolos y en los sueños el verdadero “ser femenino”. Citando a Hobsbawn, escribe: “El olvido de la historia de las mujeres es el olvido de las clases oprimidas, que al igual que las mujeres están menos documentadas” (15).
Por ello, se plantea reconstruir una historia femenina que la sociología y antropología contemporáneas nos presentan como infausta ante una cultura de discriminación.
Pero no sólo existe la posibilidad de hacer una historia de lo sufrible, algo poco desarrollado en este libro (salvo en el capítulo III). Existe una larga tradición de mujeres destacables y poco mencionadas en los textos históricos: desde Hipatia, maestra de filosofía platónica que habitó en Alejandría durante el siglo V d.C.; hasta Gabriela Mistral, primer premio Nobel latinoamericano en 1945; o Rigoberta Menchú.
Con el tiempo, también el feminismo ha ido cambiando. De una preocupación estrictamente sufragista de búsqueda del poder o de liberación corporal, las feministas de segunda generación plantean que las mujeres no sólo deben aspirar a ser como los hombres, sino más bien a desarrollar un lenguaje y un conjunto de normas nuevas y estrictamente femeninas, reconociendo y laborando a partir de sus diferencias. Por ello, los actuales estudios de género reivindican los espacios y modos de vida particulares de las mujeres, así como sus prácticas culturales, pertenecientes sólo a ellas.
Aunque la historia ha sido pensada en torno a la civilización humana, la afecta una visión hegemónica androcentrista. En el caso femenino, los esfuerzos tienen sentido ante la desigualdad práctica de los géneros. Ello permitirá sacar a la luz esa mirada marginada, subalterna, ocultada; e intentar poner en el debate un relato alternativo que quite espacio al logocentrismo “masculinista” de nuestra sociedad, partiendo no de suplantación de roles y estatus entre el hombre y la mujer, sino de una sensibilidad nueva, eminentemente femenina. Una historia a veces no ausente, pero hasta ahora silenciada.
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> Rafael Ojeda
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La escritura de la historia de las mujeres en América Latina.
El retorno de las diosas.
Sara Beatriz Guardia
Lima, Cemhal, 2005. |
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