Edición 93
19 de setiembre, 2005

 Director: Gerardo Barraza Soto    Editor: Giancarlo Stagnaro
 > hemisferios
 
Que la inocencia les valga 
La postura de los intelectuales franceses frente a la posguerra revela una etapa de confrontaciones en la manera de asumir la reconstrucción de una nación devastada. La diferencia de enfoques resultó determinante al momento de interpretar ideológicamente su compromiso con la realidad.

            Hay inocencia en los escritores cuando se lanzan a escribir sobre sus héroes, hombres de acción que han llegado a hacer el cambio que ellos deseaban pero no podían alcanzar desde sus cómodos escritorios: así intentan proveer ideas para movilizar revoluciones e inyectar una forma definitiva a algo que todavía no la tiene, o no la tiene del todo.
            Sucedió en Francia, al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Albert Camus intentaron influir en la vida política del país antes de que la pugna entre medios y fines hiciera que el equipo se desintegrara entre acusaciones cruzadas y campos minados por ironías y desplantes: de un lado quedaron Sartre y Simone de Beauvoir, del otro, el solitario Camus.
            En los cinco tomos de las fascinantes memorias de Beauvoir, el proceso de agrupación y rompimiento definitivo del grupo está narrado meticulosamente. Sartre y otros franceses apolíticos debieron tomar posición ante la guerra frente a lo que Beauvoir llama el vacío de Camus: un moralista que no entiende que la lucha política diaria no soporta una visión idealista que deberá sacrificarse ante el altar de los revolucionarios que prometen dar la libertad soñada al hombre.
            En Combat, Albert Camus escribió: “Todos estamos de acuerdo sobre los fines, pero tenemos opiniones diferentes sobre los medios. Todos deseamos con pasión, no hay duda, y con desinterés, la imposible felicidad de los hombres. Pero, simplemente, hay entre nosotros quienes creen que uno puede valerse de todo para lograr esa felicidad y hay quienes no lo creen así. Nosotros somos de estos últimos. Nosotros sabemos con qué rapidez los medios se confunden con los fines y por eso no queremos cualquier clase de justicia... Pues se trata en efecto de la salvación del hombre. Y de lograrla, no colocándose fuera de este mundo, sino dentro de la historia misma. Se trata de servir a la dignidad del hombre con medios que sean dignos dentro de una historia que no lo es”.

Posiciones frente al poder

            Sartre rechazó las tentativas de captación de De Gaulle y apoyando a la Unión Soviética como compañero de ruta crítico, alguien que se proponía tanto denunciar las purgas y los campos de concentración del estalinismo como publicitar al comunismo “el único camino posible” de la posguerra.
            A fines de la Segunda Guerra Mundial, Sartre y Beavouir lanzan la revista Les Temps Moderns, pensada como tribuna de sus ideas y escenario donde se producirá el rompimiento definitivo de Sartre con la mayoría de los que eran sus amigos, especialmente con el Camus de El hombre rebelde, libro que rastrea la raíz histórica de los hombres que por medio del terror intentan cambiar la sociedad.
            La posición de los tres, a su vez, es contraria a la de André Malraux: luego de publicar su novela La condición humana, participar como aviador en la Guerra Civil Española y luchar en la resistencia, Malraux rechaza la invitación para unirse a Les Temps Moderns y se convierte en ministro de De Gaulle: la fascinación por el general le durará toda la vida y Beauvoir no duda en enterrarlo a medida que avanza en su biografía del elogio al desprecio; pero el intelectual crítico, alejado del poder y pragmático que ofrecen ella y Sartre terminan seducidos por héroes como los de Malraux: hombres que se agigantan en las sombras porque prometen un destino grandioso y casí inhumano, demasiado grande para que lo tomen las palabras.
            Mientras Malraux escribe su libro de conversaciones con De Gaulle (Aquellos robles que derribamos); Sartre desanda sus palabras en artículos donde intenta mantenerse crítico de héroes que comienzan a sucumbir ante el peso de la historia.
            Las memorias de Beauvoir muestran esta sucesión de ideas que crecen, se vuelven grises y desaparecen finalmente demolidas por el tiempo y su propia inercia, aunque la energía de las palabras mientras creen en ellas las impulsa y les da una coherencia que se desvanece tan pronto se cierran los libros. Los sucesivos desengaños de Sartre y Beauvoir confirmaron las palabras de Camus, pero cuando el sueño había acabado en Francia, la maquina intelectual que colocaba fríamente los medios sobre los fines siguió funcionando sin ellos, lejos de Europa, transplantada a una Sudamérica violenta.

> Iván de la Torre
Escritor y periodista argentino

 

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