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| Y el Verbo se hizo en Cajamarca |
| Durante cuatro días –del jueves 22 al domingo 25 de setiembre–, Cajamarca fue la capital de la poesía en el Perú. En la casona de la Asociación de Artistas Aficionados de dicha ciudad se llevó a cabo el cuarto festival de poesía El Patio Azul, organizado por la asociación cultural Antares Artes y Letras. Fueron cuatro días de intensa celebración de la palabra, en que se alternaron distintas voces poéticas del país y del exterior. |
El apagón del jueves 22 de setiembre, en pleno lance acústico de Daniel F, no impidió que la inauguración de El Patio Azul se viera menguada. Por el contrario, fue el acicate para que aparecieran dos músicos provenientes de las comunidades campesinas de la región y deleitaran a los asistentes a la casona en tinieblas de la Asociación de Artistas Aficionados de Cajamarca. Ambos se llevaron los aplausos y también la convicción de que, no obstante la adversidad, la palabra emotiva y auténtica se mantiene en pie.
Cajamarca es la típica ciudad andina de tarjeta postal a la que comienza a afectar el tráfago urbano generado por la circulación del capital. Alrededor de la plaza de Armas se concentran negocios comerciales, bares y hoteles. Una urbanización desordenada subrepticiamente comienza a imponerse en la delimitación del casco urbano. Por instantes, la forma de los nuevos edificios nos da la sensación de que estuviéramos en algún cono de Lima. La altura y el esplendoroso cielo andino nos convencen de lo contrario.
Pues bien, esta Cajamarca –trajinada por las mañanas y casi fantasmal por las noches– es el telón de fondo del cuarto festival de poesía El Patio Azul, organizado por Antares Artes y Letras, entidad cultural dirigida por el poeta y ensayista Alberto Benavides Ganoza. Hasta la ciudad del encuentro entre las civilizaciones occidental y andina viajaron por tierra y aire una nutrida delegación de poetas, escritores y promotores culturales que, con los poetas oriundos de la región, llevaban un poco de su palabra a los seguidores de la poesía.
Justo Jorge Padrón y Francisco José Cruz (España), Gonzalo Márquez (Colombia) y Óscar Gutiérrez (Bolivia) fueron los invitados extranjeros. De Lima arribaron Marita Troiano, Carlos Germán Belli, Arturo Corcuera y Julio Heredia, entre los de mayor trayectoria. Por los jóvenes participaron Gihan Tubbeh, Florentino Díaz, Alessandra Tenorio, Diego Lazarte y Gonzalo Málaga, entre otros. También se presentaron los poemarios Manías de Eduardo Lores y Poesía (in)completa de Julio Heredia; las revistas Las Sumas Voces, dirigida por el trujillano Róger Neyra, y Distancia Crítica, publicación alternativa encabezada por Aranzazu Hopkins y Carlos García.
De Ica provino una numerosa delegación de poetas jóvenes de la Universidad San Luis de Gonzaga, apadrinados por Arturo Corcuera. De igual modo, se hicieron presentes los ayacuchanos Cayo Santos, cuyas lecturas en quechua llamaron la atención por su expresividad, y Obed Villavicencio. Por parte de los locales, acudieron Jack Farfán, Socorro Barrantes y un numeroso contingente de poetas cajamarquinos adiestrados en el taller que condujo Eduardo Rada.
En paralelo, se organizó una pequeña feria del libro en la plaza de Armas y dos muestras fotográficas: la de National Geographic en el hotel Costa del Sol; y una representativa sobre la vida del campo en Cajamarca, en la asociación de artistas.
Lecturas poéticas
Las lecturas poéticas se iniciaron el viernes 23 a las 10.00 horas. La hora del almuerzo sirvió para el intercambio de opiniones. Posteriormente, hubo turnos tanto a las 17.00 como a las 19.00 horas. Por las noches, la tertulia se extendió a restaurantes y bares.
La tarde de ese día, un grupo de poetas jóvenes, acicateados para convocar al público cajamarquino, montó un ameno pasacalle por las céntricas calles de Cajamarca. Vestidos con máscaras típicas y portando banderolas que echaban loas a la poesía, unos quince chicas y chicos interrumpieron momentáneamente el tránsito y la cotidianidad desde la plaza de Armas hasta el local de la casona. De más está comentar que las calles de Cajamarca son estrechas y no faltó un conductor apurado que se sintiera mortificado y que lo mostrara abiertamente. Los poetas no perdieron la compostura; al contrario, mantuvieron el respeto hacia el otro, sin perder el carácter lúdico del pequeño pero significativo happening.
La mecánica de las lecturas era la siguiente: un poeta principal, que se mantenía al margen de la lectura, presentaba a los demás integrantes de la mesa. La constante era juntar a los más experimentados con los jóvenes y dicha dinámica dio buenos resultados. Algunos se salieron del libreto, como Florentino Díaz, quien llamó la atención al momento de leer sus versos, por el acompañamiento musical que recibió de su padre, el pianista Jaime Díaz Orihuela.
El que se llevó el reconocimiento unánime de propios y extraños fue el poeta español Francisco José Cruz. Con la lectura de sus textos registrados en braille, la poesía de Cruz repercutió en el local de la triple A cajamarquina con el oficio poético del que sabe transmitir emociones y sensaciones distintas, pero a la vez compartidas. Para muchos, su raigambre expresiva recordaba a la poesía vallejiana.
El domingo al mediodía, se acondicionó un toldo a un lado de la plaza de Cajamarca, cerca de la feria del libro. Los poetas iban a leer, uno a uno, los versos ante la concurrencia. Pero lamentablemente fueron interrumpidos por un grupo de evangélicos que armaron una improvisada “liturgia” casi al costado de donde se encontraban el público y los poetas de El Patio Azul. Ante la asonada de cánticos y gritos desaforados, a los poetas sólo les quedó esforzarse al máximo para ser escuchados y algunos de ellos lo lograron. Los poetas salieron airosos, a pesar de todo.
Cajamarca se despedía así de nosotros, con un convite final en donde la música, el jolgorio, la confraternidad y el intercambio de mails no brillaron por su ausencia.
Balance
Aunque los días se hicieron, a medida que pasaban, breves, la poesía sí dijo presente en Cajamarca. La asistencia del público local no fue espectacular ni masiva, aunque tampoco se vieron recitales despoblados. No obstante, da la impresión de que El Patio Azul, con el tiempo que lleva consolidándose, pudo haber dado mucho más en términos de recepción.
Hubo poetas de gran nivel y otros que cumplieron las expectativas, pero creemos que ninguno desentonó. Los poetas de provincias también mostraron un nivel parejo y muchos de ellos mostraron entusiasmados sus primeras publicaciones. El festival es la tribuna del intercambio y el aprendizaje mutuo, como lo fue para los jóvenes iqueños, quienes reafirmaron su tradición poética; o los huamanguinos, que mostraron además, a pesar del nerviosismo inicial, un aceptable desempeño.
Sólo nos queda sugerir que, edición tras edición, el festival debe acercarse a la gente, a las comunidades, al ciudadano de a pie; y no entender la poesía como una “evasión”, sino como la mirada con la cual podamos darle otra perspectiva, de hecho enriquecedora, a nuestro diario devenir. Como nos dijo Obed Villavicencio, no hay tantas personas que no puedan escuchar amablemente, sin molestarse, “tanta tontería”. “Es tontería lo que decimos, pero si esa tontería se hiciera más grande para todos, sería la tontería perfecta”.
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> Giancarlo Stagnaro
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| (click en la foto para ampliar) |
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| Julio Heredia |
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Óscar Gutiérrez |
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| Justo Jorge Padrón |
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Marita Troiano |
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| Francisco José Cruz |
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Gonzálo Márquez |
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| Florentino Díaz |
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Carlos Germán Belli |
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| (Fotos cortesía: |
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Talía Vargas) |
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Los 22 años de Antares
Antares Artes y Letras festejó 22 años de existencia durante la realización de El Patio Azul. Como asociación estrechamente vinculada con el quehacer cultural –además de promover eventos culturales como el festival, publica la revista Umbral y libros de poesía–, llegar a esa edad representa un logro y, a la vez, un desafío permanente.
Para Alberto Benavides, la situación de la cultura en el país reclama una atención urgente, sobre todo desde la óptica de la descentralización. “Es difícil ocuparse de cosas culturales, primero porque hay mucho bluff y apariencia. Por otro lado, no hay verdadero interés en mejorar al hombre en el Perú. El festival ha cumplido modestamente una función y espero que adelante lo haga mejor. Ojalá que ese Perú que buscamos, un Perú culto, inteligente y civilizado, se esté gestando”, manifiesta.
En Cajamarca, uno de los objetivos de Antares es forjar la biblioteca de la ciudad, un gran centro de información para el norte del Perú. Aunque inicialmente se tuvo el apoyo de Yanacocha, el desarrollo del proyecto se ha truncado. Benavides, durante muchos años profesor de filosofía en las universidades cajamarquinas, reconoce el valor de formar “una generación de lectores, con chicos buscando información en Internet y consultando libros”.
Otro miembro importante de Antares, Rodrigo Núñez, reconoce la trascendencia de la asociación como medio de vinculación con la juventud. “En ese sentido, son importantes los jueves poéticos en que todos los jóvenes poetas ahí se foguean, en presentaciones que tienen relativo éxito. Todo se ha ido vinculando: los festivales de poesía nos han ligado a muchos poetas y movimientos regionales”.
Simultáneamente, la revista Umbral, con 17 años de existencia, ha ido visitando casi todo el Perú. “Después de tanto centralismo, las provincias habían sido olvidadas y no había vínculos. En estos 22 años, hemos sido hormiguitas al principio, pero hemos crecido un poco más. El festival demuestra que aún queda mucho por hacer en la vinculación del país a través de la cultura.”
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