Edición 94
3 de octubre, 2005

 Director: Gerardo Barraza Soto    Editor: Giancarlo Stagnaro
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Carlos Huamán López
Reflexiones en torno al wayno 
Doctor en Literatura y Antropología por la Universidad Autónoma de México, Carlos Huamán López retornó al Perú por algunos días para ahondar una bibliografía de sus próximos trabajos sobre la música andina. Es un convencido de que la bibliografía y las investigaciones acerca de la música emblemática de los Andes son insuficientes.

            El cambio de una letra en una palabra puede significar una posición ideológica distinta. De acuerdo con Carlos Huamán, poeta ayacuchano, compositor e investigador de la cultura andina, la “h” no existe en el quechua, mientras que la “w” es por excelencia parte del universo quechua-andino. Por ello, al huaino, género musical de los Andes por excelencia, lo denomina wayno.
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Es imposible componer sin conjugar la realidad individual con una época social y una forma de pensar.
                        “Aunque todas las universidades nacionales tienen la obligación de hacer estudios sobre la cultura andina, firmar convenios para facilitar publicaciones y dar a conocer el trabajo de nuevos autores, el material bibliográfico en el país es escaso,”, explica en ésta su quinta visita al país en 12 años.

Carencias bibliográficas

            Por ello, prosigue, la bibliografía sobre la música de los Andes continúa siendo básicamente el trabajo de José María Arguedas y los hermanos Montoya, entre otros; es decir, ediciones con más de dos décadas de publicadas, a las que se debe enriquecer con sus propios artículos y vivencias.
            Esta carencia de trabajos de investigación académica es una razón fundamental por la cual el wayno no es reconocido como género musical a escala mundial, salvo en espacios donde se reúnen inmigrantes peruanos, refiere Huamán. Una realidad totalmente distinta a la música antillana o centroamericana, por ejemplo.
            Caso contrario se da en México, donde hay una “apertura grandiosa, aceptación y apoyo” para analizar las manifestaciones culturales orales y escritas de América Latina. Huamán, miembro del Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos de la UNAM, ha publicado, bajo el sello de dicho centro, Pachachaka. Narrativa, memoria y símbolo en la obra de José María Arguedas (UNAM-CM, 2004).

Canción y wayno

            Tiene en imprenta Tiempo de zorros. Aproximaciones a la cosmovisión quechua andina a través del wayno (Altazor, 2005), en el que sustenta que el universo andino está representado en los géneros musicales como el wayno, los yaravíes y pasacalles, que permiten conocer el pensamiento del hombre andino. El núcleo de esta indagación es la cultura pockra-chanka.
            Además, el investigador prepara la salida de Las transfiguraciones poéticas. Memoria y cultura en el wayno ayacuchano 1970-2000, un recorrido sobre tres décadas del wayno elaborado en la tierra de las 33 iglesias. Dedica un capítulo a los compositores andinos de moda, el papel de los medios de comunicación y la “economía de sobrevivencia”. Propone cambios estructurales y melódicos al género musical que sirve sólo para agradar a un mercado, con fines de lucrativos.

Compositor

            Huamán es reconocido como innovador del wayno ayacuchano con metáforas de influencia vallejiana como: “Maíz hermano granito eterno / jinete de rayos negros / abrigo de niños tristes” (“Maíz”). Manifiesta que todo trabajo de composición lleva implícito uno de reflexión e investigación. “Es imposible componer sin conjugar la realidad individual con una época social y una forma de pensar. El escritor y poeta tiene un compromiso que debe asumir con responsabilidad de que lo que decimos es tan nuestro como el del otro.”
            Recuerda la labor de sus predecesores en el dolido canto ayacuchano, como Ranulfo Fuentes, Carlos Falconí, Wálter Humala y “Manuelcha” Prado, que también “rompieron fronteras temporales” con sus innovaciones, demostrando que “el pueblo” puede entender un buen trabajo de composición hecho de metáforas.
            “En el caso de nuestra música, los elementos de modernidad trastocan toda una tradición cultural, que no es estática, sino hecha de elementos constantes. En el contexto de la globalización, nuestras culturas son igualmente válidas que las otras, sino que nos esforzamos por apegarnos más a un proyecto globalizador que desdibuja las formas culturales regionales, perdiendo nuestra diversidad. Los nuevos artistas están presos de la moda, y la moda los corrompe. Son haces de luz que vienen y desaparecen.”
            Carlos Huamán diserta hoy sobre su trabajo en la asociación Brisas del Titicaca (Wakulski 168, Lima), a las 19.30 horas.

> José Vadillo Vila
Músico y periodista


 

Pachachaka
Carlos Huamán López hace trece años que dejó su Huamanga nativa y se fue para México. Eran tiempos de violencia, de inseguridad, de muertes y soledad; además, como ya es costumbre, de no encontrar apoyo en nuestro medio para lo que deseaba hacer. A la vuelta de ese tiempo ha conseguido realizar sus sueños y proyectos.
Apenas está unas horas en Lima y se va con la sed en el alma a su Huamanga querida, al patio de su casa, a la cocina con la tullpa (fogón) encendida, a sentir y aspirar los aires de estos tiempos.
En este reencuentro de ausencias, de buscar el sabor de su pueblo y los recuerdos, Carlos Huamán nos entregó, allá por 1988, los hermosos y sentidos waynos: Maíz, Pedregal y Elegía, que fueron calando en el sentimiento de la gente que abraza las esperanzas de un futuro mejor.
Como los grandes compositores, Carlos Huamán es un laborioso artesano de la palabra. Con ella teje un manto arco iris en hermoso y constante proceso creativo: “Despertar nuestras guitarras contra el silencio, recorrer tumbas sin nombres, grietas y puertas, y hallar el trigo sangrante wawallanchikta (a nuestro hijo).”
En definitiva, la obra de José María Arguedas camina por todos los pueblos del país, provocando y convocando un permanente diálogo sobre el Perú, un diálogo que viene de lejos buscando la respuesta en cada uno de nosotros. El libro de Huamán, Pachachaka (Puente sobre el mundo), mantiene ese compromiso.
La carátula misma, ilustrada con una tabla de Sarhua, describe la cotidiana correspondencia del hombre andino con la naturaleza y los símbolos que nacen de ese diálogo.
“Ir es partir, ir es llegar siempre al punto de donde se parte, que ya no es el mismo”, escribe Carlos Huamán al inicio de su libro. “No hay quietud, sino huellas del viaje. Así, en la ruta del tiempo nos encontramos con José María Arguedas y con su mundo narrativo, que ya no es sólo suyo, sino nuestro. Partir y llegar, siempre llegar y partir, muchas veces rellenando nuestro quqaw (fiambre), ese grandioso equipaje donde se guarda el pan de sueños y esperanzas.”
Antonio Muñoz Monge