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| El caso del valle del Colca |
Repensar el patrimonio cultural
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| Decenas de iglesias coloniales constituyen el patrimonio artístico del valle del Colca. Dicho conjunto requiere –frente al paso del tiempo–
de la reconstitución de sus valores físicos y simbólicos. La labor de un organismo
de cooperación internacional
en la restauración de estos bienes demuestra que
la puesta en rescate de nuestro patrimonio cultural puede resultar favorable para las comunidades locales. |
Los discursos académicos sobre el patrimonio cultural [1] plantean como uno de sus objetivos fundamentales acercar al público y guiarlos en el reconocimiento de su propio legado para engarzar esta noción en su conciencia identitaria. Y cuando nos referimos al patrimonio tangible no sólo se trata de acercarlos a un nivel de experiencia objetual, sino que debe privilegiarse un contacto profundo que les permita tomar conciencia de las vinculaciones históricas, sociales y espirituales que existen entre ambos.
En función de las coyunturas políticas, económicas y sociales de algunos contextos, podemos decir que no siempre se consigue establecer esos vínculos entre patrimonio y sociedad. Y más aún cuando se trata de contextos donde no se privilegia la inclusión de políticas culturales en las agendas gubernamentales que favorezcan esas relaciones. Esta situación crítica nos obliga a repensar los discursos académicos sobre el patrimonio cultural y su proyección hacia la sociedad beneficiaria.
El programa de patrimonio cultural de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) realiza desde hace algunos años una serie de proyectos pioneros que han modificado el panorama de la conservación y puesta en valor del patrimonio cultural en nuestro país. La política de acción de este programa no concibe la puesta en valor del patrimonio cultural artístico como una tarea que dispone las obras de arte para la degustación de una minoría excluyente, “culta” y afectada. Su objetivo fundamental consiste en la socialización del patrimonio cultural para articular redes de beneficio socioeconómico que cubran a un amplio sector de la población beneficiaria. Este objetivo constituye un modo innovador de repensar el patrimonio cultural desde la problemática de la lucha contra la pobreza, pues no sólo permite la sostenibilidad de todos los proyectos en los que se llevan a cabo las intervenciones de salvaguardia, sino que, además, contrarresta hasta cierto punto el proceso de estandarización simbólica que el fenómeno global trae consigo [2].
No veamos esta labor, sin embargo, como una visión antropológicamente idealista que intenta aislar a los grupos socioculturales “en peligro de extinción” y protegerlos de un modo imposible de llevar a cabo en un contexto mundial de cruces culturales permanentes. Todo lo contrario. La revitalización del patrimonio favorece la creación de circuitos turísticos que facilitan la introducción de la modernidad en varios niveles; y con esto aquella visión idealista encontraría un desfase entre objetivo y logro concreto.
La puesta en valor del patrimonio y su inserción en el mercado turístico crea un espacio de reconocimiento de las diversidades culturales al poner frente a frente a los actores sociales que participan en el proceso de conservación, circulación y consumo de los bienes culturales. De este modo, se intenta bloquear el avance nocivo de la modernidad en cuanto que elimina la riqueza cultural, material y espiritual de nuestros pueblos, pero sin aislarlos y privarlos de los beneficios que la activación de las dimensiones social y económica del patrimonio cultural ofrecen. Tales son los objetivos básicos del programa de patrimonio de la AECI.
El valle del Colca: particularidades de un caso
La sociedad andina del valle del Colca es beneficiaria de un importante patrimonio cultural que hasta hace sólo algunas décadas nos era completamente desconocido. Sus posesiones heredadas abarcan un espectro bastante amplio: son dueños de un patrimonio natural que constituye un valor en sí mismo; han mantenido vigentes ciertas prácticas culturales de raigambre tradicional en un contexto global desterritorializador; y han resguardado oculto –y hasta cierto punto intacto– un importante legado artístico mueble e inmueble de ascendencia colonial.
El patrimonio artístico del valle del Colca está formado por las iglesias coloniales erigidas en los diversos poblados de este conjunto natural y habitacional, así como por el contenido plástico que hay en ellas. La AECI lleva a cabo labores fundacionales en cuanto a su recuperación y puesta en valor integral, en acciones conjuntas con la población del lugar, el INC y el Arzobispado de Arequipa.
Básicamente, sus labores consisten en la reconstitución de los valores físicos y simbólicos del patrimonio cultural mueble e inmueble, la modificación de sus usos tradicionales, la inclusión de la población como agente participante en el proceso de conservación y restauración de su propio legado, y la creación de nuevas rutas turísticas.
Todo ello tiene como propósito fundamental crear una compleja red socioeconómica que articule varios niveles de lucha contra la pobreza, desde los estrictamente materiales a partir de la generación de empleo y recursos económicos sostenibles hasta los de reivindicación simbólica enfocados desde la perspectiva del discurso ético-político sobre la diversidad cultural. Podemos decir, casi en un sentido estricto, que los trabajos efectuados por la AECI sobre el patrimonio son un pretexto para configurar estrategias de desarrollo económico y social que devienen en logros concretos en la lucha contra la pobreza.
La inclusión indistinta de los pobladores como agentes activos en los procesos de conservación y restauración permite la constitución de varios niveles de acción benéfica en una primera instancia: se promueve la formación gratuita de jóvenes provenientes de los sectores sociales más deprimidos y se les inserta con una profesión técnica en el mercado laboral, se favorece la participación social y económica de la mujer, se les adiestra en técnicas artesanales que favorecen un tipo de producción local que circula en los mercados de artesanías [3], y se construyen lazos identitarios más estrechos entre la población y su patrimonio cultural. Estas innovadoras líneas de acción básica convierten posibilidades utópicas respecto de la salvaguardia del patrimonio cultural en nuestro medio en resultados concretos que van del patrimonio a la sociedad y viceversa [4].
Con un tema que al parecer obvia las preocupaciones más básicas respecto de una economía precaria como la nuestra, se intenta solucionar de manera viable gran parte de la problemática que el Estado no ha podido plantear en sus agendas y que exige ser revisada para reivindicar a los pobladores peruanos en las zonas económica y socialmente más deprimidas [5]. Al crear el vínculo entre patrimonio cultural y población a partir de bases sociales que se concretan en resultados verificables cuantitativa y cualitativamente, se sientan a su vez las bases necesarias para configurar una consistente socialización del patrimonio cultural que se contrapone a su tradicional cosificación y momificación.
Y el caso del valle del Colca demuestra paradigmáticamente de qué manera puede recuperarse el patrimonio, la identidad y la autoestima sin dejar de lado los beneficios que el desarrollo económico puede producir con la sostenibilidad y la activación de una industria turística que se hace cada vez más necesaria.
Reflexiones finales
Este caso particular y sus incipientes resultados nos permiten reflexionar sobre la situación que afrontamos cada vez que se habla de patrimonio cultural desde la tribuna académica y dejamos de lado la importancia de la articulación patrimonio-sociedad para nuestras realidades. Ese efecto de bomba neutrónica [6], tan consustancial a nuestro patrimonio cultural, nos pone en alerta sobre los modos en que se enuncian los discursos pensados para una minoría que intenta tener el derecho exclusivo de delectación estética o que pretende negociar con el patrimonio cultural de una manera mezquina.
El patrimonio cultural es un tema sustancial que debe ser pensado a la manera de contrapunto, no sólo en cuanto a su importancia artística o histórica, sino también en cuanto a sus efectos directos o indirectos para la población en general a partir de su socialización, su inserción en el sistema económico garantizado por la industria turística y su adecuada gestión cultural.
Repensar el patrimonio cultural es una tarea capital que en nuestro medio exige estrategias innovadoras, dado que las políticas culturales no favorecen su necesaria y urgente salvaguardia. El binomio patrimonio-sociedad propuesto por la política de trabajo de la AECI nos conduce a meditar sobre los modos de replantear oficialmente, desde las instituciones estatales pertinentes, un tema que tan poco interés ha tenido ante las urgencias sociales inmediatas. Si nuestros dirigentes políticos revisan cuidadosamente los casos como los del valle del Colca, podrán verificar que una adecuada estrategia de salvaguardia del patrimonio cultural posibilita la resolución de esas urgencias sociales inmediatas sin caer en la infructífera labor asistencialista que, por otra parte, genera tanta demagogia. De esta manera, a nadie se le ocurrirá decir que el patrimonio cultural no da de comer al pueblo, puesto que hay estrategias y resultados que demuestran lo contrario y se instauran como paradigmas sociales que hacen posible la recuperación y su activación económica.
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> José Cornelio Bello (*)
Historiador del arte
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NOTAS
* Quiero agradecer a Gemma Ballesteros, coordinadora del área de bienes muebles del programa de patrimonio cultural de la Cooperación Española en el Perú, y a Ana Elisa Berenguel, coordinadora adjunta del programa de patrimonio cultural de la Cooperación Española en el Perú, por su colaboración para la escritura de este artículo. También agradezco a José Carrión, director del proyecto de conservación y restauración de los templos virreinales del valle del Colca; al restaurador Juan Carlos Cavero, jefe del área de bienes muebles del proyecto de conservación y restauración de los templos del valle del Colca, así como a todo el personal del proyecto de la AECI en el valle del Colca: Percy Góngora, Dionisio Bustos, Ketty Marroquín, Ángel Guillén, Betty Chirinos y Jorge Quispe.
[1] La ampliación del concepto de patrimonio cultural ha favorecido la legitimación de otros aspectos que no se habían contemplado en un inicio. Por ejemplo, el hecho de incluir a las prácticas culturales tradicionales en las listas de patrimonio mundial ha modificado el campo semántico de la noción de patrimonio cultural.
[2] Con la creación de un discurso legitimador de las diversidades culturales, que se sustenta en la grandeza artística e histórica, se hace posible el arraigamiento de la identidad (o de las identidades) en contextos donde la enajenación social y cultural avanza vertiginosamente hacia la destrucción de las tradiciones y las memorias históricas locales. La creación de este discurso también forma parte de sus objetivos principales.
[3] Algunas restauradoras han lanzado un producto de características artesanales que se ha denominado en el lugar como la “Barbie del Colca”. Ello pone de manifiesto los medios de obtención de recursos económicos paralelos a sus actividades laborales en las iglesias a partir de los oficios aprendidos en los talleres de la AECI en el valle (vinculados con la conservación y restauración de bienes muebles).
[4] Los detractores quizá abordarán un solo punto: el de concebir a un campesino restaurando un lienzo del siglo XVIII. La capacitación técnica que reciben los pobladores es inmejorable, así como su postura ética frente al objeto artístico al momento de intervenirlo. Los resultados de los trabajos efectuados hasta el momento no pueden ser mejores. Los detractores deberían verificar los resultados in situ. Ésta no es una cuestión de gremios, sino una cuestión de acciones inmediatas que permitan la preservación del patrimonio cultural de nuestro país. Y si ello implica una mejora social y económica de amplio aliento, tanto mejor. Ahora bien, si el discurso opositor va por el lado de la exclusión racista, aunque no se admita como tal, lo mejor es que ayudemos a los opositores a identificar la naturaleza de su discurso dentro de lo que se ha denominado como racismo aversivo, es decir, el discurso racista solapado y encubierto que sale a flote en situaciones de conflicto (práctica característica de la sociedad peruana de nuestros días). Al respecto véase: Callirgos, Juan Carlos. El racismo. La cuestión del otro (y de uno), Lima, Desco, 1993, p. 155 y ss.
[5] Según Juan de la Serna y Ángel Guillén, los datos del censo de 1993 arrojaban los siguientes resultados: el nivel de ingresos de la población era la mitad del promedio nacional; la mortalidad infantil era del 76%; el 83.5% de los hogares se encontraba en una situación de NBI (necesidades básicas insatisfechas); el 53.1% de la población se encontraba en situación de pobreza extrema; y el analfabetismo alcanzaba el 26%.Véase: De la Serna, Juan; Guillén, Ángel. “La recuperación del patrimonio del Colca: Ejecución de un proyecto de desarrollo”. En: Gutiérrez, Ramón (coordinador), El valle del Colca. Patrimonio es desarrollo, Ministerio de Asuntos Exteriores de España - AECI, s/f, p. 31
[6] Ramón Gutiérrez refiere lo siguiente: “Las contradicciones entre turismo y patrimonio se han manifestado sobre todo por la definición de opciones y prioridades en las inversiones o por las estrategias de recuperación patrimonial. En sus aspectos más negativos podemos contabilizar algunas políticas de renovación de áreas urbanas que determinaron expulsar la población que vivía en ellas. El resultado es una suerte de efecto de bomba neutrónica, donde se salvan los edificios y se pierde la gente.” Podemos extender esa observación hacia todo el patrimonio artístico o arqueológico momificado y alejado del gran público, pues es posible verificar que algunas estrategias deciden salvar los objetos y perder la gente. Véase: Gutiérrez, Ramón. “El valle del Colca (Arequipa). Cuando patrimonio es desarrollo”. En: Gutiérrez, Ramón (coordinador). El valle del Colca. Patrimonio es desarrollo, Ministerio de Asuntos Exteriores de España - AECI, s/f, p. 10.
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