Edición 95
17 de octubre, 2005

 Director: Gerardo Barraza Soto    Editor: Giancarlo Stagnaro
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La polémica del Rómulo Gallegos
La distinción dada a El vano ayer, del novelista Isaac Rosa, sigue despertando posiciones encontradas. En esta oportunidad, los comentarios vertidos por el crítico literario español Ignacio Echevarría son motivo de respuesta.

            He leído las reflexiones de Ignacio Echeverría acerca del Premio Rómulo Gallegos de Novela 2005, publicadas el viernes 26 de agosto de 2005 en la Revista de Libros de El Mercurio de Santiago de Chile. Para mi sorpresa, no he visto hasta ahora ninguna respuesta a esas líneas; me animo, por eso, a plantear algunos reparos que me parecen imprescindibles.
            Debería comenzar por recordarle al lector desprevenido que desde fines de 2004 Echeverría sostiene una campaña personal contra el diario español El País, al que acusa de haberlo censurado. No desmiento ni respaldo la acusación; sólo la menciono para reconstruir con objetividad el horizonte en que habría que encuadrar correctamente el artículo al que me refiero. El primer párrafo de éste, en efecto, arremete contra El País por haber casi silenciado el hecho de que el premio que financia el Estado venezolano haya recaído este año en el joven escritor español Isaac Rosa y por haber cedido espacio en sus páginas, en cambio, a “Réquiem por un galardón”, ensayo en que el crítico venezolano Gustavo Guerrero denuncia la manipulación del Premio por parte del gobierno de Hugo Chávez. Los dobleces del artículo de Echeverría se inauguran con esta conversión metonímica de Guerrero en un blanco más de una guerra emprendida, antes de la concesión del Rómulo Gallegos, contra una empresa editorial.
            Es necesario detenernos en los señalamientos de Guerrero que lo han convertido en involuntario instrumento de dicha maniobra. El venezolano, en su ensayo, sugería que los aparatos culturales del chavismo decidieron homogeneizar políticamente la composición del jurado, temerosos de que se repitiesen los incidentes de la entrega anterior, en la que Fernando Vallejo, el prestigioso novelista colombiano, se atrevió a declarar su desacuerdo con el sistema de ideas con que el gobierno de Chávez se identifica. A mi entender, el de Guerrero es un escrito mesurado, coherente, no ajeno a los matices, que no vacila en reconocer méritos a Rosa sin por ello dejar de recalcar que las circunstancias en que su obra se premia son turbias. En contraste, el artículo de Echeverría, lleno de estridencias, asevera que Guerrero habla desde el “liberalismo radical al que son tan afectas las plutocracias” y que ha contribuido a que se cometa una “iniquidad” contra Rosa. Para colmo, se afirma que hay “desalentadora miseria intelectual” tanto en el ensayo de Guerrero como en otro del mexicano Christopher Domínguez Michael, que ha coincidido con varios de los pareceres de “Réquiem por un galardón”.
            La iniquidad o la miseria, creo, surge cuando se reducen los razonamientos de Guerrero o Domínguez Michael a pobreza del intelecto o a “liberalismo radical”. Estoy familiarizado, por motivos profesionales y por vocación, con la crítica y el ensayo de lengua española que se producen tanto en las universidades como en los círculos literarios y los periodísticos. Francamente, se me hace muy difícil dar con nombres de críticos de la generación de Guerrero o Domínguez Michael que los aventajen en la solidez de su formación o en la solvencia de sus volúmenes y trabajos breves, que ya constituyen puntos de referencia en muchas materias, desde historia de la poética en la tradición occidental hasta el estudio concreto de autores, textos y fenómenos de naturaleza colectiva en el siglo XX y lo que ha transcurrido del XXI.
            Con respecto al costado político de sus argumentos, Echeverría saca la conclusión adicional de que la supuesta animadversión contra la novela de Rosa se debe a que esté dotada de “una explícita voluntad de interpelación política, emitida desde un punto de vista inequívocamente izquierdista”. La falta de capacidad para el matiz que he destacado anteriormente también se observa aquí, pues Echeverría parece pertenecer al bando de los que juzgan que en el campo político hay esencias no sujetas a las circunstancias o al paso del tiempo, substancias “inequívocas” (por lo tanto, que algo como el célebre Axis of Evil –eje del mal– de Mr. George W. Bush pueda ser también posible). En líneas previas, Echeverría nos revela su aporía: “Parece evidente que en la impugnación, por parte de algunos, del nuevo Premio Rómulo Gallegos tiene mucho que ver la comprensible aprensión que el grosero populismo de Chávez despierta en muchos intelectuales”. ¿Cómo acusar a El País de silenciar hechos importantes cuando el que lo hace a su vez silencia lo que da pie a las preocupaciones de Guerrero? Se le resta importancia al argumento principal de “Réquiem por un galardón” (la transformación del premio en parte de la maquinaria de un régimen “grosero” y “populista”, es decir, sólo equívocamente de izquierda) para inflar, gracias a una mala lectura, lo que da la impresión de constituir una embestida contra Rosa. Desde luego, materializar ese ataque que no está en los renglones de Guerrero es necesario para poder atacar a El País.
            Echeverría, además, se ocupa en varios párrafos de inventar el agua tibia; se empeña en sostener algo que nadie sensato desconoce: que en literatura todo es político, incluso lo apolítico. A lo que podría añadirse: y usted, Echeverría ¿no homologa en el campo de la cultura las operaciones del Ego Monádico burgués (tomo la frase de Fredric Jameson) cuando intenta acumular grandes porciones de capital simbólico amparándose en la injusta explotación de discursos ajenos para sus propios fines? Queda bien, es fuente de distinción, ser de izquierda a costa de convertir a los demás, sin ton ni son, en vulgar gente de derecha... Si a otros equívocos vamos, Echeverría aprovecha la ocasión para rebajar también a Fernando Vallejo diciendo que su gesto de dar el dinero del premio a la Sociedad Protectora de Animales fue un “inofensivo ademán execratorio”, “malditismo de estirpe romántica”. Lo cierto es que la inofensividad de Vallejo tuvo el efecto de poner en guardia a los funcionarios del chavismo que se aprestaron a domesticar el premio y a evitar que siguiera siendo tribuna para la crítica.
            Cuando el joven Vargas Llosa ganó el Rómulo Gallegos, en tiempos de la Venezuela Saudita, donó su dinero al opositor partido venezolano de izquierda Movimiento al Socialismo (MAS). Me pregunto cuál habrá sido el destino del cheque de la última entrega, ocurrida en un país radicalmente empobrecido, dividido y convulsionado por más de un equívoco que las derechas que son de izquierda y las izquierdas que son de derecha han engendrado. En este mundo parece haber demasiados San Jorges que echan fuego por la boca.

> Miguel Gomes
Escritor venezolano, docente de la universidad de connecticut-storrs (Estados Unidos)


Isaac Rosa (Izquierda) recibe el premio Rómulo Gallegos.



Ignacio Echeverría.



Gustavo Guerrero.