“El término de ‘pacto’ me sedujo: evoca imágenes mitológicas, como esos ‘pactos con el diablo’ donde uno moja la pluma en su propia sangre para vender su alma...”. Esta frase de Phillippe Lejeune, lejos de alejarnos por los caminos del excurso, nos acerca a un hecho muy actual: la reciente edición que el tercer número de la Revista Hostoniana aporta a los estudios peruanos.
Esta edición de 350 páginas reúne el trabajo reciente de 70 escritores que actualmente viven en Estados Unidos. Bajo la dirección del novelista peruano de origen judío Isaac Goldemberg –y la edición especial del poeta Roger Santiváñez–, la Revista Hostosiana presenta un conjunto diverso de producciones, sea en narrativa, poesía o crítica literaria, que ilustra la experiencia foránea, en el mayor de los casos, o los intereses temáticos que transitan sus autores.
He comenzado citando a Lejeune, porque es imposible no establecer una lectura autobiográfica de los autores seleccionados. De hecho, los paratextos, es decir, las diversas señas externas de esta edición, así lo aseguran: desde el título “Destellos digitales”, referencia directa a la escritura de César Vallejo en París, esto es, en el exilio, como lo explica Santiváñez en la presentación del número; hasta la idea de hacer una edición de autores peruanos en Estados Unidos.
Vender el alma al diablo, o al mercado, desde una perspectiva más secular o actual, no aparta del todo el drama religioso, presente en el ritual de escribir la “verdad”. De hecho, la idea de pacto, mejor que la de contrato –para Lejeune, prosaico y notarial–, capta mejor el sentido de autoridad, que también emana del sistema religioso, en el que se inscribe la escritura autobiográfica. Este drama, menos espiritual en un autor que en otro; menos eficaz en un texto que en otro; se adhiere a narrativas típicas de la lejanía como la nostalgia, el sentimiento del exilio y la experiencia del extranjero o, en un sentido más existencial, del extraño.
Particularmente, pienso que la lectura de algunos autores, presentes en esta selección, gana interés en la medida en que el pacto autobiográfico funciona. Textos en otras circunstancias, anodinos, a la luz de este acuerdo de producción y de lectura, documentan experiencias límites, donde la exclusión del sistema –sea el idioma o el factor económico– constituye en algunos casos sujetos textuales, particularmente agresivos, que se defienden con el desprecio.
Esta selección, que reúne el trabajo de 70 escritores, pudo ser más grande. Sin embargo, muchos no atendieron al pedido y otros no cumplieron con sus colaboraciones, señala el editor en su presentación. En otras palabras, las 350 páginas podrían haber sido el doble y el número de escritores mayor.
¿Qué hacen tantos escritores peruanos en Estados Unidos? Éste es un tema interesante para la historia intelectual. A ellos habría que sumar otro tanto de escritores bolivianos y ecuatorianos y colombianos y chilenos y el doble o triple de argentinos y mexicanos y brasileños, etcétera, para no presentar este fenómeno como exclusivamente peruano. La pregunta, entonces, se modifica: ¿qué hace buena parte del sistema literario latinoamericano en Estados Unidos? Y si vamos interpretando el asunto en términos de historia intelectual, esta situación no se reduce a la literatura: una cantidad importante de historiadores, sociólogos y antropólogos realiza su trabajo en este país. En consecuencia, ¿qué es Estados Unidos?
Dejo esta pregunta como si fuera retórica y reviso el contenido de Revista Hostosiana.
La narrativa
Esta sección compuesta por Laura Riesco, Gregorio Martínez, Eduardo González Viaña, Jorge Ninaypata, Christian Fernández, Walter Ventosilla, Héctor Velarde, Rodolfo Pereira, Manuel Rilo, César Céspedes, Diego Trelles, Daniel Alarcón, Hugo Ruiz Campuzano, Beto Ortiz, quienes presentan relatos; Isaac Goldemberg, Gladys Susana Guzmán, Alejandro Sánchez Aizcorbe, José Alberto Bravo de Rueda, José Castro Urioste, Fredy Amílcar Julio León, quienes publican fragmentos de futuras novelas; y Raúl Soto, con un texto no ficcional “Consejos para los recién llegados”, aborda diversas problemáticas, como la ilegalidad en el caso de Riesco, la vida en los espacios de migrantes, representada por González Viaña, o la experiencia de un judío peruano en Nueva York, en el texto de Goldemberg. Se trata de una sección irregular, que expresa maestría en los textos de Ninaypata, Fernández, Martínez y los antes referidos, pero también cierto horizonte amateur frente a los cuales resaltan los primeros.
Los poemas
Es interesante cómo la dicción de los poetas recoge elementos referenciales muy precisos del espacio norteamericano. La fuerte tradición realista, presente en narrativa y que la lista arriba señalada no hace más que confirmar, tiene en los poemas también un campo de expresión. Ya sea como experiencia del nuevo lugar, el espacio estadounidense determina la percepción y es parte constituyente de muchos de estos poemas escritos “aquí”.
Esta sección, incluye poemas de Julio Ortega, Raúl Bueno, Cecilia Bustamante, José Cerna Bazán, Mario Montalbetti, José Antonio Mazzotti, Eduardo Chirinos, Jaime Urco, Rocío Silva-Santisteban, Sandro Chiri, Mariela Dreyfus, Jorge Frisancho, Victoria Guerrero, Oswaldo Chanove, Alfredo Elejalde, Ericka Ghersi, Odi Gonzales, José Luis Falconí, Luis Chávez, Enrique Bernales, Chrystian Zegarra, Carlos Villacorta, Enrique Bruce, Marita Troiano, Rafael Dávila-Franco, Lorenzo Helguero, Rocío Uchufen, Pedro Granados, Miguel Ángel Zapata y Ulises Gonzales.
La crítica
La sección de crítica literaria es la más extensa de esta entrega. Reúne el trabajo de críticos representativos para el latinoamericanismo como José Miguel Oviedo, Sara Castro Klaren y Eugenio Chang Rodríguez; y críticos más jóvenes como Jesús Díaz Caballero, Pedro Lasarte, Rocío Quispe-Agnoli, Paul Firbas, Roberto Forns-Broggi, Federico Chalupa, María del Miladro Lozada, Iván Ruiz Ayala, Margarita Saona, Luis Ramos García, Janine Montauban, Lydia Fossa y Juan Zevallos Aguilar.
El texto de José Miguel Oviedo revisa el trabajo poético de Carlos Germán Belli, señalando una continuidad creativa entre sus primeros libros y el último, La miscelánea íntima, publicado en 2003. Se trata de un poeta activo, con un estilo muy definido, que se inspira en la retórica del romancero y de la poesía clásica española, y que en este libro, para el crítico, aborda el sentido último de la existencia determinada por la mortalidad.
Por su parte, Sara Castro Klaren presenta una lectura distinta de la autobiografía de Gabriel García Marquez, titulado Vivir para contarla. Este acercamiento acierta en la medida en que se distancia de la lectura ingenua al que este libro fue afecto cuando apareció en 2002: es decir, aquella que pretendía establecer “verdades” y continuidades entre, digamos, la biografía del autor y estas memorias, que, como todas las de su género, más que expresarnos la “verdad”, nos presenta las figuraciones que un sujeto de escritura construye para sí. En esta dirección, Castro Klaren se ocupa de identificar el tipo de percepción que define a la escritura del autor de Cien años de soledad a la luz de su historia de vida. Una percepción que a la crítica se le revela sinestésica y tiene que ver más con la cultura oral en que se formó el autor que en un programa de lo real maravilloso, en los términos de Alejo Carpentier. Esta lectura permite una entrada distinta a la obra de García Márquez y lo libera un poco de tanto discurso crítico que ha insistido en fosilizarlo en lo real maravilloso, evitando identificar el carácter diferencial de su escritura.
Eugenio Chang-Rodríguez se ocupa brevemente de Antenor Orrego y con él del ensayo peruano, mientras que Díaz Caballero establece similitudes y diferencias entre los narradores de Don Quijote, Comentarios reales y Libros plúmbeos.
Destaca el carácter diverso de esta sección que muestra los distintos rumbos de investigación de sus autores. Entre ellos, interesa, sin duda, el trabajo de Paul Firbas, quien analiza el discurso sobre Lima como mujer; y el de Rocío Quispe-Agnoli, quien estudia los desplazamientos entre el bien y el mal en el mundo colonial andino.
Cierra esta sección una entrevista de Juan Zevallos Aguilar a la peruanista Maureen Ahern, quien fue parte en un momento y luego dirigió la revista Haravec en la década de 1960. Esta publicación, que permitió la difusión de lo peruano en el ámbito anglosajón, es uno de los primeros pilares de esa relación entre Estados Unidos y el Perú, y que hoy explica esta edición hostoniana. El dialogo, además, ilustra muy bien el entonces joven campo literario peruano.
El Perú
¿Qué podemos pensar del Perú, a propósito de esta entrega? Nada con claridad. Aparte del trabajo crítico que busca aportar elementos que expliquen el devenir cultural de las representaciones peruanas, el trabajo de los narradores y poetas presentes en esta edición poco tiene que decirnos acerca del Perú como Nación. De hecho, el propio trabajo crítico ha preferido el análisis aislado, evitando preguntas generales sobre el país, sus condiciones futuras, sus elementos de identidad.
Esto no es ningún reproche temático. Más bien permite constatar que para los escritores peruanos las narrativas nacionales no son ninguna prioridad. En otras palabras, que el proceso de imaginar el Perú, iniciado con la República, no tiene ya un carácter vinculante. La narrativa nacional de entonces ha fracasado y una noción pragmática de peruanidad se impone: el hecho de haber nacido en esa republica, pospuesta de un lugar más gravitante en el actual orden mundial. Así, el exilio deviene más que político, económico; más que cultural y social, existencial.
No obstante, la experiencia del Perú determina todas estas escrituras. Lejos de todo chauvinismo, estas empresas personales comparten no un proyecto de país; pero sí la experiencia de sus lugares, de sus lógicas, de su totalidad contradictoria, como diría Antonio Cornejo Polar. Esta pertenencia a un espacio históricamente inviable y poco amable establece la extraterritorialidad en tierra extranjera, marcada por una nostalgia ambigua. En algunos autores, la experiencia del Perú como punto de referencia permite posicionamientos agresivos, que se expresan en cierto desprecio de la cultura estadounidense; en otros, el Perú complota contra un destino personal más feliz. “Todo es según el cristal con que se mire”, dice el lugar común, y creo que los textos incluidos en esta edición de Revista Hostosiana, a todas luces un documento sobre lo peruano, lo confirman.
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