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| La migración peruana en el exterior |
| Realidades
y tendencias |
| El alejamiento de los peruanos hacia el exterior es un fenómeno creciente que requiere de distintos enfoques: desde los sociales hasta los económicos y culturales. Las cifras nos hablan de un número cada día mayor de inmigrantes, pero también de historias de desarrollo
y prosperidad, así como de noticias dramáticas. |
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El Estado peruano debe concebirse
y adecuarse
para actuar
no únicamente
en el territorio nacional,
sino donde
los peruanos
como personas
se desenvuelvan
y sus intereses
se desarrollen.
La migración como fenómeno moderno
La migración internacional es un fenómeno mundial moderno que afecta a millones de personas en todo el planeta. Su base es mejorar las condiciones y la calidad de vida que en la realidad los países de origen no son capaces de proporcionar y que los países receptores no siempre proporcionan cabalmente. Ello, al mismo tiempo, implica un traslado de capacidades humanas que afectan al país de origen, ya que la migración internacional recorre todas las clases sociales. Conforme nos adentremos en el siglo XXI, este fenómeno tomará nuevas formas y mayores dimensiones, por lo que es importante un enfoque de mediano y largo plazo del mismo.
En el caso peruano, la migración internacional como fenómeno de masas es muy reciente –se ubica cronológicamente en la segunda mitad de la década de 1990 en adelante– y muestra zonas de concentración en el mundo muy definidas: Estados Unidos, Europa, Japón y los países vecinos de América del Sur de habla hispana. En el plano social, las tendencias muestran que las clases bajas peruanas se orientan principalmente a los países vecinos en busca de trabajo, mientras que las clases altas prefieren a Estados Unidos. Los sectores medios muestran un mayor nivel de expansión territorial y sus demandas incluyen educación y oportunidades de empleo. En 2005, bordearemos la cifra récord de 3 millones de peruanos en el exterior. Más del 80 por ciento de ese numero envía dinero en efectivo (remesas) a sus familias. La inmensa mayoría de migrantes peruanos no pierde vinculación con su patria.
Una nueva teoría de la nacionalidad
El fenómeno mencionado nos plantea una actualización de las teorías de la nacionalidad, ya que no se trata de la salida de ciudadanos peruanos a otros países sino de la conformación de comunidades organizadas de compatriotas que realizan una serie de actividades relacionadas con su país de origen. En resumen, la peruanidad no se pierde cuando los peruanos salen del territorio nacional, sino que toma nuevas características. Así, el concepto de Nación no se queda solamente en la tradicional conjunción de territorio, población y gobierno, sino que la nacionalidad debe extenderse incluso a los peruanos que por mil razones se trasladan a cualquier otro país del planeta.
Este orden de ideas plantea que el Estado peruano debe concebirse y adecuarse para actuar no únicamente en el territorio nacional, sino donde los peruanos como personas se desenvuelvan y sus intereses se desarrollen.
Como primera consecuencia de este concepto, un eje importante de la política exterior moderna de nuestro país (como lo es para otras naciones) es la defensa de sus ciudadanos en el extranjero, lo cual exige una concepción integral que incluya su información migratoria, la promoción de la labor de los consulados y embajadas sobre los migrantes, y la generación de vínculos entre ellos y el país de origen, en especial los económicos y los culturales. Esta concepción integral exige también que no solamente el Ministerio de Relaciones Exteriores adopte dicha política, sino que los otros sectores o gabinetes se involucren en un plan integral.
El Ministerio de Relaciones Exteriores realiza una encomiable labor de apoyo a los migrantes, pero debe mejorarse la capacitación a cónsules y representantes oficiales peruanos en el exterior, a fin de brindar un más óptimo y rápido apoyo a nuestros connacionales. El tema ha tomado tal importancia para otros gobiernos que cuentan con autoridades a cargo de este tema, que depende directamente de la más alta autoridad ejecutiva. Por ello, proponemos que la Presidencia de la República cuente con un Consejero sobre la Migración Peruana en el Exterior que presida en su representación un comité interministerial con la participación de la sociedad civil.
Es cierto que los peruanos inmigrantes tienen vigente el derecho de elegir a las autoridades nacionales. Existe en el Congreso de la República un proyecto de ley que plantea la formación de una circunscripción (distrito) electoral especial de los residentes en el exterior (actualmente son parte del distrito electoral de Lima), lo que posibilitaría una cuota de representación en el Congreso y podrían elegir a un peruano residente en el extranjero que quiera representar los intereses de este sector en el Parlamento. Es importante que dicho proyecto se concrete en ley nacional.
La revolución de las remesas
Otro fenómeno extraordinario lo constituye el tema de las remesas procedentes del exterior hacia las familias peruanas. Se estima que este año llegarían al Perú unos mil 500 millones de dólares por dicho concepto: se trata sin duda del sector de la PEA peruana más “activa” (económicamente hablando) que –paradojas de la vida– no reside en el país, y cuyo impacto económico es tan contundente no sólo en la microeconomía, sino en la macroeconomía nacional. Ciertamente, casi la totalidad de esas remesas son dedicadas a gastos de consumo, pero si todo ese dinero líquido que ingresa fuera destinado a inversión, ciertamente su efecto se duplicaría. Corresponde entonces al Gobierno ofrecer las condiciones adecuadas para que dicho capital pueda servir en generar empresa o para proyectos de inversión locales que dinamicen la economía familiar, tanto la local como la regional, de ser posible.
La importancia del fenómeno migratorio peruano exige que superemos la etapa de verlo como un tema de carácter personal. Es responsabilidad del Estado elaborar y ejecutar un Plan Nacional de Vinculación con las comunidades peruanas en el exterior. Debe quedar en claro que éste no será sólo responsabilidad del gobierno de turno, sino que debe propiciarse la participación tanto de la sociedad civil como del sector empresarial. No se trata de una planificación de aspectos administrativos, sino, principalmente, de aspectos económicos, sociales y culturales.
Asimismo, otras agencias gubernamentales (inclusive la Defensoría del Pueblo) deberían constituir áreas especializadas sobre migraciones si sus funciones así lo ameritan.
La migración y los medios de comunicación
Es importante reconocer el papel de los medios de comunicación en informar y educar a los peruanos sobre sus derechos como migrantes, hacer conocer las normas y convenios internacionales que los amparan y evitar el tráfico, la explotación y el engaño a personas con falsas promesas de prosperidad. Los delitos que cometen algunos malos peruanos en el extranjero perjudican a nuestras comunidades en el exterior y dañan la imagen del país. Por eso, los medios de comunicación deben sensibilizar a la opinión pública para reducir dicho riesgo e incluir las noticias positivas de quienes hacen vida y trabajo lejos del país.
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> Vicente Sánchez Vásquez
Presidente del grupo Perú Mundo
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Al pie del orbe
El reciente asesinato de Enrique Arturo Ángel Hurtado, a manos de una banda de xenófobos, se aúna a la lista de trágicas y absurdas muertes, en distintas partes del mundo, de Édgar Vera Morante, Agnes Santistevan Wensjoe, Isaac Gómez Chapilliquén, Levis Ramírez, Giancarlo Paitamala y Mónica Rivera. Asimismo, muchos abusos, como el cometido por la Policía española contra Juana Moreno Alca, demuestran que el nivel de desconfianza hacia los peruanos que residen y trabajan en naciones extranjeras se incrementa de manera alarmante. ¿Qué escenario se configura para los compatriotas que, en busca de un futuro de mejoría, abandonan el Perú, en vista de que las oportunidades en su país natal escasean?
Ya nos comenzamos a acostumbrar a las noticias de esta índole, de carácter policial, quizás un poco al mismo ritmo en que nos acostumbrábamos a las noticias de asesinatos y dolor en la sierra ayacuchana hace 25 años. Lo cierto, lo evidente, es que el fantasma de la intolerancia vuelve a recorrer Occidente a sesenta años del final de la Segunda Guerra Mundial.
Atraídos por el sueño de la prosperidad en las sociedades igualitarias y el Estado de bienestar, millones de personas emigraron hacia los países democráticos capitalistas. Eso posibilitó la constitución de cuerpos multiculturales en el interior de dichas sociedades y durante las décadas pasadas se promovió un discurso políticamente correcto de tolerancia hacia el otro. Lo interétnico adquirió la forma de una moda, como la world music o la composición de la selección francesa en 1998.
Sin embargo, todo cambió con los atentados del 11 de setiembre de 2001. La globalización económica abrió paso a la globalización paranoica: la movilización de gigantescos ejércitos no sólo es una muestra obscena de poder, sino que indica un auténtico terror e incomprensión hacia el mundo.
Para el psicoanálisis, el discurso racista representa la fantasía de la sustracción del goce. Es decir, los “extranjeros” vienen a mi país a “robar” mi dinero, mis cosas, mis costumbres, mis mujeres, mi arte, mi lengua. En una época como la actual, donde todo es efímero y volátil, sujetarse a discursos como el fascista –tal como lo hace Jean-Marie Le Pen en Francia– es pretender otorgar un sentido férreo, puntual, a la existencia. Con las mismas premisas operan los integrismos islámicos y ciertas alucinaciones políticas que dividen a la humanidad entre buenos y malos.
Si bien es cierto, siguiendo a Lyotard, que los grandes relatos e ideologías han caído, no menos cierto es que los pequeños relatos –como los fundamentalismos de toda índole, incluidos los económicos– compiten entre sí por la supremacía. Y siempre la madeja se rompe por el lado más débil. En este caso, quienes encarnan ese caudal de absurdo odio y resentimiento: los migrantes.
¿Hasta cuándo durará esta situación? Sólo hasta que las sociedades democráticas recuperen su norte, su razón de ser, detengan la oleada racista también desde la perspectiva educativa y no confundan seguridad con discriminación. La democracia no sólo significa una fecha dada en la Historia, sino que se construye día a día, a partir del respeto mutuo –y no sólo la tolerancia– entre sus distintos integrantes.
Giancarlo Stagnaro
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