En 1978 apareció la primera edición de Clases, Estado y Nación en el Perú. Parte del análisis que Julio Cotler esbozaba en ese libro ha sido corroborado por el tiempo. Por ello, poco ha cambiado en la reciente edición del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). “La única diferencia es que tiene un prefacio. De haberlo hecho, hubiera tenido que escribir otro libro. En el prefacio indico cosas en las cuales no estoy de acuerdo y otras que habría que matizar”, refiere.
Después de 27 años, ¿qué le produce constatar que los gobiernos han hecho poco por fortalecer nuestro Estado?
–Hay una protesta contra el carácter patrimonial de la política. Cuando se habla tanto de la democratización de los partidos, ¿qué es lo que estamos diciendo? “Oye, tú no eres dueño de un partido”. ¿Después de cuántos años? El libro se desarrolla alrededor de la lógica patrimonial y, por lo tanto, su otra cara es la clientelar, no sólo en la vida política, sino en el Estado y las instituciones. El interés que tuve entonces fue mostrar que todo se funda en una estratificación étnica estamental. Pero habría que preguntarse: ¿por qué en el momento en que escribí ese libro ningún historiador había hablado sobre la república de indios y la república de españoles?
¿Y cuál es su respuesta?
–Me encontré con otra historia. En el Perú existe una corriente revisionista desde 1970. Hoy tenemos maravillas, una historia asociada con problemas filosóficos. Cuando uno piensa en los cambios del Perú, se queda impresionado no sólo en el ámbito material, sino en el de las ideas.
En su libro usted se refiere a la clase propietaria...
–Mariátegui es el que usa la palabra “propietario”. Es una cuestión interesante, porque entonces yo también me encontraba con no saber cómo definir a aquellos que no eran señores feudales. Leer a la historiadora Carmen Mc Evoy, por ejemplo, nos permite tener una visión totalmente distinta de lo que fue el siglo XIX en el Perú.
Ella ha editado un libro en España, en donde ha incluido el artículo “Del pisco al champagne”. Allí, un gran señor del guano lleva a sus hijas a casarse con príncipes italianos que no tenían dónde caerse muertos. Él, más bien, poseía libras esterlinas y minas de oro. ¿Qué es eso? ¿Burguesía? ¿Rentistas? Todo eso tiene que ver con países de rentas y el Perú continúa siendo un país de rentas. La renta minera está allí. Vivimos a partir de eso, no de impuestos ni de producción.
“Blanqueamientos”
Lo opuesto a clase propietaria es una clase sin propiedad...
–Pero que busca “quítate tú para ponerme yo”. Lo que digo en el prefacio es que el libro da la impresión de ser confrontador. Unos contra otros. Dominados y dominantes. Indios y blancos. En cambio, sugiero que el Perú posee una estratificación social mucho más porosa. Usted observa y encuentra que hay negros, mestizos, japoneses, de todo. Se habla mucho de la discriminación racial, pero aparece un Máximo San Román, un Fujimori, judíos como ministros de Relaciones Exteriores. Usted tiene plata acá y se “blanquea”. Hay mucha porosidad, aunque no quiero decir que no exista estratificación ni jerarquías muy claras.
¿No le parece que una oposición a este “blanqueamiento” es el etnocacerismo? Reivindica una etnia, reconoce crisis en el poder político y en el económico; pelea un espacio...
–Conozco a Isaac Humala, fue compañero mío en la Universidad de San Marcos, y en este momento hago proyecciones de 50 años, con todo lo que eso significa. Él era un arribista impresionante que descubre que el uso del discurso étnico es muy importante para subir, conseguir recursos, amenazar y tomar el poder. Va a llegar a tenerlos y estoy convencido de que con más importancia de lo que la gente se imagina. Entre los humalistas, los fujimoristas y no se quién más pasarán tranquilamente la valla del 4 por ciento. Y el aprismo se ha dado cuenta de que si el próximo gobierno no establece alianzas, no gobernará.
¿La propuesta de Humala no es legítima por ser arribista?
–Resulta muy instrumental. El Perú es un país donde el discurso: ”los blancos se apoderan de todo”, no los ricos, sino los blancos, en contra de los cholos, es efectivo, y no les falta razón, porque los pobres y miserables son los indígenas del Perú. Pero la gran revolución es que todos ellos tienen voto.
En Italia hay peruanos que quieren modificar la ley para que los que viven fuera postulen al Congreso...
–En nuestros países se han abierto en exceso las posibilidades políticas y no se han restringido. El Perú es considerado en el mundo académico como el caso clínico más extraordinario, porque muestra mucha fragmentación política y no pasa nada. ¿Saben cuántas listas se presentaron a las elecciones municipales? 460. Estamos como en Bolivia. Hay que poner orden, si no, ¿cómo se gobierna así?
¿Poner orden en los movimientos sociales?
–¡No! Que se canalicen políticamente.
|