Una gran parte de la muestra Amazonía al descubierto constituye la continuación de dos experiencias anteriores con amplia acogida entre el público limeño: El ojo verde, cosmovisiones amazónicas (2000), curada por Gredna Landolt y Pablo Macera; y La serpiente del agua (2002), curada también por Landolt. Ambas exposiciones tuvieron el mérito de sacar del habitual contexto museístico algunas piezas consideradas etnográficas, pero poseedoras de una admirable carga estética y simbólica; además, revelaron insospechados talentos artísticos entre los pintores de las cosmovisiones presentadas. Estas exhibiciones constituyeron un primer gran encuentro con el mundo material y estético amazónico.
A diferencia de las muestras anteriores, Amazonía al descubierto busca consolidar la presencia de artistas indígenas con identidad propia, quienes como voceros de sus culturas han hecho posible esa tarea después de un largo proceso de búsqueda y asimilación, generando logros extraordinarios que combinan diversos aspectos de su cultura material tradicional, adaptándolos con creatividad a nuevos formatos y técnicas –y utilizando un lenguaje más cercano y fluido que permite una lectura asequible del espectador.
Los dueños del mundo, curada por Pablo y Javier Macera y realizada por los artistas Lastenia Canayo (shipibo-conibo) y Enrique Casanto (asháninka), es un claro ejemplo de ello, que nos remite al notable trabajo realizado por el doctor Macera y el Seminario de Historia Rural Andina (UNMSM) en la investigación, recopilación y divulgación de la tradición oral y la plástica de distintos pueblos indígenas de la Amazonía peruana. Cabe resaltar que este instituto continúa acompañando a importantes artistas cuyas obras están estrechamente vinculadas con su tradición oral.
En este caso, el trabajo de Enrique Casanto, sabio conocedor de las tradiciones y los mitos asháninkas, ofrece un repertorio de los dueños del mundo, seres protectores de la naturaleza y considerados dueños, madres o padres de las plantas, animales y objetos inertes.
El caso de Lastenia Canayo García resulta interesante por la versatilidad con que la artista shipibo-conibo combina el conocimiento de la tradición oral de su cultura y el diestro manejo de técnicas expresivas. En la muestra –y acostumbrados a apreciar sus pinturas– sus bordados resultan gratamente sorprendentes y permiten apreciar algunos de esos guardianes shipibo-conibos.
Hay que referir que en los imaginarios de estos pueblos, los dueños del mundo presentan formas antropomórficas; además, sus cuerpos poseen atributos físicos del animal o la planta que resguardan. Gracias a la existencia de los dueños del mundo, las diversas formas de vida están protegidas por los espíritus que habitan en ella.
Aves y personas
Javier Macera y Belén Soria –investigadora del Seminario de Historia Rural Andina– presentan Juan Santos Atahualpa, Josecito y otros guerreros, tema que desde hace algunos años los curadores trabajan con el artista y que nos revela visualmente información histórica sobre la gran rebelión panamazónica del siglo XVIII, desde el punto de vista indígena; así como la existencia de personajes como Josecito, hijo y sucesor del líder Juan Santos Atahualpa, y otros guerreros y seres míticos relacionados con el origen de los clanes y las actuales comunidades.
Es probable que los artistas shipibo-conibos Elena Valera y Roldán Pinedo sean los de mayor trayectoria. Gredna Landolt, curadora de esta muestra titulada Es nuestra costumbre, ofrece su cotidianidad desde las actividades de caza, pesca y elaboración de cerámica, en las que el buen vivir está vinculado con la armonía, con los espíritus que habitan los diferentes espacios, visibles e invisibles, encargados de mantener el equilibrio y la unidad en el universo.
La habilidad plástica y estética de estos artistas que utilizan sus nombres indígenas los ha situado en un lugar privilegiado, al plasmar con verdadera maestría la técnica ancestral de la pintura con tierras de color y tintes vegetales, y recrearla, de una manera novedosa y singular. Actualmente, sus obras circulan en un mercado tan competitivo como es el del Museo de Arte de Lima.
Lucy Trapnell presenta Cuando las aves eran personas, del artista asháninka Eusebio Laos Saldavila, con quien publicó “Obirentsi; una ventana al mundo asháninka”. Esta vez exponen un conjunto de dibujos sobre cartulina de personajes mitológicos.
Hay que precisar que en las culturas amazónicas, los pájaros, especialmente los de plumaje colorido, constituyen metáforas ejemplares de la condición humana en medio de la naturaleza. No es sorprendente, por lo tanto, que los principales ritos: la iniciación de los adolescentes, la entrada a una sociedad de guerreros, el acceso a la jefatura de la comunidad y la culminación del aprendizaje chamánico se representen frecuentemente con un adorno de plumas distintivo.
Para los pueblos indígenas amazónicos, los pájaros poseen algunas cualidades propias que los aproximan a los hombres.
Visiones explosivas de la ayahuasca
La soga de los muertos, curada por el pintor iquiteño Christian Bendayán, con la asistencia de Gabriela Germaná, resulta una propuesta heterogénea y lírica.
La muestra, que tiene como hilo conductor a la ayahuasca (Banisteriopsis caapi), milenaria planta psicoactiva utilizada por los indígenas de la Amazonía con fines curativos y religiosos, presenta las obras de 30 artistas que comparten el encuentro con esta planta y su influencia en sus trabajos. Es un diálogo de artistas contemporáneos a través de proposiciones novedosas como la de Harry Chávez, quien adhiere gemas de vidrio y mostacillas al lienzo para componer espacios que fluyen entre el diseño tradicional indígena, el arte electrónico y las visiones de la ayahuasca.
Eduardo Villanes exhibe tejidos con minúsculas cuentas de vidrio translúcido, insertadas en cajas de luz y expuestas con proyectores de transparencia. No podemos dejar de mencionar al maestro Pablo Amaringo, que presenta dos pinturas con personajes y escenarios comunes en las visiones de la ayahuasca.
Mención aparte merecen los trabajos de los pintores indígenas Víctor Churay, Enrique Casanto, Rubel Katip, Gerardo Petsaín, Roldán Pinedo, Elena Valera, Rember y Santiago Yahuarcani. La muestra constituye un acercamiento distinto: extrae del contexto sagrado a la ayahuasca y la transforma en un hilo conductor, que transita entre lo propio y lo extraño, lo ritual y lo profano, lo ancestral y lo novedoso, y a través del cual se plasman distintas miradas y narrativas sobre el universo amazónico.
Esta exposición múltiple busca inculcar el respeto por la diversidad artística, cultural y lingüística de las poblaciones amazónicas, muchas veces excluidas de nuestro imaginario. Creemos que esfuerzos como este contribuyen al respeto y a las relaciones de equidad, desde una perspectiva intercultural, entre estos pueblos y la sociedad nacional.
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