Edición 97
21 de noviembre, 2005


ISSN: 1817-2423
 Director: Gerardo Barraza Soto    Editor: Giancarlo Stagnaro
 >lecturas
Los horizontes del tedio
El delicado y sinuoso límite entre lo real y lo simbólico caracteriza la poesía de Mario Montalbetti.
Su reciente libro no hace sino confirmar las peripecias filosóficas y verbales en que ha envuelto la praxis poética.

            La construcción del discurso lírico está regida por categorías abstractas que se supeditan a propuestas cognitivas, propias de las connotaciones lingüísticas. La representación del discurso poético estaría relacionada, pues, con modelos metafóricos y metonímicos que permiten una operación abstracta de la realidad. Sin duda, esta connotación refiere situaciones dinámicas que conllevan a organizar una comunicación a través de expresiones simbólicas (imágenes) para transmitir un modelo estético.
            La producción poética de Mario Montalbetti (Lima, 1953) se ha constituido en una de las voces más acreditadas de los últimos años. Con sólo cuatro publicaciones, desde su primer libro, Perro negro (1978), incursionó en el discurso amoroso y la aproximación filosófica, para inclinarse hacia los epigramas latinos en Fin desierto (1997) y Llantos elíseos (2002).
            En Cinco segundos de horizonte, la amplitud del mundo físico (horizonte) se reduce al diminuto espacio de la rutina (mundo simbólico): los recodos habituales se convierten, en consecuencia, en el único referente del poeta. Los versos fluyen continuamente para aludir campos semánticos referenciales, en los que el lenguaje sugiere modelos contextuales dentro de una condición necesaria y suficiente: la muerte como último recurso. Con las líneas expuestas a continuación no se pretende una visión analítica de los textos en cuestión, sino, por el contrario, una aproximación interpretativa de éstos.
            Tanto el primer poema como el último presentan un eje común: el pánico. La amplitud del horizonte tiende hacia la prolongación de la existencia en la obstinación del hombre por dominar el mundo; en consecuencia, el propósito del espacio inalcanzable lo conlleva al vacío para deshacerse de sí mismo. Este encuentro onírico e instantáneo se repite a lo largo del poemario para incidir en el enfrentamiento del mundo interior, pues, “si no encuentra nada que arrojar, hace algo plenamente romántico: escupe” (71).
            En “Alrededores de San Lorenzo” y “El ombligo del sueño”, las imágenes se acumulan en torno a la soledad. La contextualización del discurso responde al efecto del hartazgo como sensación de aburrimiento, donde todo parece repetirse y se recurre al tiempo cíclico: “Los trompos que se pierden / y reaparecen girando varios años después como fósiles” (20). Las ondas marinas que giran alrededor de la isla se reproducen en el escenario urbano hasta constituirse en un reflejo de hostigamiento: “Un pequeño automóvil, un óvalo cerrado / y la persistencia de una fuerza superior a la centrí / fuga” (27). El entorno sugiere un escenario reiterativo, al acopiarse los mismos objetos en cada instante para retener al individuo en el orden habitual.
            Esta reiteración de la realidad artificial construye estereotipos individuales y anónimos que acuden al exilio como tránsito a la muerte. Así, mientras en “El peruano perfecto” el tedio aísla al sujeto de su entorno hasta desaparecerlo, en “Pequeño ciclo lírico sobre el amor filial” la apropiación de la memoria excluye al individuo del entorno familiar. En ambos casos, la autorreclusión no sólo sugiere la exclusión del sujeto, sino su desasociación de la realidad, pues la muerte en el primer poema y la nostalgia en el segundo colman la necesidad de eludir la presencia física del hombre.
            Aunque lo erótico no constituye el eje del poemario, en “El inspector y la puta” y “La Venus dormida” se advierten brillos de sensualidad en el discurso. Por un lado, la belleza del cuerpo femenino (Venus) se deteriora a consecuencia del tiempo, corroyendo la armonía de la estética corporal; por el otro, la presencia de elementos pictóricos y sensuales advierte la interpretación de la corporalidad. Estos recursos sensoriales le confieren al poeta la exégesis lógica para indagar en la problemática corporal.
            Las imágenes expuestas por el poeta tienden hacia un carácter propiamente sensitivo. Montalbetti desarrolla instancias sensoriales para sugerir el hartazgo que produce el espacio urbano a través de situaciones cotidianas, propias del mundo moderno, así como de connotaciones eróticas ligadas a la insinuación verbal.
             La imagen del tedio reúne, efectivamente, los enunciados poéticos del discurso hasta conseguir la representación de mecanismos verbales que empujen al sentido reiterativo de la rutina. Sin embargo, la complejidad de un poemario supone la inserción de variantes metafóricas que superan un eje temático; de esta manera, el poeta apuesta por la reproducción textual de estados eróticos, donde la sensación corporal rebasa el ciclo de la cotidianidad.
            Si bien Mario Montalbetti admite la influencia del cine en la construcción de su discurso lírico, Cinco segundos de horizonte se perfila como una suma poética en la que la ansiedad y el abatimiento articulan la intención del autor para integrar las producciones artísticas como un ente totalizador. En ese sentido, Álbum del Universo Bakterial acierta con esta nueva publicación de una de las mayores voces de la poesía peruana última.

>Johnny Zevallos

 

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Mario Montalbetti.
Cinco segundos de horizonte.
Lima: Álbum del
Universo Bakterial, 2005.