| >Homenaje |
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| Presencia de Cecilia Bustamante |
| La escritora Cecilia Bustamante reside en Estados Unidos desde 1969. Cuatro años antes se hizo acreedora al Premio Nacional de Poesía del Perú en 1965 y se convirtió en la primera mujer que lo logró. Su recuerdo entre nosotros permanece. El homenaje de los amigos, también. |
En el justo homenaje tributado a Cecilia Bustamante, hace no más unos días, obré como un memorioso, y, como todos en este caso, junté algunos recuerdos dispersos, condensé el tiempo pasado, e hice que la mente se me convirtiera en un vasto mural, en que quedaron fijadas unas reminiscencias.
El testimonio se sustentó en los recuerdos que tengo de ella, y que van desde los comienzos de nuestra amistad en la lejana década del cincuenta; aunque, posteriormente, este frecuente trato se interrumpe cuando se ausenta del país; y, finalmente, de acuerdo con los tiempos modernos, la cordial comunicación entonces será merced al correo electrónico.
Esa vez el memorioso fue al grano, y en la abigarrada visión retrospectiva aflora, con sincera emoción, la amistad que tuvo Cecilia con mi madre, quien estaba esperanzada de que ella podría conseguirme la opción de que yo colaborara en algún diario limeño durante mi ardua permanencia en Nueva York.
El recuerdo de los amigos suele quintaesenciarse al final de cuentas en una imagen específica, que en el caso de nuestra homenajeada es el de una persona dotada de un inquebrantable vigor espiritual, enteramente enjundiosa, pero digámoslo mejor con una expresión americana inconfundible: la imagen de una mujer de ñeque.
Es una Eva del siglo XX, que contra viento y marea se yergue firmemente contra los consabidos avatares humanos, y que abrazará con fervor las corrientes feministas.
Pero, claro está, es muchísimo más que todo ello, porque el arte literario lo ha cultivado a lo largo de su vida, convirtiéndola en una sobresaliente escritora peruana. El memorioso deja en consecuencia el lugar al lector, y debo enseguida confesar que el poder de la evocación queda sobrepujado por el entusiasmo que he tenido al leer textos de ella, algunos de los cuales en realidad no los conocía, en la antología denominada Akray Paikuna: quince poetas mayores peruanas, editada este año en Bogotá.
Los libros suelen ser cosas socorridas y oportunas, como es justamente el florilegio realizado en Colombia. Pues, con motivo del mencionado homenaje, de allí me permití entresacar algunas composiciones de Cecilia Bustamante, con la salvedad de que en toda elección siempre hay una buena dosis de ineludible parti pris, ya que los temas elegidos son los de mi interés personal.
Por ejemplo, he aquí el poema El cosmonauta, evidentemente signado por las fabulosas novedades de nuestros tiempos, y que por el asunto que trata pertenece a ese repertorio poético peruano que se estrena con Juan Parra del Riego gracias a sus elogios futuristas del fútbol y la motocicleta.
Y de la extrema realidad, súbitamente nos replegamos al reino interior, a las recónditas entretelas, y es cuando ella se inclina por el amor familiar, sin duda enriqueciendo la tradición poética vinculada a esta temática, representada entre nosotros emblemáticamente por Vallejo y Valdelomar.
A la vera de las claras palabras de nuestra escritora –al conjuro de sus poemas limpios, como ella quiere que sean– nos hemos reunido hace algunos días, según dije al comienzo, y tan gratas circunstancias convirtieron a los familiares y amigos de Cecilia Bustamante –quienes asistieron en un buen número– en memoriosos, en lectores, en oyentes, que esa noche entrelazaron sus pensamientos y sentimientos, para reiterarle a pie juntillas nuestra amistad y admiración, que vienen de tiempo atrás.
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>Carlos Germán Belli
Fotos: Ralph Tomlison
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Cecilia Bustamante
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