Por momentos, las calles de Guadalajara nos recuerdan a Lima. Las bermas, la forma de las avenidas y las plazas seguramente son semejantes en las ciudades cosmopolitas de América Latina. Es asombroso comprobar cuánto nos parecemos, en nuestros eternos problemas y transitorios logros.
En ese sentido, la Feria Internacional del Libro se ha convertido, como afirman muchos editores europeos, en la vitrina cultural de América Latina, una ventana única en su género. Al ser Perú el país invitado de honor, se trata de una oportunidad de oro para el libro peruano. Y también para nuestros editores y escritores. Poetas, narradores, periodistas, críticos literarios, historiadores, gastrónomos y estudiosos de la cultura y el arte peruano en general se han dado cita en un espacio cautivo por la cantidad de público que acude y porque es, además, un punto de diálogo e intercambio.
La prensa mexicana, en ese sentido, ha sido sumamente generosa con la representación peruana. Las exposiciones de Fernando de Szyszlo y la Comisión de la Verdad, conferencias de prensa, entrevistas en radio, televisión y medios escritos a jóvenes escritores y poetas. En fin, un despliegue variado que no deja de ponderar la riqueza cultural de nuestro país. Riqueza y diversidad que, si nuestra presencia aquí fuera constante, serían apreciadas con mayor contundencia por el público tapatío.
En Guadalajara, el Perú ha dado un primer paso fundamental. He aquí que comenzamos a entender la importancia de trascender una estrechez de miras provinciana que ha caracterizado nuestras polémicas literarias y editoriales recientes. La literatura –y la cultura– siempre está en otra cosa, puesto que opera una dinámica sutil en términos de la recepción, el público, el lector. Si llegamos a captar el mensaje, en realidad, diremos que hemos dado un avance positivo y que el arduo trayecto del Perú hasta la FIL no fue en vano.
Recepciones múltiples
El corazón de la representación peruana, a todas luces, ha sido el laberinto creativo, como lo llamó la Primera Dama, Eliane Karp, a las muestras infográficas del Perú que funcionan como marco de referencia para el público que conoce nada o poco de nuestro país y sus procesos culturales. Adornan dichas muestras las gigantografías de los escritores y pensadores de nuestra larga tradición cultural.
El laberinto incluye un recorrido intenso y sucinto por nuestra historia colonial, los cronistas, Garcilaso y Guamán Poma; los poemas de César Vallejo, Emilio Adolfo Westphalen y Blanca Varela; la narrativa de Mario Vargas Llosa, José María Arguedas, Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Bryce; las imágenes de la Costa, Sierra y Selva de nuestro país que describen nuestra pluralidad geográfica y cultural, y finalmente las fotografías de la muestra Yuyapanaq, que dan al espectador la idea de que el Perú continúa siendo una nación fracturada y que aún hace falta mucho por afianzar los vínculos sociales.
De los escritores, resultaba obvio que quien acapararía todas las miradas era Mario Vargas Llosa. El discurso del escritor peruano fue directo: la política debe medirse en términos concretos. El novelista asume el papel del intelectual asediado por la prensa que brinda opiniones sobre política local y global. Justamente, ciertos comentarios suyos sobre los candidatos de las próximas elecciones en México generaron la airada reacción de la escritora Elena Poniatowska, quien le solicitó que se informara mejor de la realidad del país azteca.
El segundo escritor peruano en relevancia para la FIL fue Alfredo Bryce Echenique, cuyas conferencias han concitado la atención del público por su frescura e ironía. El tercero, un mediático como Jaime Bayly, que también sintonizó con la gente. Finalmente, como mencionamos arriba, la atención brindada a los escritores menos conocidos internacionalmente ha sido aceptable. Las mesas de poesía peruana, por ejemplo, han registrado asistencias sobresalientes, así como la atención a narradores como Miguel Gutiérrez, Iván Thays, Jorge Eduardo Benavides y Santiago Roncagliolo. Descollan, en ese aspecto, las antologías preparadas por los fondos editoriales mexicanos de narrativa y poesía con fines de divulgación.
Y aunque la feria está concebida más como un espacio de venta de libros, el programa académico se centró de manera preferencial en el homenaje al Inca Garcilaso de la Vega y a los intercambios entre el Perú y México durante la etapa prehispánica y la virreinal. Los espectáculos de los artistas peruanos como Yuyachkani, Raúl García Zárate, Tania Libertad y Manuel Miranda en la explanada de la Expo han sido también altos puntos de referencia del Perú ante el exigente público mexicano.
Muchas cosas se han quedado en el tintero, ya que de la FIL podemos seguir hablando para rato. Guadalajara, una bella ciudad por donde se le mire, está llena de sorpresas y nos hemos quedado con las ganas de conocerla más a fondo. Por lo pronto, nuestra edición del 19 de diciembre elaborará un resumen de nuestras actividades en esta importante feria, así como nuestra evaluación al respecto. El sonido de la vuelta nos aguarda.
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