Edición 99
19 de diciembre, 2005


ISSN: 1817-2423
 Director: Gerardo Barraza Soto    Editor: Giancarlo Stagnaro
 > Entrevista

Michi Strausfeld, la dama del mundo editorial alemán

“El autor es lo más importante”
Michi Strausfeld es una de las personalidades más importantes del ámbito editorial no sólo de su país, sino mundial. Ella se encuentra al cuidado del catálogo hispanoamericano de la editorial Suhrkamp (Suhrkamp Insel Verlag), el más importante sello alemán de la posguerra. Trabamos con ella un ameno diálogo acerca de la influencia del boom en Alemania y la actualidad del panorama editorial mundial.

0            Conocimos a Michi Strausfeld por intermedio de Germán Coronado, editor de Peisa, durante una recepción ofrecida por la editorial Tusquets, en la que supuestamente se celebraría al ganador del premio de novela convocado por el sello español. No obstante, en las horas previas, el jurado había declarado desierto el premio, pero ello no fue óbice para pactar una entrevista al día siguiente.
            Lo primero que sorprende al conocer a Strausfeld, una mujer menuda en sus cincuenta, es la cantidad de información que maneja. La intrincada y a veces incomprensible trama de escritores, agentes, traductores y editores la conoce como la palma de su mano. Pero Strausfeld se mueve en este mundo como pez en el agua. Residente entre Berlín y Barcelona, ella ha sido responsable de la introducción de muchos autores latinoamericanos –Cortázar, Paz, Lezama Lima, Onetti, entre otros– en tierras germanas. Y por el lado de los escritores peruanos, nada menos que Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique, José María Arguedas, Ciro Alegría y César Vallejo, este último en traducción de Hans Magnus Enzensberger.
            Suhrkamp es, en sus propias palabras, “la Gallimard alemana, sólo que con cincuenta años menos”. El mercado alemán es bastante importante: 80 mil novedades al año, con una red de distribución sin los problemas frecuentes de España o América Latina.
            “Se considera que el libro es un objeto importante. Si en la librería no lo tienen, lo consiguen en 24 o 48 horas máximo. Es un sistema tradicional, en el mejor sentido de la palabra, que funciona para todas las editoriales. Ser librero es una profesión que se aprende. Alemania posee una infraestructura cultural, en comparación con España, francamente envidiable.”
            Además, para Strausfeld, la prensa cumple con su función informativa y crítica. “Todos los grandes periódicos poseen un suplemento cultural. Hay periodistas en nómina, aparte de las colaboraciones solicitadas de acuerdo con las especialidades. Esto es la parte positiva y es una realidad.”

Un poco de historia

¿Cómo llega Alemania a este momento estelar, tras la destrucción y el panorama desolador de 1945? Todo comenzó con el final del calvario para Peter Suhrkamp (1891–1959), quien fue encerrado en un campo de concentración por los nazis. Durante ese tiempo, cuidó los intereses de la editorial Fischer, la más importante de Alemania hasta entonces (en su catálogo figuraban Thomas Mann y Franz Kafka), pero luego de la guerra, hubo roces entre ambos y Suhrkamp decidió instalar su propio sello.
            El novelista Hermann Hesse, exiliado en Suiza durante la guerra, consiguió financiamiento de capitales helvéticos. Así, la nueva editorial, instalada en Frankfurt, fue la primera en adquirir la licencia de funcionamiento tras el final de la guerra. Muchos de los autores optaron por Suhrkamp por su actuación frente al nazismo. Fueron con él Bertolt Brecht –radicado en Alemania del Este– y el propio Hesse, entre otros.
            Al poco tiempo ingresó a la editorial Siegfried Unseld (1924–2002), quien había hecho una tesis sobre Hesse y se convirtió en la mano derecha de Suhrkamp. Unseld compró la mitad de las acciones y gracias a su temperamento para la edición convirtió la editorial en la más representativa de la literatura alemana. “La Escuela de Frankfurt –Theodor Adorno, Max Horkheimer, Walter Benjamin– y los grandes nombres de la literatura en alemán –Max Frisch, Hans Magnus Enzensberger, Robert Walser–, prácticamente toda la literatura nueva de posguerra, en gran parte se publicó en Suhrkamp”, sostiene Strausfeld.
            Unseld compró también la legendaria Insel Verlag, fundada a principios del siglo XX por artistas y que tenía la obra completa de Rainer Maria Rilke. Asimismo, es autor de dos libros capitales para comprender su visión editorial: El autor y su editor, en el que Unseld analiza las relaciones de Hesse, Brecht, Walser y Rilke con sus respectivos editores; y Goethe y sus editores, tratado sobre la profesión de ser un editor literario en todo el sentido de la palabra.
            “El credo de la edición literaria está en ambos libros. Esto viene de Peter Suhrkamp: el autor es lo más importante y todos los demás estamos al servicio del autor. Por tanto, tenemos que cuidar que esté bien publicado, bien presentado y bien atendido. Siegfried Unseld era amigo de sus autores, sobre todo los que le llegaban al corazón. Tenía prácticamente día y noche el teléfono a disposición de ellos y poseía una capacidad de trabajo impresionante. No es tan sencillo atender a tantos autores”, expresa Strausfeld.

América Latina en escena

¿Cómo llega la literatura latinoamericana a una editorial tan centrada en la producción alemana y europea? Suhrkamp representaba a Marcel Proust, Samuel Beckett y Bernard Shaw, pero tenía un poco de todo, pero nada muy establecido en cuanto a la literatura extranjera.
            Strausfeld recuerda que cuando llegó a Suhrkamp en 1974, América Latina no existía para las editoriales alemanas. “Borges era un poco más europeo y sí se conocía. Estaba publicado García Márquez, pero no era un éxito de ventas, al menos no en aquella época. El boom para Alemania empieza con la feria de 1976. El fenómeno ya había empezado en España, Francia e Italia; todos tenían un conocimiento de América Latina y la literatura. Pero en Alemania se habían publicado unos pocos libros, como los de Juan Rulfo (que habían quedado descatalogado), Augusto Roa Bastos, Adolfo Bioy Casares y una traducción mutilada de Alejo Carpentier.             No existía una conciencia de que América Latina contaba con una literatura importante, fascinante, que uno debería conocerla. Había cosas, pero diluidas.”
            Strausfeld venía de trabajar en España y les hablaba a los alemanes con conocimiento de causa. ¿Cómo no sentirse atraído por novelas que habían reformulado la narrativa norteamericana y la habían adaptado a la extraordinaria complejidad latinoamericana?
            La apertura de Unseld resultó decisiva. Tras un intercambio epistolar, le solicitó a Strausfeld que le recomendara los indispensables: Rayuela, Tres tristes tigres, Paradiso, El astillero, El laberinto de la soledad, entre otros. “Ya que él era un fanático de la buena literatura, en el mejor sentido de la palabra, le presentaba los informes y le decía: lo tenemos que hacer. Así hemos ido comprando las cosas que andaban perdidas por Alemania. Revisamos ciertas traducciones y los hemos vuelto a publicar.             Entre tanto, traducíamos libros nuevos: para Rayuela, tardé siete años en publicarla (1981). Teníamos en aquel momento muy pocos traductores capaces de hacer este trabajo, por las dificultades de la novela.”
            La literatura latinoamericana propició un momento decisivo en la Feria del Libro de Frankfurt en 1976. El tema era precisamente América Latina. Unseld, que tenía “una gran intuición comercial y una mente literaria maravillosa”, empezó a moverse en esa dirección. Se publicaron 19 libros de literatura latinoamericana a la vez.
            Mario Vargas Llosa estaba en aquel momento en la editorial Rowohlt, como parte del compromiso por haber ganado el premio Seix–Barral. Strausfeld compró La casa verde para bolsillo. “En estos 19 títulos se hallan los rescates de otras editoriales, de libros out of print (Paz, Rulfo, Roa Bastos), y las nuevas traducciones de La invención de Morel, El libro de Manuel y Concierto barroco”. Asimismo, se recopilaron ensayos sobre la literatura latinoamericana “porque lo que se conocía era escaso”, un folleto informativo para periodistas y un periódico para los visitantes de la feria.
            “¿Cómo? ¿Suhrkamp, especialista en América Latina con 19 libros? Todos pensaban que el entusiasmo se perdería en un año y nadie hablaría de esto. No obstante, ésta es una gran literatura y luchamos por ella. De repente, Suhrkamp entraba a un mundo literario donde era la número 1 y seguimos siéndolo hasta hoy, puesto que tenemos más de 300 libros: en tres décadas, un promedio de 10 títulos por año de literatura latinoamericana.”

Relación de confianza

Como parte de su credo, Suhrkamp mantiene una relación preferencial con sus autores. Por ejemplo, en el caso de Vargas Llosa, éste sabía del interés de la editorial por ocuparse de sus libros. Así, se entabló una relación de confianza y amistad que continúa hasta hoy, no obstante los cambios editoriales ocurridos en España. “La tía Julia y el escribidor y La fiesta del Chivo son los libros más vendidos de Vargas Llosa en Alemania.”
            Asimismo, este trabajo se complementa con un meticuloso control de calidad, que empieza con el trabajo de traducción. “Mario Vargas Llosa tiene una muy buena traductora, Elke Wihr. Ella lo traduce hace más de 15 años y está muy familiarizada con su escritura. En ese aspecto, nosotros cuidamos mucho la traducción. Es un sello de garantía: si un autor sale publicado en Suhrkamp, sabe que la traducción es buena. No nos podemos permitir malas traducciones porque la prensa entera la cogería encantada para ponernos pinzas. Simplemente, se supone que Suhrkamp es una editorial que no se puede permitir eso. Es la reputación y la exigencia del control de calidad.”
            Asimismo, tampoco se puede publicar cualquier libro. Autores como Michael Chrichton o Paulo Coelho e incluso Jaime Bayly definitivamente no entran en Surkhamp. En cambio, sí tienen buena acogida los de Isabel Allende. La escritora chilena es la que más réditos le da a la editorial de todo el catálogo traducido del castellano. Pero ello no quita que desde hace diez años América Latina haya dejado de interesar a los lectores alemanes en el plano político, económico y cultural.
            “Los grandes periódicos de lengua alemana ya prácticamente no tienen corresponsales en América Latina. También se introdujo España con su nueva literatura, con lo cual la atención de lengua castellana se bifurcó. Todo lo referente en la prensa de España por el mercado común va junto. Por otra parte, de los países del este europeo vienen nombres que son extraordinarios. Es más justo que ellos reciban parte de la atención. Además, Alemania es finalmente centro de Europa.”
            Tal es el análisis de Michi Strausfeld. Una realidad editorial completamente distinta a la nuestra, pero signada también por las fluctuaciones de cada época. De sus palabras se desprende que asistimos al final de una época feliz, pero estamos en el alba de otra distinta, que de seguro deparará retos mayores que los vividos en la segunda mitad del siglo XX.


> Giancarlo Stagnaro


 


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