Edición 99
19 de diciembre, 2005


ISSN: 1817-2423
 Director: Gerardo Barraza Soto    Editor: Giancarlo Stagnaro
 > encuentros
 
Perú-México: un contrapunto de ideas

            ¿Es el maíz mexicano o peruano? ¿Existieron trueques entre navegantes de Perú y México? Estas preguntas con que se invitaba al encuentro Contactos entre México y Perú durante la época prehispánica quedaron pendientes de respuestas, pues del lado peruano hubo invitados que no llegaron. Rodrigo Montoya tuvo que efectuar solo los comentarios a las ponencias de los especialistas mexicanos. Además de las “evidencias arqueológicas”, Jorge Durand, que presidió la mesa, pidió “profundizar los estudios con ayuda del ADN”. Así, el enigma quedó en suspenso.
            Aunque se trate de intercambios cordiales entre académicos y pensadores de dos países semejantes, estos careos no dejan de ser competitivos. De ello fueron testigos tanto los medios como un auditorio internacional, sobre todo en el coloquio de historia que trató sobre los virreinatos del Perú y la Nueva España. Aquí, Perú alineó un equipo encabezado por Manuel Burga, rector de la UNMSM, acompañado por los historiadores Scarlett O’Phelan, José de la Puente, Margarita Guerra, Carmen Villanueva y Ricardo Estabridis. Fue un cotejo inteligente, rico en enfoques e información, y grato de escuchar. De ambos lados aprendimos mucho sobre la importancia de las reformas borbónicas para entender los procesos de rebelión del siglo XVIII, como el de Túpac Amaru II, y sobre la herencia actual de la Constitución de Cádiz, por ejemplo, en la organización política del inmenso territorio hispanoamericano.
            El 19º Encuentro Internacional de Ciencias Sociales no fue propiamente un encuentro entre mexicanos y peruanos, pero igual se pudo escuchar –en medio de interminables mesas redondas– a importantes exponentes de la sociología peruana como Aníbal Quijano, Nelson Manrique, Sinesio López, Manuel Bernal y Alberto Rocha. Este encuentro tuvo un temario un tanto gastado, que abordaba las estrategias de Estado, la integración regional y la lucha contra la pobreza, entre otros, que no permitió el lucimiento de la escuela peruana de ciencias sociales.
             El denso programa de la FIL –que recibió medio millón de visitantes y que, además de los cientos de encuentros literarios, realizó 28 foros académicos– no me permitió seguir el Encuentro de Cultura Democrática, el Congreso Internacional de Juristas, el Coloquio sobre Educación Superior y el Seminario de Estudios de la Cultura, donde había participantes peruanos.
            Pero no podía ausentarme del Diálogo entre filósofos peruanos y mexicanos, que animé junto con Miguel Giusti y Pablo Quintanilla, ambos de la PUCP. Del lado mexicano, participaron Ambrosio Velasco, director de la Facultad de Filosofía de la UNAM; Luis Felipe Segura, ídem de la Universidad Autónoma Metropolitana; y Clemente Castañeda, ídem de la Universidad de Guadalajara.
             El tema versó sobre la filosofía latinoamericana hoy: retos y problemas. Con un público entusiasta y atento, la discusión fue animada y larga, debido a que la mitad de nuestra mesa no creía de modo fehaciente en la existencia de una “filosofía latinoamericana”.
             Sin embargo, coincidimos en relación con las contribuciones de América al debate global: la experiencia de la alteridad como región y colectividad humana, la práctica secular del mestizaje y la interculturalidad, la producción histórica de conceptos políticos como independencia y autodeterminación, y la experiencia acumulada en materia de globalización, que arranca en el siglo XVI.
            Un detalle atrajo mi atención: comencé resumiendo lo que el Perú había producido como corrientes de ideas en el siglo XX y que muestran una gravitación internacional: los estudios sobre la “cultura de la dominación” (1968) y la Filosofía de la liberación (1969), de Augusto Salazar Bondy; la Teología de la Liberación (1971), de Gustavo Gutiérrez; La colonialidad del poder (1986), de Aníbal Quijano; y los estudios sobre la informalidad en el derecho y la economía de El otro sendero (1989), de Hernando de Soto.
             La gente desconocía este panorama, pero un par de jóvenes me abordó para asegurarme que me había equivocado totalmente, que la Filosofía de la Liberación no se había generado en el Perú, sino en Argentina a mediados de la década de 1970, y que la contribución de Salazar Bondy fue periférica. Esta es una creencia casi generalizada en el exterior.
            Habiendo estado Gustavo Gutiérrez y Aníbal Quijano en Guadalajara, para completar el panorama intelectual, ¿no hubiera sido pertinente, al igual como se hizo con la literatura, incluir un par de mesas redondas sobre el proceso reciente y actual de la producción en las ciencias sociales y la filosofía en el Perú, que hubiera permitido enmendar equívocos?
             La presencia intelectual y artística del Perú en Guadalajara es un hecho excepcional para nuestro país en términos de política internacional, experiencia que por supuesto puede ser siempre mejorada.


> Edgar Montiel