Edición 99
19 de diciembre, 2005


ISSN: 1817-2423
 Director: Gerardo Barraza Soto    Editor: Giancarlo Stagnaro
 > Ensayo
ALCANCES DE LA PARTICIPACIÓN PERUANA EN LA FIL
Mirada al sesgo
Si bien no se puede efectuar un repaso diario de lo acontecido en la FIL del 26 de noviembre al 4 de diciembre de este año, se pueden trazar los rasgos generales de una participación decorosa. Podemos afirmar que la presencia del Perú en Guadalajara, en términos de resultados, satisfizo las expectativas de muchos, incluso de los propios peruanos que estuvieron en este importante evento cultural.

            Después de casi nueve horas de pesado viaje, por fin arribamos a Guadalajara, al noroeste de Ciudad de México, aproximadamente a las 09.00 horas del sábado 26 de noviembre, tras hacer escala en el D.F. Nuestra primera impresión al recorrer las avenidas de la capital del estado de Jalisco es el parecido con ciudades como Lima o Arequipa. Guadalajara alberga a más de cinco millones de personas, es la cuna del tequila (el pueblo homónimo se encuentra a poca distancia de la ciudad) y el movimiento económico es apreciable.
            Tras nuestra instalación en el hotel, tenemos pocos minutos para llegar a Expo Guadalajara, el emplazamiento que acoge a la FIL. Está en la avenida Mariano Otero, una suerte de carretera de cuatro vías. Justo en el cruce que da a Expo, hay que esperar un buen rato para doblar a la izquierda por las preeminencias del semáforo. Con el registro en la puerta principal nos entregan un gafete (la credencial de prensa) y una maleta. La ceremonia principal había comenzado ya y todo el auditorio estaba completamente abarrotado.
            Demás está afirmar que toda la atmósfera alrededor de la FIL asemejaba un sueño. El Perú era el invitado de honor a un evento de tamaña magnitud. Uno no lo puede llegar a comprender bien en Lima, pero al instante de pisar Expo, poco a poco se comienza a descubrir la trascendencia de la mención. Y también la responsabilidad.
            La sesión inaugural de la FIL albergaba, en un cálculo apresurado, a más de dos mil personas. Representantes de los principales medios escritos, radiales y televisivos de México y de muchos países escuchaban atentamente las palabras en homenaje a Tomás Segovia, ganador del premio Juan Rulfo 2005. Hasta ese momento nadie podía predecir la tormenta que se desencadenaría después.
            En la mesa que inauguraba la 19ª edición de la FIL se encontraban, además de Segovia, el rector de la Universidad de Guadalajara, José Trinidad Padilla; el presidente de la FIL, Raúl Padilla; la presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Sari Bermúdez; la estadounidense Toni Morrison, ganadora del Premio Nobel de Literatura; y la Primera Dama de la Nación del Perú, Eliane Karp de Toledo. En representación del presidente Alejandro Toledo, Karp resaltó la diversidad del Perú y destacó el papel de Mario Vargas Llosa en la recuperación de la democracia.

Rumbo al Pabellón Peruano

El “laberinto creativo” del Perú, el corazón de la presencia peruana en la FIL, reunió una serie de infografías y paneles compuestos por el innovador diseño de Gredna Landolt y David Mutal para ilustrar las seis muestras gráficas del Perú: poesía peruana del siglo XX, patrimonio cultural, diversidad cultural, biodiversidad, gastronomía y el homenaje al Inca Garcilaso de la Vega por los 400 años de La Florida del Inca. En el techo se podían apreciar las gigantografías de los más importantes escritores peruanos de todos los tiempos, por ambos lados.
            Las imágenes de los paneles pertenecen a renombrados fotógrafos como Javier Silva, Billy Hare, Walter Wust, Daniel Giannoni, Mylene D’Ouriol, Mónica Newton, Alicia Benavides, Heinz Plenge, Roberto Huarcaya, Elsa Estremadoyro, Roberto Fantozzi, Domingo Giribaldi, Alejandro Balaguer, Miguel Etchepare, Stefan Austermüller, Max Milligan, Herman Schwarz y Martín Chambi. Asimismo, se utilizaron los archivos de la revista Caretas y del diario El Comercio, la Fundación Telefónica, el Icpna, la Biblioteca Nacional y el Fondo Editorial del Congreso.             Análogamente, Alta Tecnología Andina (ATA) exhibió la gráfica de la sala de audiovisuales. Los textos de las infografías correspondieron a Ricardo Gonzales Vigil y Alonso Ruiz Rosas (literatura), Federica Barclay (Amazonía), Carlos Iván Degregori (diversidad cultural), Teresina Muñoz-Nájar (gastronomía) y Antonio Brack Egg (biodiversidad). El grupo de artistas Geographos realizó una serie de mapas explicativos sobre la biodiversidad, las regiones del Perú, las lenguas amazónicas y la difusión geográfica del quechua y el aimara. También se adosaron las imágenes del Gran Camino Inca (Qhapaq Ñan).
            El pabellón fue inaugurado por Eliane Karp y el embajador Alberto Carrión, presidente de la comisión FIL-Perú. Las máscaras, la música, los trajes y todo el encanto de Yuyachkani acompañaron la ceremonia, atrayendo las miradas de todos y, sobre todo, de la prensa mexicana.
“El laberinto no significa que seamos laberintosos, sino que tenemos una cultura extremadamente compleja, aguda, sofisticada y por cierto muy antigua. Me siento orgullosa de que la poesía peruana en diferentes idiomas, nuestra diversidad cultural y la megadiversidad biológica que une al Perú con México se desarrollen en un espacio extraordinario. Rindo homenaje a todos nuestros grandes escritores cuya foto podemos ver aquí alrededor del pabellón y disfrutar, por supuesto, con sus obras. Declaro inaugurado el Pabellón Peruano, con todas sus dulzuras, tristeza, belleza, su canto; y espero que lo disfruten muchísimo”. Con estas palabras de Eliane Karp comenzaba la FIL para el Perú.

Libros temáticos

            El Perú llevó a la FIL una muestra de libros organizada temáticamente. No por editoriales, sino, como nos lo explicó Alonso Ruiz Rosas, a manera de presentación para el público asistente a la feria, a fin de que éste pueda adquirir una cabal idea de lo que se publica en nuestro país. Lo anterior no evitó que, debido a la disposición del espacio y las mesas, muchos libros estuvieran literalmente en el suelo, lo cual puede ser visto tanto positiva (muchos libros peruanos en la FIL) como negativamente (un poco de desorden en la presentación de los volúmenes).
            Los libros deben ser, al fin y al cabo, las verdaderas estrellas en Guadalajara. Bastaba con darse una vuelta por los alrededores de la feria, cosa que recién pudimos hacer al quinto o sexto día. La FIL es prácticamente un muestrario gigantesco de todas las ofertas literarias concebibles. Obviamente, quienes logran mejor ubicación son las editoriales que pueden pagar los más grandes y mejores stands. Tal es el caso de Santillana, el Fondo de Cultura Económica, Colofón (representante de Anagrama en México), McGraw-Hill, Océano, Siglo XXI y Alianza Editorial, entre muchos otros.
            Frente a la apabullante oferta editorial de las transnacionales, ¿qué podía distinguir al Perú del resto? Nuevamente teníamos que apelar a nuestra singularidad y a nuestras dotes para publicitarnos. Por ello no es de extrañar que el intelectual mexicano Carlos Monsiváis destacara nuestros libros de historia, arqueología y religión. Además, otros rubros en los cuales sobresalimos, aparte de la oferta literaria y las revistas, fueron la literatura para niños –el periódico Público, de Guadalajara, le dedicó un amplio especial a los escritores peruanos en este rubro– y los libros fotográficos.

Coberturas periodísticas

El ritmo frenético de presentaciones de libros, conferencias de prensa y entrevistas al paso marca la cobertura de la FIL. En ese sentido, como hemos señalado líneas arriba, la prensa mexicana se portó magníficamente con la delegación peruana. Se trató de difundir al máximo a los autores y los libros peruanos con una mirada amplia. Por ello los periodistas mexicanos no escatimaron entrevistas, comentarios y apuntes sobre editores y autores de nuestro país, así como preguntas sobre la actualidad política del Perú. Algunas radios tapatías transmitían incluso desde la propia FIL. También los escritores y editores jóvenes, como Ezio Neyra (Matalamanga), Álvaro Lasso (Estruendomudo) y Róger Neira (Las Sumas Voces, de Trujillo), captaron la atención de los medios, porque, en cierto modo, representan a la próxima generación de creadores y autores peruanos.
            Todo esto demuestra que la industria cultural, encarnada en la FIL, es capaz de movilizar acciones destinadas a dar a conocer a sus invitados. Los dossier y los suplementos especiales se suceden día a día. Aunque es cierto que no todos los días lo peruano es el eje central, sí se toma en cuenta su presencia. Ello ocurrió, por ejemplo, con la carta gastronómica peruana en el hotel Hilton, que provocó elogiosos comentarios de Jorge Smith, un periodista cubano de Prensa Latina.

Nuestros autores

Precisamente, el autor peruano que mayor atención captó por parte del público y los medios fue Mario Vargas Llosa. Tanto en las mesas de diálogos literarios como en la conferencia de prensa que brindó sobre el espectáculo La verdad de las mentiras y las mesas redondas sobre el Perú y México, el tema político –la democracia y la libertad– no podía estar exento de su discurso. Por ello no dudó en reprender las pretensiones populistas en América Latina, encabezadas por el mandatario venezolano, Hugo Chávez, y expresadas en algunas candidaturas de las próximas elecciones en el Perú y México. Sobre este último caso, la escritora mexicana Elena Poniatowska señaló su desacuerdo con Vargas Llosa y le solicitó que “se informe bien antes de hablar” acerca de la situación electoral en el país azteca. El novelista hizo caso omiso de estas declaraciones y la noche del jueves 1 de diciembre montó en el teatro Diana el espectáculo La verdad de las mentiras, junto a la actriz española Aitana Sánchez-Gijón.
            El paso de Vargas Llosa por la FIL fue intenso. Habló de sus pasiones sobre la literatura, la obra de Víctor Hugo, los extraños vínculos entre ficción y realidad, su respeto a la tolerancia y la libertad, su aversión a toda forma de nacionalismo. Compartió mesas con los mexicanos Enrique Krauze y Denisse Dresler, el italiano Claudio Magris y el peruano Alfredo Barnechea. También acudió a una función de cachascán en la explanada de la Expo (recinto donde se efectúan los espectáculos musicales), cuya fotografía dio la vuelta al mundo.
            Otro escritor requerido fue Alfredo Bryce Echenique. Presentó su autobiografía Permiso para sentir y participó en una mesa en homenaje a Julio Ramón Ribeyro. Gracias a su sintonía con el público y su sentido del humor, Bryce Echenique fue el más requerido para los autógrafos. A pesar de su apariencia de timidez y sin grandes aspavientos, el autor de Un mundo para Julius se las ingenió para caer bien al público de la FIL.
            De un humor menos cándido, Jaime Bayly fue el otro escritor peruano que atrajo gran cantidad de público y atención mediática. La promoción de la editorial Planeta de su más reciente novela resultó beneficiosa para sus intereses. Otros autores peruanos que también llamaron la atención por su mayor exposición ante el público fueron Santiago Roncagliolo, Fernando Iwasaki, Jorge Eduardo Benavides, Mario Bellatin e Iván Thays. Lo mismo ocurrió con Alonso Cueto, quien presentó La hora azul, novela ganadora del premio Herralde, junto con el editor Jorge Herralde.
            No podemos dejar de mencionar los homenajes tributados a César Vallejo y José María Arguedas. En el primero, el padre Gustavo Gutiérrez resaltó el afán de trascendencia religiosa de Vallejo, que se tradujo en un mensaje de solidaridad al resto de la humanidad. En su mesa estuvieron la escritora Coral Bracho y Ricardo Gonzales Vigil. Algo semejante se produjo en la mesa sobre José María Arguedas, en la que Gutiérrez compartió el estrado junto a Carmen María Pinilla, Raquel Chang-Rodríguez, Edgardo Rivera Martínez y Fernando de Szyszlo. Los ponentes destacaron la importancia literaria de Arguedas y su papel como puente entre los mundos fragmentados del Perú.
            Además de Vallejo, la poesía peruana contemporánea también captó suma atención. Y aunque los auditores de lectura de poesía empezaban vacíos, éstos captaron buen público. Así ocurrió durante las presentaciones de poetas como Pablo Guevara, Rodolfo Hinostroza, Antonio Cisneros, Eduardo Chirinos, Carlos López Degregori, Abelardo Sánchez León, Mario Montalbetti, Rocío Silva Santisteban, Marita Troiano, Carmen Ollé y Patricia Alba (sobre todo en el homenaje a Blanca Varela), entre otros. Asimismo, esta fue oportunidad para presentar el trabajo de los peruanos residentes en el exterior, como la Hostos Review, por Róger Santiváñez; así como numerosas antologías dedicadas al Perú (ver artículos en esta edición).
            Otro ambiente que se utilizó bastante fue la Caja Negra, al lado del Pabellón Peruano, donde se proyectaban videos promocionales del Perú y los de videoarte de ATA. En muchas ocasiones, las presentaciones de libros y revistas se desarrollaron en este espacio donde había asientos para veinticinco personas.

Conclusiones (apresuradas)

Sin duda, muchas actividades se nos quedan en el tintero. Además de la muy comentada muestra gastronómica peruana en el hotel Hilton (que marcó récord de asistencia) y las exposiciones de Fernando de Szyzslo y Yuyanapaq (de la Comisión de la Verdad y Reconciliación) en los locales exteriores a la FIL, creemos que la delegación peruana logró una participación digna, sobre todo en el nivel de imagen proyectada en el exterior. No obstante nuestras evidentes carencias editoriales, el soporte recibido por la feria más los contactos que se establecieron en estos intensos nueve días hacen posible creer un poco más en las proyecciones de nuestros editores, sobre todo de los más jóvenes, en el corto y largo plazo.
            Sin embargo, quedaron demostradas ciertas evidencias. Los escritores peruanos estuvieron bastante dispersos durante aquellos días. Si bien es cierto resulta complicado reunirlos en Lima (muchos de ellos no se habían visto en un largo período de tiempo), hubiera sido interesante poder presentarlos en una conferencia de prensa ante los medios mexicanos. Lo que se hizo fue individualizarlos, frente a la competencia de las grandes editoriales que sí saben colocar a sus escritores con toda la maquinaria de atención posible. Lo anterior demuestra, una vez más, el estado fragmentado de nuestra institución literaria –como lo demostró hace un tiempo la tan comentada “polémica” tras el Congreso de Narrativa en Madrid y las notorias ausencias en la FIL–, la descomposición de las llamadas “literaturas nacionales” (en el sentido de que, con la globalización, los latinoamericanos compartimos horizontes comunes en narrativa y poesía), nuestra complejidad como motor de la creatividad, y la necesidad de valorar en su verdadera dimensión a la literatura y la diversidad cultural peruana allende nuestras fronteras geográficas, desprovistas ambas de aquella mirada mercantilista en que se basa la exclusión.
            Ver el Pabellón Peruano repleto de visitantes, ansiosos por conocer más de nuestro país, e incentivarlos a comer un plato de cebiche o un turrón de Doña Pepa vistos en un gráfico no sólo debería tener como finalidad planear un viaje turístico u otra finalidad meramente comercial, sino plantear un diálogo mutuo, un encuentro cercano del cual todos podamos salir enriquecidos. Ojalá Guadalajara haya significado un paso adelante para convertir la cultura en nuestra mejor carta de presentación, tanto dentro como fuera del Perú.


> Giancarlo Stagnaro


 

Ceremonia
Ceremonia de inauguración de la FIL.
La Primera Dama de la Nación,
Eliane Karp, comparte la mesa con escritores Tomás Segovia (primero de la izquierda) y Toni Morrison.

 

Pabellon
Pabellón peruano en la FIL.

 

VLl
El autor peruano que mayor atención
captó por parte del público y los medios
fue Mario Vargas Llosa

 

Inuguracion
Inauguración del laberinto creativo.

 

Tania Libertad en el fin de fiesta de la FIL.
Tania Libertad en el fin de fiesta de la FIL