Este año a punto de concluir será recordado por dos eventos importantes y puntuales para la cultura y la literatura peruana. Por un lado, se efectuó el primer Congreso de Narrativa Peruana en Madrid, en los últimos días de mayo. Por otro, del 26 de noviembre al 4 de diciembre se desarrolló la Feria Internacional del Libro de Guadalajara –mejor conocida como FIL–, en la cual el Perú se desempeñó como invitado de honor. Esta edición de identidades, como el especial del Congreso de Madrid, está dedicada a la fiesta de los libros en territorio mexicano.
La FIL es el acontecimiento más importante de su género en lengua castellana. Los creadores y las editoriales del Perú han podido colocar nuestros libros en una vitrina de lujo, la segunda en importancia después de la Feria del Libro de Frankfurt. Más de medio millón de personas asistieron al recinto ferial y disfrutaron de nuestra variada oferta cultural en una buena parte de sus manifestaciones.
El principal atractivo de la participación peruana fue la numerosa delegación de poetas, narradores e intelectuales. Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique, Gustavo Gutiérrez y Fernando de Szyszlo son sólo algunos integrantes de la amplia nómina que le dio lustre a nuestra presencia en Guadalajara. A ellos se aúnan los editores y académicos que mostraron ante el mundo nuestros retos culturales.
Sin embargo, todo es perfectible y también queremos señalar algunas opiniones que habrá que considerar y superar en el futuro si es que volvemos a tener la oportunidad de mostrarnos fuera de nuestras fronteras, como en la FIL. No sólo a manera de imagen externa, lo cual siempre es beneficioso, sino como forma de solucionar nuestras desavenencias internas, reflejo de nuestras fracturas sociales.
Por lo anterior, sólo nos queda agradecer a quienes hicieron posible nuestra participación periodística en Guadalajara. En primer lugar, a la directiva de la FIL y a la comisión conjunta de la FIL-Perú, que facilitaron nuestra labor en esta hermosa ciudad mexicana; en segundo término, a los altos funcionarios de la Presidencia del Consejo de Ministros, que apoyaron con generosidad esta iniciativa; y en última instancia a la dirección de esta casa editora, que se ocupó gentilmente de nuestro viaje y estadía.
El Editor
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