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Año del diálogo y la reconciliación nacional
DOMINGO 22

de abril de 2018

GÉNEROS

Actualización contra el sexismo

El Foro Económico Mundial determinó que las desigualdades entre hombres y mujeres se asemejan a las del 2008, incluso se plantea el retroceso global de una década para ellas en cuanto a salarios, accesibilidad del trabajo y oportunidades en puestos ejecutivos.

6/1/2018


Juan Manuel Chávez

Escritor

Su Informe de la brecha global de género vislumbra que las diferencias terminarán al cabo de una centuria, por lo menos en Europa y América Latina. La lucha contra el machismo es una labor que no rendirá frutos definitivos a corto ni mediano plazo; así procedieron los que fomentaron la abolición de la esclavitud en el siglo XVIII, aunque se lograra en el siguiente.

Más allá de las innovaciones económicas que hacen falta, las cuales superan el ámbito de las medidas estatales y privadas, hay giros cotidianos que conviene poner en práctica para revolucionar el trato interpersonal y darle otra calidad a la sociedad. La más evidente es el vuelco en el uso del lenguaje.

La primera tarea es aceptar que se abusa del lenguaje sexista, y hay que admitirlo sin escudarse en justificaciones que acrecienten la desproporción. El sexismo puede ser un asunto lingüístico cuando usamos palabras de género gramatical masculino en vez de femenino (llamarle director a la mujer que dirige una institución, si bien es la directora) y puede ser un asunto social cuando el enfoque personal tiene como base una noción de inferioridad de la mujer (expresiones como “es el hombre de la casa” para referir el liderazgo de un hogar o “es cosa de hombres” para restringir las opciones en torno a una faena en particular).

La Guía para el uso del lenguaje inclusivo del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables establece una doble estrategia para desafiar el sexismo: visibilizar los géneros para llamar la atención sobre ambos en una cuestión concreta (ellos y ellas votaron en las elecciones) o neutralizar los géneros (el electorado votó). Cualquiera es mejor que convertir una situación en la exclusiva experiencia de unos frente a otras (los hombres votaron).

La segunda tarea es la disciplina de reajustar las formas de expresión. Tres opciones mínimas: no hablar de “hombres” para la población en general, llamarles “personas”; incorporar al lenguaje nominaciones colectivas del tipo “ciudadanía”, “comunidad”; y, ante todo, desterrar etiquetas por habituales que parezcan, como “histérica” para la mujer que reclama con exuberancia, “dramática” para la mujer que devela su sensibilidad y “loca” para la mujer que piensa u opera por encima de los convencionalismos.

Ya se percibe una reivindicación histórica cuyo efecto es beneficioso: la prueba de humanidad individual que concuerda con los valores del presente, como si fuéramos un programa de computadora y nos sometemos a las actualizaciones más recientes, en vez de quedarnos en las versiones del pasado, que de inútiles pasan a ser obsoletas.