Tipo de cambio:

Compra: 3.231

Venta: 3.232


Año del diálogo y la reconciliación nacional
MIÉRCOLES 25

de abril de 2018

¡CON CHAMPÁN Y UVAS, FELIZ AÑO NUEVO!

Celebración a la limeña

En ese Perú de antaño, los besamanos eran de ley; la lluvia de papelillos caía desde las instituciones públicas para despedir el año que partía. El 31 había misas a la medianoche y los peruanos, con orquesta o sin ella, se las ingeniaban para recibir gozando el Año Nuevo.

31/12/2017


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

“Para envolver pescado”, decíase del segundo y extendido uso de los periódicos de ayer –metáfora con la que el compositor puertorriqueño Tite Curet Alonso se refería a los amores pasados– cuando las noticias boqueaban de novedad y sus hojas empezaban a tomar el color del maíz. Eso sucede también con los años. 

A propósito de la frase, el recordado poeta Antonio Cisneros reunió sus artículos y columnas de opinión aparecidas en la prensa con el título de El arte de envolver pescado. Mientras el mundo se digitaliza, hay costumbres que languidecen. Es el devenir del tiempo.

Formas más que fondo las de los festejos, que hablaban de esa herencia virreinal tatuada en la epidermis de la peruanidad (igual que la corrupción, dirán los que han leído al desaparecido historiador Alfonso Quiroz). Una actividad protocolar que ha quedado atrás son los “saludos oficiales con motivo del Año Nuevo”: los recibía el presidente de la República y el pleno del consejo de ministros en el Salón Dorado de Palacio de Gobierno. La ceremonia se realizaba el último o penúltimo día del año.

El 30 de diciembre de 1957, el presidente Manuel Prado encabezó la ceremonia, brevedad que ¡duró más de dos horas! Fue el año en que la loretana Gladys Zender se coronó Miss Universo y puso a la belleza peruana en el radar internacional; tiempos de “la doctrina Prado”; los empresarios lo elogiaban por la Ley N° 12785, que significó facilidades de créditos bancarios para los industriales y el proyecto de la ley general de industrias. Eran los regalos del Niño Dios que esperaban.

En la misma fecha, pero en 1967, a Fernando Belaunde lo saludaban el cuerpo diplomático, los presidentes de las cámaras, los militares y, al final, el llano, la “portátil”, diríamos, que se acercaba al primer mandatario.

Ese año, los ánimos políticos estaban caldeados. En diciembre, las bombas molotov reventaron en un par de locales del centro de Lima. Mientras a Belaunde lo saboteaban (los militares lo sacarían en pijama de Palacio de Gobierno antes de que acabara 1968), el actor Adam West vestía el traje de murciélago del Batman de la televisión y nos enviaba unos saludos por medio del diario La Crónica. Ernesto ‘Che’ Guevara era asesinado en Bolivia y los analistas coincidían en que el 67 fue tanto el año de la industrialización peruana como el del mayor número de robos a entidades bancarias.

Eran noticias de interés colectivo tanto el futuro del arquero Ramón Quiroga (quien finalmente sería dado en “préstamo” al Sporting Cristal y donde se volvería una figura) como saber con quién salía la bomba sexy Brigitte Bardot. Nosotros teníamos a ‘Cuchita’ Salazar.

Feligresía con banda

Las lluvias de papelillos y “exfoliadores” caían desde las oficinas y bancos de Lima, como era la costumbre. Y el Arzobispado de Lima autorizaba a algunas iglesias para que oficiaran misa a la medianoche para recibir el año.

Los más acaudalados asistían a las cenas organizadas en las instituciones sociales, los clubes departamentales o las boîtes de moda. En las calles de Lima se recibía el Año Nuevo con el sonido de las 12 campanadas de las iglesias y el ulular de las sirenas.

Porque rico y pobre tenían sus agasajos y se quemaban los muñecos del Año Viejo. Si los de arriba gozaban en directo con las orquestas de Fredy Roland, Lucho Macedo, Nico Estrada, por algo ya se habían inventado los pickups y los tocadiscos, que los pobres alquilaban para gozar de la ocasión. País consumidor de modas, rocanrol, cumbia, el californiano surf y el charlestón eran los ritmos de moda. Y ese Año Nuevo, el pueblo organizó tremendo baile en el Paseo de la República.

La organización estadounidense Alianza para el Progreso pronosticaba que América Latina necesitaba incrementar, para 1968, la producción de alimentos porque el fenómeno del campo a la ciudad se volvía un común denominador y las urbes se volvían más densas.

El alcalde de Lima, el Tucán Luis Bedoya Reyes, se apuraba ese 30 de diciembre de 1967 para coronar a ‘Cucha I’, la guapa morena Aída León, como la primera Reina de la Simpatía del Instituto Nacional de Ciegos. Porque ese mismo día, el “match estelar” era entre Universitario de Deportes y el equipo olímpico checoslovaco.

Y el planeta recibiría el Año Nuevo en aparente estado de calma porque el papa Paulo VI había logrado por 36 horas una “Noche de paz”, una tregua en la guerra de Vietnam, entre los gringos y los vecinos de ese país asiático. Claro, solo se cumplió parcialmente.

Pescaditos y creencias

El amarillo es un color que primero pigmentó en exclusiva las prendas íntimas de las damas. Y los varones, nada zonzos, regaban champán y echaban uvas por las habitaciones de la casa para atraer la buena suerte.

País virreinal y también esotérico, en los diarios se daba espacio a los videntes para que lanzaran sus pronósticos para los próximos doce meses. Los “profesores Dandy y Leo” auguraron con esos grandes rasgos que dan los expertos en la quiromancia. Solo atinaron al predecir que dos políticos, uno “joven” y otro “viejo”, dejarían el espectro político. La historia supondrá que el “joven” del cual hablaban era Belaunde, quien sería sacado por el general Velasco.

Apunte si usted es amante de los pescaditos porque fue a partir del 7 de enero de 1968 que el Decreto Supremo N° 189 obligó a los puertos y caletas dejar atrás la venta por docenas y manojos, y se impuso como unidad de medida el kilogramo para vender los productos hidrobiológicos (los vendedores de corvinas, lenguados y camarones fueron los primeros en adoptar la medida).

Paseo y playa

Como hoy, después de la resaca de lo vivido y bebido, el 1° de enero los limeños se dirigían a pasear, sobre todo, a las playas de la Costa Verde (Agua Dulce era desde el siglo pasado la favorita de los limeños), y los más pudientes se iban a los balnearios exclusivos.

Los militares se salieron de esas formas protocolares de fin de año. El general Francisco Morales Bermúdez, quien dos años antes se había levantado contra el Chino Velasco Alvarado, desde Palacio de Gobierno se dedicó aquel 31 de diciembre de 1977 –considerado por un segundo más el día más largo de ese año– a responder a los periodistas del Perú y el extranjero. Se quería conocer el rumbo del Perú, ese país del “tercer mundo”, ya que el 24 de diciembre de ese año había fallecido Velasco y Morales Bermúdez decretó duelo nacional mientras encaminaba el Plan Túpac Amaru, hoja de ruta con la que se gobernaría hasta 1980, cuando el poder volvió a manos de los civiles. El resto es historia. Feliz 2018.