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Año del Buen Servicio al Ciudadano
LUNES 21

de agosto de 2017

CHINA-COREA DEL NORTE

El fiel de la balanza

El lenguaje altisonante y amenazador que Estados Unidos y Corea del Norte han utilizado en días recientes preocupa a la comunidad internacional por el riesgo de acarrear una conflagración. En medio de los flamígeros tuits del presidente estadounidense, Donald Trump, y la abierta amenaza de Pionyang de bombardear la isla de Guam, donde existen bases militares norteamericanas, se encuentra China, cuyo gobierno, firme en su política de no intervencionismo, aboga por una solución negociada.

13/8/2017


Julio Panduro Chamorro

periodista

Sin embargo, hechos recientes han sido asumidos por los observadores internacionales como una toma de posición de Beijing en esta crisis de retórica belicista.

Es cierto que China está preocupada por los ensayos nucleares y balísticos impulsados por el gobernante norcoreano Kim Jong-un en los últimos meses, pero también se encuentra incómoda ante los ejercicios militares conjuntos de Estados Unidos y Corea del Sur en la región.

Y esa inquietud tiene un origen: el Tratado de amistad, cooperación y asistencia mutua existente entre China y Corea del Norte, de 1961, cuyo artículo II establece que si una de las partes se convierte en un blanco de agresión, la otra parte se compromete a prestar asistencia militar.

Sin embargo, el artículo se aplica solo si uno de los lados es atacado, lo que impediría que sea accionado si Pionyang decide dar el primer paso y bombardea posiciones estadounidenses en Guam.

Por ello, el pasado 10 de agosto, Global Times de China, diario estatal centrado en temas internacionales y caracterizado por su patriotismo y posiciones duras, editorializó que Beijing permanecerá neutral si Corea del Norte ataca primero a las fuerzas de Estados Unidos, pero intervendrá directamente si sus intereses son afectados o si Washington y Seúl intentan derrocar al régimen norcoreano y pretendan cambiar el patrón político de la península coreana.

Un día después de la publicación, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Geng Shuang, utilizó el lenguaje diplomático propio de una Cancillería y abogó para que las partes interesadas den muestras de prudencia en sus palabras y acciones, actúen con cautela y hagan más cosas que conduzcan a desalentar la situación tensa, en lugar de recaer en el antiguo camino de hacer demostraciones de fuerza.

A la par de esas declaraciones, China prepara una docena de ejercicios militares en el mar Amarillo, que incluirán pruebas de fuego real, así como ensayos de movilización ofensiva y defensiva llevados a cabo por buques de superficie, submarinos y aviones, además de probar tipos de misiles durante el operativo.

Esta acción fue anunciada tras el reciente conjunto de sanciones que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas impuso a Corea del Norte por sus ensayos balísticos, lo que reducirá notablemente el nivel de exportaciones de Pionyang, disminuirá el número de trabajadores norcoreanos en el extranjero e impedirá cualquier tipo de inversión o relación comercial de la comunidad internacional con el régimen de Kim Jong-un.

Beijing se ha visto obligada a adoptar medidas que resguarden sus intereses nacionales frente a la presión de Washington para que intervenga directamente en la crisis y adopte una posición más firme contra Pionyang. Así como Estados Unidos, muchas naciones ven a China como el país llamado a poner orden a su vecino en contraposición a su histórica política de no intervencionismo, que durante décadas ha sido su sello nacional.

Es una responsabilidad que el mundo le está depositando en las manos pese a que el gobierno de Xi Jinping no pretende intervenir en un conflicto de estas características. Le están dando el papel del fiel de la balanza para que mantenga el delicado equilibrio de sensibilidades nacionales, resentimientos históricos y desconfianzas geopolíticas que se encuentran en juego, no solo de Washington y Seúl, sino también de otros actores como Tokio y Moscú.

Donald Trump ya ha manifestado su interés de dialogar directamente con Xi Jinping para evaluar alternativas de solución a la crisis regional. Lo cierto es que el riesgo de un enfrentamiento nuclear nuevamente se cierne sobre el mundo, y cada uno debe asumir la responsabilidad que le corresponde no solo con la historia, sino también con la humanidad en su conjunto, la supervivencia de la especie y la calidad de vida en un planeta que ya tiene bastante violencia como para enfrentar una guerra de imprevisibles consecuencias.