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Año del diálogo y la reconciliación nacional
DOMINGO 17

de junio de 2018

REFLEXIÓN

El paso de Francisco

Estamos aún en la estela de la visita de Francisco. Una visita que continuó, incluso cuando ya había partido de Lima, en la entrevista que ofreció en el avión de retorno a Roma y en la cual se refirió a temas sensibles no tocados durante su estancia en el país. El pueblo peruano se volcó hacia Francisco. Como indicó el nuncio Nicola Girasoli: “El Perú ha entrado en el corazón del papa y él en el corazón del Perú”. Se calcula que alrededor de 3 millones y medio de personas (más del 10% de la población) lo acompañaron en las calles o en los diversos eventos. Probablemente un grupo aún mayor lo siguió también por los medios de comunicación. Es inobjetable, a ojos incluso de los alejados de la Iglesia católica, que hay una potente fuerza religiosa en este país “ensantado”.

29/1/2018


Ernesto Cavassa, SJ

Rector de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

Si bien hubo algunos temas que se quedaron en el tintero, hay que reconocer que Francisco, en solo tres días y medio, ha recordado, con coraje y osadía, los temas claves de la agenda nacional que, en general, son esquivados por las autoridades e invisibilizados por muchos medios de comunicación.

En Puerto Maldonado habló del neoextractivismo, el falso conservacionismo, la minería ilegal y la trata de personas que, según el papa, es el modo eufemístico de hablar de la esclavitud. Ante esta situación, recordó la opción por la vida de los más indefensos, habló de la Amazonía como la reserva cultural a preservar de los nuevos colonialismos y urgió la necesidad de una educación intercultural y bilingüe, “prioridad y compromiso del Estado”.

En Trujillo, aludiendo a los huaicos que asolaron la costa norte, habló de las “otras tormentas”: violencia organizada, como el sicariato y la consiguiente inseguridad; la falta de oportunidades educativas y laborales para los jóvenes; la ausencia de techo seguro para las familias forzadas a vivir en zonas de alta inestabilidad. Teniendo delante más de 40 imágenes religiosas –muchas de ellas advocaciones marianas–, Francisco mencionó la “plaga” del feminicidio y otras situaciones de violencia silenciadas “detrás de las paredes”.

En Lima, delante de las autoridades, volvió sobre algunos de estos temas, pero centró su atención en la corrupción, a la que calificó de “flagelo”, “virus social” y “otra forma de degradación ambiental”. Es interesante notar la evolución del lema inicial: “Unidos por la esperanza”. En la Plaza de Armas llamó a permanecer “unidos para defender la esperanza”. Al final, el lema se convirtió en arenga: “No dejen que les roben la esperanza”. La esperanza quedó así vinculada a la lucha contra el robo, otro modo de la corrupción.

Finalmente, Francisco nos señaló una meta: “El Perú es un espacio de esperanza y oportunidad “pero para todos, no para unos pocos”. Un Perú “que tenga espacio para ‘todas las sangres’ [Arguedas] en el que pueda realizarse ‘la promesa de la vida peruana’ [Basadre]”. Tomemos nota.