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Año del Buen Servicio al Ciudadano
LUNES 11

de diciembre de 2017

JOSÉ LUIS PÉREZ-ALBELA. ESPECIALISTA EN BIENESTAR

“El Perú es un país muy joven”

Para este hombre de luz, nuestro principal activo son los niños y jóvenes, que en este tiempo cuántico están llenos de amor y humor.

20/8/2017


Cecilia Fernández Sívori

mfernandez@editoraperu.com.pe

El doctor José Luis Pérez-Albela es mucho más que el señor Magnesol, como muchos, considero erróneamente, lo encasillan en su propósito de regalarnos las bondades de esta combinación de magnesio y zinc, que se convirtió en las últimas décadas en su estandarte y razón de vida.

Para algunos es un ser de luz, para otros, un convencido de mejorar la calidad de vida. Con seis décadas de existencia, es médico, atleta, comunicador, escritor e incluso ha incursionado en la panificación con panes y tortas salidas de otro mundo.

–¿Usted nunca se cansa?

–No me canso porque duermo la siesta todas las tardes. Estuve en el Congreso hace años hablando justamente de eso y fui reconocido. Sabes, la siesta es buena para que no engordes, evita accidentes terribles, para ser más saludable; sirve para todo. Quisiera apoyo para institucionalizar la siesta como en Japón, donde si no la haces, te botan del trabajo. Los mayores errores que cometemos se debe a que no la hacemos.

–¿Qué es lo que busca?

–Que la gente se conozca más, que sepa que estamos en un país rico en recursos. Y eso trato de decirlo en mi programa en Next TV, en la radio, en mi canal de internet Bien de Salud, en mi revista, en los libros. No por gusto tengo un libro pirateadísimo, pero no me molesta.

Ser de luz

Conversar con el doctor Pérez-Albela es ingresar a su mundo, donde el yoga, la vida después de la muerte, el deporte, las ideas y los más insólitos emprendimientos tienen cabida, y, al mismo tiempo, nos captura casi hipnóticamente.

Usted es casado, ¿cómo puede hacer tanto?

–Enviudé [nos muestra y obsequia un libro de quien fuera su esposa]. Ella no pudo trabajar el tema del desapego cuando su mamá partió y, poco a poco, se fue apagando. Un día mi hija la vio joven y yo también quería verla. Hice mi sesión de yoga y no podía. Finalmente, pedí ayuda a un maestro y lo logré. La vi en su juventud y me dijo Jo –como ella solía llamarme cuando estaba contenta–, unida a la palabra ven. Yo la miraba extasiado. Y mira lo que quería decirme: joven.

Y se mantiene así, rodeado del amor de su familia, ¿ya tiene nietos?

–[Sonríe] Así, gracias... Soy un convencido de que hay una vida después de esta. Soy muy afortunado, tengo nietos sí. Hay conocimiento que hemos adquirido en vidas pasadas.

Y cómo no creerle, pues momentos antes nos había sorprendido con una rutina en la que domina su cuerpo y sus órganos con la perfección propia de un maestro.

Sin duda, eso lo aprendió en otra vida.

–Claro que sí, no podría manejar todo lo que sé solo en esta. He sido atleta, campeón en atletismo, he hecho tantas cosas.

Así es el doctor Pérez-Albela, a quien los conocimientos le brotan unos tras otros.

Mientras intentamos seguir la entrevista algunas curiosas lo observan y el doctor también se dirige a ellas. Hasta aparece una novia, que en pleno éxtasis preboda le comenta acerca de su parte matrimonial y luego parte rauda. Ahí él se felicita de que le haya hecho caso para casarse de día.

Su reto es mejorar la calidad de vida de los peruanos.

–Sin duda.

Y le saca la vuelta a las cosas malas.

–Si tú te quejas, eres una quejuda, que parece otra palabra, ¿no? Mira a los japoneses, cien años, con una piel maravillosa. Ellos solo dicen gracias, gracias a todo.

¿Y cómo ve al país?

–El Perú es un país muy joven y los jóvenes de hoy son maestros con alto grado de creatividad, valentía y coraje. Los niños de hoy están llenos de amor y humor porque han eliminado el temor. Veracidad y creatividad, son maestros, por eso ellos no tienen miedo a nada ni a nadie.

¿Y por qué se da eso?

–Porque estamos viviendo un cambio planetario con un día de solo 16 horas. Necesitamos ahora más que nunca ser coherentes totales, habla lo que haces. Hay que aprovechar y aprender a interiorizarnos, a meditar, gozar y tener más estado de contemplación.