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Año del diálogo y la reconciliación nacional
LUNES 19

de febrero de 2018

Gracias por escucharnos

Este agradecimiento proviene de las comunidades amazónicas del Perú, cuyos representantes tuvieron un emotivo encuentro con el papa Francisco en su segundo día de visita oficial en tierras peruanas. Fue en la ciudad de Puerto Maldonado, capital de Madre de Dios, región que ha sido devastada por actividades como la minería ilegal, cuyo accionar ha ocasionado graves daños en los bosques y ríos que suministran agua y alimento a los pueblos originarios.

20/1/2018


El poderoso mensaje del pontífice en esa ciudad fue directo y contundente: existe un modelo de desarrollo caduco que debe cambiarse para que los pobladores indígenas y nativos de la Amazonía peruana vean sus derechos respetados y cuenten con condiciones suficientes para vivir sin mayor sobresalto generado por actividades extractivas que dañan el medioambiente y los recursos naturales.

Por ello, los representantes de comunidades oriundas agradecieron al papa Francisco por haber escuchado y tomado nota de la problemática que afecta sus condiciones de vida y los coloca en una condición de población vulnerable por la indefensión de sus derechos. El discurso del pontífice argentino fue particularmente incisivo al denunciar el maltrato del entorno natural y la vulneración de la población amazónica, lo cual mereció el reconocimiento de los asistentes al encuentro que sostuvo en el coliseo cerrado de Puerto Maldonado.

Y es que la intervención de los dirigentes indígenas fue dramática y emotiva porque alertaron que “la tierra se está malogrando; los animales, reduciendo; los árboles, desapareciendo; los peces van muriendo y el agua dulce se va agotando como consecuencia del cambio climático, con la consecuente aparición de enfermedades y epidemias que nos amenazan”. Lamentablemente, el maltrato a la naturaleza y el galopante cambio climático han empezado a cobrar las primeras víctimas en estos sectores desprotegidos.

Aquí no se trata de daños recientes. Hablamos de un estropicio de décadas, incluso de siglos, cuando los exploradores de la Amazonía empezaron a explotar a los nativos y aborígenes para la extracción del caucho y los mantuvieron bajo condiciones infrahumanas y de abuso infinito. Años después, esa vileza pasó a manos de grupos terroristas que esclavizaron a comunidades, como la asháninka, en pleno siglo XX, las cuales luego sufrieron la destrucción de su hábitat a manos de mafias dedicadas a la tala ilegal de árboles y de grupos delictivos interesados en explotar minerales de manera ilícita, contaminando impunemente tierras y ríos.

Ante tamaña situación, el papa Francisco manifestó que la Amazonía no debe ser vista únicamente como una reserva de la biodiversidad, sino, además, como una reserva cultural, cuya preservación es un deber ante los nuevos colonialismos que amenazan la continuidad y supervivencia de pueblos ancestrales, cuyos líderes y dirigentes tienen que ser considerados auténticos interlocutores y no una simple minoría afásica. Ya era hora de visibilizarlos, y el pontífice argentino lo hizo.