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Año del diálogo y la reconciliación nacional
DOMINGO 22

de abril de 2018

IMÁGENES EN EL TIEMPO

Hogar para la mente

Hace 100 años, el hospital Víctor Larco Herrera nació como asilo colonia en Magdalena del Mar. El filántropo Larco Herrera y el director Hermilio Valdizán apostaron por una atención científica de la salud mental en el Perú.

7/1/2018


1. El latifundista, político y filántropo norteño Víctor Larco Herrera (1866-1939) habría pedido volver a morir si se hubiese enterado de que en la ciudadela de la salud mental de Lima, que ayudó a modernizar desde 1918, ocho décadas más tarde se practicaría a diestra y siniestra el electroshock en los enfermos mentales, no por prescripción médica, sino con el único fin de disminuir el número de pacientes de sus pabellones y así vender la propiedad de 21 hectáreas ubicada en la avenida del Ejército, a tiro de piedra del mar de Grau.

Es una de las historias negras del hospital Víctor Larco Herrera que se suman a los estigmas de la sociedad cuando se habla de enfermedades mentales. Insania. Locura. Alienación.

La denuncia la hizo en 2001 el psiquiatra Andrés Zevallos, quien por entonces presidía la Asociación de Defensa del Enfermo Mental. Como si fueran seguidores del neurólogo italiano Ugo Cerletti –contó–, las autoridades de los años noventa pusieron en marcha un programa de “reestructuración” para cerrar pabellones del Larco Herrera.

En 1992, hasta se premiaba al que botaba más enfermos de los pabellones. Se perjudicó, sobre todo, a pacientes indigentes con la terapia del electroshock, que busca producir epilepsias para curar esquizofrenias. Detrás del programa de reestructuración, había autoridades corruptas afanadas en vender la propiedad, por medio de una normativa que permitía disponer de propiedades de la Beneficencia Pública de Lima, a pesar de que este espacio contaba con una resolución del INC que lo declaró “monumento” en 1988.

A la denuncia se sumó el clamor de los pacientes y sus familiares, que se organizaron en el Frente de Defensa del Larco Herrera para pedir que el nosocomio pasara de la BPL al Ministerio de Salud. En el 2003, el Minsa se hizo cargo de la administración.

2. Fue hace 100 años. El hospital se inauguró el 1° de enero de 1918 como asilo colonia para alienados en la Magdalena del Mar; se atendía a 275 hombres y mujeres. Ya se brindaba el servicio en el hospital Civil de la Misericordia, que funcionaba desde mediados del siglo XIX en el centro de Lima. Ese año, pasó la atención a los terrenos de la Beneficencia ubicados frente al puericultorio Pérez Araníbar.

Víctor Larco Herrera era de esos políticos que hasta hoy uno busca como aguja en un pajar (por eso el psiquiátrico lleva su nombre desde 1930, al igual que un distrito de su natal Trujillo). En 1918 era senador por el departamento de La Libertad y la Beneficencia le asignó la tarea de ser “inspector de los hospitales para enfermos mentales”; así, al darse cuenta de lo que sucedía, prestó ayuda a un doctor que sería también vital para el desarrollo de los tratamientos mentales: el médico huanuqueño Hermilio Valdizán (1885-1929).

La modernización tomó un año e implicó la llegada de una “dirección científica”, la primera de su tipo impuesta en América Latina, porque hasta ese entonces el “manicomio de la Magdalena” estaba a cargo de las enfermeras religiosas de las Madres de San Vicente de Paul, que serían relevadas por “enfermeras civiles diplomadas”.

En el semanario Variedades del 12 de abril de 1919 se relataba que el “asilo de los alienados” cambiaba así los parámetros: la ciencia se imponía a la religión. “El loco debe ser tratado como enfermo y no como loco”, se pontificaba en la nota. El filántropo Larco Herrera, impactado por la realidad de estos enfermos, apostó con Valdizán por las innovaciones ante los “prejuicios” de las religiosas.

Era paradójico porque las enfermeras con votos cristianos hacían “prácticas centenarias” con sus cerca de 600 “asilados” de manera infrahumana, con mala educación e inadecuada alimentación; hasta había malversación de fondos, así como una “atención relativa”. La nueva misión fue medicar y tratar de sanar a los enfermos mentales. En el nuevo milenio, el nosocomio también lucha por que los pacientes sean aceptados por la sociedad.