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Año del diálogo y la reconciliación nacional
MIÉRCOLES 25

de abril de 2018

FIESTAS DE ORIGEN MILENARIO EN LA SIERRA CENTRAL

Jauja danza en diciembre

Cuando llega el último mes del año, el sentimiento se prepara para recibir la Noche Buena. Y es en los pueblos de tierra adentro donde esa sensibilidad alcanza niveles realmente particulares.

24/12/2017


Luz María Crevoisier

Periodista

“En esta época, el valle del Mantaro reverdece con las primeras lluvias y todo el ambiente se llena de luminosidad”, me diría el escritor y periodista jaujino Saúl Balvín Landeo.

Y es que a partir de noviembre, la sierra central se colude con la naturaleza, preparándose para festejar –como Dios manda– la fiesta de la Navidad. Simultáneamente, sucede lo mismo en otras regiones, así en Cusco con el santoranticuy, en Chincha con el atajo de negritos, en Huancavelica con el atapanacuy, en Huánuco con la danza de los negritos, y en Ucayali con las pastoreadas navideñas.

“La pachahuara y la huayligia son danzas costumbristas y de origen milenario que se practican en Xauxa y por el valle del Mantaro durante diciembre”, explica el colega Balvín Landeo.

“En la ciudad se realiza la huayligia –su nombre proviene de las huaylías o cánticos que se entonaban en la etapa inca– y se caracteriza porque reúne a personajes como las pallas [doncellas] que deben ser solteras. Ellas son guiadas por el chuto, un pastor vestido como tal o con careta de chuto. Se acompaña con instrumentos de orquesta y las jóvenes van vestidas con mucha elegancia”.

“En las ciudades se festeja la huaylilla y tiene un carácter mágico-religioso, como da a conocer el escritor Edgardo Rivera Martínez, quien, en su libro País de Jauja, dice que fue una manifestación festiva en honor al amaru, ese animal alado con cola de serpiente y cabeza de dragón que representa a la sabiduría y el conocimiento. El amaru en diciembre hace florecer la sulluwayta [la flor de escarcha]”.

Amanecer en el ande

“La pachahuara [‘pacha’, tierra; y ‘huara’, amanecer], que traducido sería amanecer de la tierra, es una danza que se acompaña con la banda musical local o con la orquesta. Tanto la huayligia como la pachahuara tienen ritmo lento, de pasos suaves que alcanzan toda la apoteósica alegría y plenitud al evocar la abolición de la esclavitud”, detalla el colega Balvín, con un lenguaje que trasunta la algarabía de ambas danzas. “Por eso –continúa–, el personaje principal es un afrodescendiente que lleva paraguas y a veces es acompañado por un séquito de mujeres”.

Esta tradición no suprime los bellísimos misterios que trajeron los franciscanos, y tanto en los hogares jaujinos como en los templos se los muestra luciendo la creatividad de los lugareños, como una señal de nuestro prolífico mestizaje.

Tradiciones de enero

“Hasta la fiesta de Reyes Xauxa y el valle del Mantaro [los pobladores jaujinos] festejan con las mismas melodías y danzas. Mientras que enero trae consigo la tradición de la tunantada, que va tomando fuerza en los distritos hasta el 20 de enero”, explica el periodista Balvín Landeo.

Como ocurre en prácticamente todo el Perú, la gastronomía es siempre la invitada de honor en estas fiestas de fin de año. Saúl describe esta sabrosa presencia así: “Aún es posible degustar platos típicos, como los sánguches de jamón, el cuy colorado, el puchero, el café de cebada, la chicha de jora”. Más allá de lo sucinto de este listado, lo evidente es que estamos frente a verdaderas delicias de la cocina regional del centro del país. En el valle de Yanamarca, así como en los poblados de Paca, Parco, Huasquicha y otros de los alrededores, se desarrolla con mayor fuerza esta festividad que, junto a la famosa tunantada, son las tradiciones más representativas de la región del centro.