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Año del Buen Servicio al Ciudadano
SÁBADO 16

de diciembre de 2017

PERSONAS

La ausencia de sentido común

Las relaciones interpersonales en nuestra vida cotidiana tienden a ser agresivas debido a la ausencia de sentido común y la aplicación de valores.

2/12/2017


Luis Lagos

Historiador

La gente se desplaza con apuro, desesperación y hace todo lo posible por solucionar su percance sin medir sus impulsos. Carece de espíritu colectivo para buscar una solución inmediata para todos. Los ejemplos saltan a la vista todos los días en las estaciones del Metropolitano, donde los pasajeros se esfuerzan por salir airosos de su problema. No importan reglas, normas, o letreros que sugieren orden e integración. La tendencia es ganar espacios e imponer una absoluta comodidad individual. Visto así los ciudadanos se muestran indiferentes ante cualquier consideración hacia la persona que está al frente, a su costado. No hay espacio para la cortesía. Después de los años noventa de la era Fujimori, la nación empezó a desmoronarse porque la familia como institución entró en una etapa de crisis severa. Lecciones recurrentes como “respeta a tus mayores”, “saluda siempre

Actualmente hay un evidente desconocimiento de la esencia de la sociedad. Esto se agrava según el sector económico: a más pobreza más conflicto, por eso, creo que los mayores reportes de incidentes de convivencia ciudadana en los espacios públicos suceden en las zonas populares , donde la gente está habituada a transgredir y ser informal. Mucho más todavía cuando existe una permanente insensibilización social que sacrifica la comunicación con los hijos y pone como interlocutor sordo a la televisión, la cual significa una fuente de antivalores y una excelente vitrina de modelos de barro. Lo mismo sucede con la prensa escrita, la cual contribuye a fortalecer dañinos estereotipos al presentar en sus portadas a la mujer como un objeto sexual, ¿hasta cuándo debemos contemplar este tipo de acciones?

Los trastornos de la conducta se ventilan diariamente en las colas, en las salas de espera y en las ventanillas de atención al público porque la gente vive perturbada por la desazón.

Si deseamos corregir esta anomalía, el Estado debe invertir en políticas que conduzcan a una mejor salud mental. La tranquilidad pública es un derecho el cual viene siendo vapuleado hace muchos años. Necesitamos reforzar el sentido común con spots publicitarios y campañas de cultura cívica.

Debemos asumir que nuestra sociedad está enferma y requiere de atención inmediata; de lo contrario, seguiremos alimentando la frustración y la sensación de que solo la violencia puede salvar a este país, y de esto, ya tenemos una historia sangrienta que no debemos repetir.