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Año del diálogo y la reconciliación nacional
SÁBADO 26

de mayo de 2018

RECORRA EL DESIERTO DE NASCA

La cima del cielo

Cerro Blanco, con 2,070 metros de altura, es la elevación arenosa más alta de Latinoamérica y está en el Perú, en el desierto iqueño de Nasca. Es un espacio ideal para el turismo de aventura.

“Yuraq Urqu se le dice en quechua. “Cerro Blanco”, en castellano. Ubicado en la provincia iqueña de Nasca, desde tiempos preincaicos se creía que era un manantial de agua, que brotaba desde su centro. Hoy, la creencia persiste entre los lugareños y turistas de diversos países, que llegan a depositar ofrendas y realizar turismo de aventura.

7/2/2018


El tour de aventura extrema comienza a las cinco de la mañana de cualquier día. Se recorren hermosos paisajes naturales, como Pampas Galeras y otras zonas de la provincia de Lucanas (Ayacucho), hasta llegar a la cima de la duna más alta de Latinoamérica: Cerro Blanco.

El guía anuncia que el tour será vivencial y de aventura; se combinarán caminata, escenarios naturales y mucha diversión, colocando hitos de piedra en los cerros o “saywas”, que inmortalizan nuestra travesía.

Salir a primera hora

“Madrugar nos permitirá evitar el calor abrasador del desierto y observar la salida del sol”, explica Zenón Gallegos, un perspicaz guía y conocedor de la historia nasqueña.

La partida se inicia en el kilómetro 23 en la ruta a Puquio (Ayacucho), a unos 20 minutos de la ciudad de Nasca. Después de unos minutos, llegaremos a un punto donde empezaremos la caminata hacia la cima de Cerro Blanco. Estamos listos para el desafío.

La montaña de arena a donde nos dirigimos está en uno de los desiertos más atractivos del Perú, por su paisaje y legado cultural: el de Nasca.

En este lugar se pueden contemplar los impresionantes colores rojizos de los cerros, descubrir un valle poblado por cactus, que nos ofrecen frutales, como la pitahaya con su exquisita pulpa blanca.

A la vez, podremos visibilizar no muy lejos, el inicio de la cordillera de los Andes y en los alrededores el valle de Nasca, muy bien vigilado por el cóndor.

La caminata no tan dura al comienzo, podría ponerse un poco difícil una vez que lleguemos a las faldas arenosas del cerro. Conocer y disfrutar del recorrido nos tomará cuatro horas.

Sandboarding

Una vez conquistada la cima del Cerro Blanco, nos tomaremos un descanso para apreciar la magnitud y la belleza de la naturaleza. Después emprendemos la bajada en las tablas del sandboarding, tras recibir las instrucciones de seguridad del guía.

Empezaremos practicando sobre dos dunas pequeñas, donde nuestro guía nos enseña la forma de emplear la tabla y algunos estilos que son divertidos y, sobre todo, seguros. Después de haber practicado lo suficiente, nos deslizaremos falda abajo. La longitud de la última pendiente es de aproximadamente 900 metros de pura adrenalina, altitud que nos permite observar la geografía bendita del desierto.

Al finalizar nuestro gran salto, llegaremos a la orilla de la duna y de ahí tendremos que caminar cerca de una hora, en que podremos observar gran variedad de piedras, restos de huacos y restos marinos. Terminaremos en el sector de Sol de Oro, donde una movilidad nos conducirá de regreso a la ciudad de Nasca. (Blanca Vargas Jiménez)