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Año del diálogo y la reconciliación nacional
DOMINGO 17

de junio de 2018

RESEÑA

Las Constituciones del Perú

El título de esta nota puede llamar a engaño, pues puede significar muchas cosas. Y es bueno señalar que el Perú, desde 1821, ha tenido varias constituciones y casi todas ellas de carácter nominal y de vigencia restringida. Pero ello demuestra, sin lugar a dudas, el interés de la clase política por enrumbar al país por las sendas de un constitucionalismo democrático.

3/3/2018


Domingo García Belaunde

Constitucionalista

Aún así, al margen de que hayan sido desconocidas y poco observadas, salta a la vista que su publicación en forma conjunta y fiel ha sido trabajo de pocos. Las ediciones existentes son escasas y es más que probable que al bicentenario lleguemos sin una edición oficial y sistemática de todas ellas, muy propio de nuestro descuidado aparato estatal.

Esta carencia puede, sin embargo, ser revertida. Digo esto en relación con una reciente publicación hecha conjuntamente por el Centro de Estudios Constitucionales del Tribunal Constitucional y el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, que materializa un deseo de hace muchos años.

Y es la publicación de las ediciones facsimilares de nuestras constituciones históricas, incluyendo por su importancia a la Constitución de Cádiz de 1812, que, si bien no pertenece a nuestro constitucionalismo histórico, es un importante referente para este. De hecho, sin Cádiz hay muchas cosas que no se entienden y por eso hay que considerarla, más aún cuando en su elaboración participaron ilustres peruanos, cuyos nombres en su totalidad no han sido recogidos aún.

Con todo ello puede afirmarse, sin temor a errar, que esta publicación recién editada es única y no tiene precedentes. Es la primera vez que se aborda con rigor la tarea de compilar, en sus versiones primigenias, todas nuestras constituciones, extensiva a la de Cádiz, y tal como fueron publicadas oficialmente por vez primera y en tipos de imprenta, que era el de la época, por cierto.

Para comprender mejor esto vale la pena tener presente los momentos por los que pasa un texto constitucional.

El primero es el debate constituyente, que existe, pero que no ha sido rescatado en su plenitud. Lo segundo son las ediciones autógrafas, que lo fueron a mano y en excelente caligrafía, fruto de la educación escolar de otras épocas, con la salvedad de que las constituciones de 1979 y de 1993 se hicieron en máquina de escribir y en computadora, respectivamente. Luego vienen las primeras ediciones oficiales en moldes de imprenta, que es lo que ahora se rescata y, finalmente, las ediciones que se han hecho en las últimas décadas de los textos en su totalidad, pero debidamente revisados y actualizados, y que es obra de los particulares.

Se trata, pues, de diversas maneras de abordar la publicación de nuestros textos fundamentales, de los que ahora se hace, por vez primera, una reproducción de las primeras ediciones impresas, con la salvedad de las constituciones de 1979 y 1993, que por motivos que desconocemos han sido reproducidas las autógrafas. En todo caso, lo publicado ahora no tiene precedentes, y es bueno que haya sido hecho, pues una publicación con esta característica no existía.

En este panorama, hay cosas que faltan, pero que esperamos vengan en su momento. Adelantemos que la edición de las autógrafas no será fácil, pues una de ellas, la de 1823, no se ha encontrado hasta la fecha. Pero con lo publicado se ha dado un gran paso que solo nos queda aplaudir.

La obra está precedida por un excelente prólogo de Carlos Ramos Nuñez, actual magistrado constitucional y director del Centro de Estudios Constitucionales, que ha rescatado varios textos constitucionales del siglo XIX que estaban largamente agotados (Toribio Pacheco, Luis Felipe Villarán, entre otros).

Entendemos que para quien es un historiador de oficio como Ramos –y además de excelente factura– no le ha dado mucho problema introducirse en el área constitucional. Los que lo hemos hecho, pero como aficionados, vemos con sumo interés un proyecto como el que comentamos.

Las ediciones son escasas y es probable que al bicentenario lleguemos sin una edición oficial.