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Año del diálogo y la reconciliación nacional
LUNES 18

de junio de 2018

PERFILES

María Elena Moyano

Fue uno de los símbolos de la lucha contra Sendero Luminoso. Lideresa vecinal y feminista, trabajó desde niña en programas sociales promoviendo espacios de educación y salud. Además, defendió los derechos humanos y los derechos de la mujer. Amó a su comunidad a tal punto que ofrendó su vida por ella. Precisamente este mes se cumplen 26 años de su infausta muerte. El pueblo la llama Madre Coraje.

25/2/2018


Domingo Tamariz

Periodista

María Elena Moyano nació en la encantada Ciudad de los Molinos, Barranco, el 29 de noviembre de 1958. Hija de Hermógenes Moyano y doña Eugenia Delgado, a los 12 años, llevada por su madre, participó junto con sus seis hermanos en la histórica invasión de Pamplona, que involucró al general Armando Artola, entonces ministro del Interior, y a monseñor Luis Bambarén, quien, al interceder en el incidente, fue apresado y luego encarcelado. Este suceso derivó en la creación de la Comunidad Autogestionaria de Villa El Salvador, pueblo al que llegué como reportero más de una vez en sus días aurorales (1971).

Antes de la invasión de Pamplona, doña Eugenia y sus siete hijos habían sido desalojados –y sus muebles, embargados– por no haber podido pagar el alquiler del lugar donde vivían. Impulsada por la desesperación, Eugenia llegó a Pamplona y luego a ese arenal de la esperanza –que era entonces Villa El Salvador– como lo hicieron cientos de familias acosadas por la pobreza.

Con sus 12 años, María Elena, acaso desconcertada, vio cómo su madre y sus hermanos mayores construían el nuevo hábitat de la familia en el desierto; y en la noche, tiritando bajo el rumor del viento y un frío que calaba los huesos, muerta de miedo, se quedaba dormida para despertar al día siguiente en un entorno diferente, donde todos se conocían y trabajaban juntos por un futuro mejor.

En esa nueva vida, todas las mañanas, muy temprano, junto con su hermana Martha –años después congresista–, portando sus útiles escolares bajo el brazo, trepaban a un microbús para dirigirse a Surco, al colegio Jorge Chávez, donde terminó la secundaria a los 15 años.

No estaba en sus planes seguir una carrera universitaria, pero su madre le exigió que estudiara Derecho. Se presentó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero no ingresó. Sus hermanos le ofrecieron pagarle los estudios, y en esa suerte entró a la Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Pero no siguió Derecho, sino Sociología.

Paralelamente, dando rienda suelta a sus deseos, María Elena fundó y presidió un grupo juvenil llamado Renovación, en el que primaban la actividad teatral, el canto y charlas sobre problemas propios de la juventud (1973). Al año siguiente, ingresó en un programa no escolarizado de educación inicial, en el que se sintió muy a gusto.

Cursó Sociología hasta el segundo año. Su verdadera vocación era organizar y promover programas sociales, para lo cual reunía grandes condiciones: energía, pasta de lideresa, imaginación, carisma. Trabajó en proyectos orientados a la alfabetización y la salud, en los programas del Vaso de Leche y de los Comedores Populares. En 1978 se convirtió en la principal impulsora de la Comisión Nacional de Comedores. En ese rumbo se hizo mujer, se casó y tuvo dos hijos.

En 1983 fue elegida subsecretaria de la Federación Popular de Mujeres de Villa El Salvador (Fepomuves), y en 1986, presidenta de la organización. En mayo de 1988 la reeligieron en ese cargo. Por entonces ya era un personaje popular en Villa El Salvador. Alada en esa fama, fue elegida teniente alcaldesa de su distrito en las elecciones de 1989.

Corrían los tiempos en que Sendero Luminoso sembraba el terror en la capital de la República. Sus acciones violentas tenían en ascuas a toda la capital. María Elena se les opuso abiertamente en reuniones, marchas y entrevistas periodísticas en las que condenaba sus métodos de destrucción y muerte. Nunca les tuvo miedo.

En ese andar, el 15 de febrero, pese a las amenazas, fue a la pollada organizada por las madres del Vaso de Leche de un sector del distrito. Por esos días SL había convocado un paro armado, medida que fue respondida por los pobladores de Villa El Salvador con una marcha por la paz en la que portaban, con María Elena a la cabeza, banderas blancas.

Cuando participaba de la pollada, fue acribillada por un comando de aniquilamiento senderista. Pero no solo fue asesinada: ya en el suelo, su cuerpo fue dinamitado, con el fin de amedrentar a sus seguidores.

Su entierro fue multitudinario. Lo que Sendero Luminoso quiso destruir, terminó siendo el símbolo de la lucha contra el terror.