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Año del Buen Servicio al Ciudadano
LUNES 11

de diciembre de 2017

PERFILES

Mariano de Belaunde

Fue, sin quererlo, el protagonista de un escándalo que sacudió al país en los albores del siglo XX. Sobre este caso se ha publicado poco, razón por la cual lo ignora la mayoría de peruanos. Y es lamentable que así sea, pues este hecho revela un ejemplo de honestidad en un país donde, desgraciadamente, galopó siempre la corrupción. Recordar este caso es gratificante, ya que al lado de tanta pillería hubo funcionarios de manos limpias, como el personaje que hoy presentamos.

3/12/2017


Domingo Tamariz

Periodista

Mariano de Belaunde de la Torre nació en Arequipa, un día de 1849. No existe una crónica o historia que consigne el dato exacto. Sus padres fueron el acaudalado empresario Mariano Javier de Belaunde y Zúñiga y doña Margarita de la Torre y Luna Pizarro. Hizo sus primeros estudios en el seminario de San Jerónimo, colegio de antigua data donde se formaron célebres characatos, como Francisco Javier de Luna Pizarro y Mariano Melgar. Al concluir la secundaria, ingresó en la Universidad de San Agustín, donde se graduó de abogado.

Al parecer, no ejerció su profesión, porque al egresar de la universidad tuvo que hacerse cargo de la administración de las tierras agrícolas que heredó de sus padres. Asimismo, incursionó en el comercio.

Gracias a su trabajo y perseverancia, logró una sólida posición en la exportación de lanas y cueros, aguardiente y oro. Y, como buen cristiano, promovió la fundación de la Unión Católica y del diario El Deber, vespertino estrechamente vinculado a la Iglesia que circuló durante 75 años.

Y en ese discurrir, no fue ajeno a la política. Militó en el Partido Demócrata de Nicolás de Piérola, de quien su hijo Rafael fue secretario personal. En esa suerte, fue elegido diputado por la provincia de Camaná. Era tanta su fama como empresario y hombre de bien que el flamante presidente de la República, el civilista Eduardo López de Romaña, arequipeño como él, lo llamó para que integrara su primer Gabinete como ministro de Hacienda (8 de setiembre de 1899). No había incongruencia alguna en que aceptara ese cargo, ya que el Partido Demócrata y el Partido Civil se habían aliado para presentar un único candidato presidencial en las elecciones de 1899.

Cuando don Mariano terminó su gestión como ministro, el presidente López de Romaña, actuando de manera precipitada, lo acusó de malversación de fondos. Denuncia que provocó, como era de esperarse, la indignación de vastos sectores del país. Para responder a esa errada acusación, Belaunde renunció a su inmunidad parlamentaria.

¿Qué pasó? Como ministro había realizado una operación crediticia para enviar dinero a Europa y preservar un secreto (destinado a comprar armamento). En la seguridad de que sus letras eran valores reales y confiables, y de que el giro de ellas estaba consolidado con diez años de buenas relaciones comerciales, no tuvo entonces ningún inconveniente en vender algunas de ellas a la Dirección del Tesoro. Obró así porque consideró conveniente actuar con reserva en lo que respecta a la compras de armas, sobre todo por la delicada situación internacional que se vivía en esa coyuntura.

Pero un desventurado día, la casa Puertas de París que había aceptado los giros de Belaunde demoró en hacerlo debido a un problema imprevisto. Fue entonces cuando estalló el escándalo. Es importante recalcar que la operación crediticia se realizó de manera transparente. “No existió desmedro para el erario a causa de la compra de los giros”, apunta Basadre en su Historia de la República. Además, las letras estaban garantizadas por la fortuna del exministro. Sin embargo, la Cámara de Diputados lo acusó ante el Senado, el cual, con el voto en contra del famoso jurista Francisco García Calderón, declaró que había lugar a formación de causa.

Fue tal la presión de políticos y grupos de manifestantes –que llegaron incluso hasta Palacio a pedir su cabeza– que Belaunde terminó entre rejas y, por si eso fuera poco, le confiscaron sus bienes. Sus negocios se fueron al diablo. Estuvo en prisión cerca de tres años.

Catorce años más tarde, después de haber sido arruinado, Belaunde fue rehabilitado por el Congreso, mas no indemnizado por los enormes daños ocasionados por el injusto embargo de sus bienes.

Mariano Belaunde de la Torre falleció en Arequipa el 9 de febrero de 1921, a los 72 años de edad. Fue padre de Víctor Andrés Belaunde, canciller y presidente de la Quinta Asamblea de la ONU, y abuelo de Fernando Belaunde, expresidente de la República, quienes honraron con su comportamiento la proclamada honestidad de su ilustre antepasado.

Abogado, empresario y político arequipeño. Fue ministro de Hacienda.