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Año del Buen Servicio al Ciudadano
SÁBADO 24

de junio de 2017

MAÑANA ES EL DÍA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN

Pan para crecer

Una ONG promueve la creación de microempresas con responsabilidad social, que permitan luchar contra la desnutrición. En Jauja ha asumido el reto una pareja de empresarios que da raciones a niños y adolescentes de un colegio y una orquesta.

15/10/2016


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Fotos: Vidal Tarqui

Sobre las 10:30 de la mañana ha terminado el recreo y en la Institución Educativa Enrique F. Gómez Espinoza, los escolares del primero y segundo de secundaria, con sus buzos bermellones de líneas blancas, con sus risas fáciles, hacen cola frente a un salón.

Adentro, Félix Curasi y su esposa, Evi Ñaupari, se apuran en servir las cien raciones. Esta vez toca papa a la huancaína. Ellos solo exigen a los alumnos practicar los hábitos de limpieza: lavarse las manos antes de sentarse, usar los individuales y llevar sus platos descartables a los tachos de basura.

La I. E. Gómez Espinoza tiene 270 alumnos que estudian en los dos turnos. Queda en el distrito de Yauyos, provincia de Jauja, Junín. Cada 20 de enero, la plaza colindante al colegio es tomada por una treintena de orquestas que llenan el firmamento del valle del Mantaro con tunantadas de hoy y de ayer.

El año pasado, el señor Curasi tocó las puertas del colegio y explicó que potenciaba su microempresa familiar gracias a la organización Pan-Soy, que le daba capacitación y maquinarias, pero que le exigía donar un centenar de raciones diarias de alimentos nutritivos a niños de escasos recursos, que no sean beneficiarios de programa alguno.

La directora, Rocío Ramos Pacarpura, aceptó y para mayo de 2015 los escolares ya recibían las raciones. Hoy, kiwicha con avena y leche; mañana, tortilla a base de verduras, y así más de 20 recetas que tienen el plus de poner en valor ingredientes nutritivos y de la zona.

Hogares difíciles

“La mayoría de nuestros jóvenes trabajan y estudian; viven solos; vienen de familias disfuncionales o de lugares muy alejados; se quedan aquí y los fines de semana regresan a sus pueblos. Muchas veces, los jovencitos ni siquiera almuerzan. Y este refrigerio es nutritivo, los aliviará en algo”, dice la directora.

Muchos trabajan como ayudantes y cargadores en las tiendas mayoristas, en albañilería o en las chacras.

Cada noche, los Curasi también dan refrigerios a los 80 integrantes de la Orquesta Sinfónica Infantil Kuyayky, de Jauja. “Son un talento, jóvenes estudiosos que están en la jornada escolar completa y luego ensayan. Hay momentos en que me piden, por favor, tío, ¿puedes ‘yaparme’?”, relata Félix Curasi, un puneño que desde hace 49 años es hijo adoptivo de Jauja.

Compromiso

Los Curasi-Ñaupari asumieron la responsabilidad social –restar de sus ganancias para preparar las raciones, para contribuir a la lucha contra la malnutrición– con alegría. “Pan-Soy nos está dando las máquinas; nosotros hacemos cuenta que nos están vendiendo. Esa es nuestra filosofía”, dicen.

Los esposos tienen más de 20 años de experiencia en el rubro de lácteos y venden sus productos en diversas ferias de la región Junín. Junto con sus cuatro hijos formaron la empresa D’Laly, fabrican yogur, mantequilla, manjar blanco y néctares diversos, pero sabían que les hacía falta la técnica.

Prestaron oído a la organización Pan-Soy, que les brindaría capacitación y maquinarias, además de un capital semilla de 400 kilogramos de soya, todo por un costo de 15,000 dólares no reembolsables. Las únicas condiciones que pedía la ONG era contar con una planta de no menos de 20 metros cuadrados y dar, por un promedio de dos años, 100 raciones diarias a niños de escasos recursos.

“Ahora hemos mejorado notablemente”, cuentan los Curasi. Sienten que han crecido como empresarios y las ventas han mejorado. “Con las maquinarias tenemos la suficiente confianza en que los productos son buenos, de calidad. Antes era un poco difícil, no lo creíamos”.

Este año, gracias a Pan-Soy, esta familia jaujina llegó a la feria gastronómica Mistura de Lima con dos productos: chicha de jora y néctar de aguaymanto. Les han propuesto llevar el próximo año, mediante Sierra Exportadora, su néctar al mercado norteamericano.

En 2017 también tienen contratos para entregar productos de pastelería a varios colegios. Por ello, ya conversan con el instituto de Xauxa para que les asignen dos estudiantes.

Romper paradigmas

Pedro Pablo Valenzuela, director de la Agencia Agraria de Jauja, indica que en esta provincia existen muchas organizaciones que esperan este tipo de apoyo como el que reciben los Curasi. “Y no solo fortalece a esta organización, sino que también en el ámbito social apoya y trata de paliar la desnutrición que hay en nuestro país y en nuestra zona, donde tenemos un alto porcentaje”.

Desde 2014, la red Pan-Soy está en la región Junín y ya suma 11 empresas. Elena Traverso, responsable de la oenegé en la región, cuenta que tuvieron que retirar a algunas empresas porque no cumplían el tema de la responsabilidad social.

“Es que debemos romper un paradigma. Los empresarios de desaniman por el tema de las raciones diarias [deben sacar dinero de sus ganancias para financiarlas]. Es un choque porque tienen la idea de que las ONG vamos a darles todo. Aquí lo central es dar las 100 raciones diarias y no los 15,000 dólares del paquete del capital semilla”, recuerda.

Datos

Más de 140 microempresas socialmente responsables son promovidas y trabajan con el capital entregado por Pan-Soy en Ayacucho, Cusco, Junín, San Martín, Piura, Ica y Lima.

ONG entrega en concesión plantas que contienen cocina semiindustrial, licuadora semiindustrial, horno pastelero y congeladora, más 400 kilogramos de soya natural, entre otros.

13,000 peruanos tienen alimentos saludables a diario gracias a los empresarios de Pan-Soy.