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Año del diálogo y la reconciliación nacional
LUNES 22

de enero de 2018

LIMA EN 1 DE ENERO

Para todos los gustos

Baños de florecimiento, visita a centros recreacionales y playas marcaron el primer día del Año Nuevo para miles de limeños.

2/1/2018


José Vadillo Vila




Altiplánicos como el susurro del lago sagrado o la Virgencita de Copacabana y la mismísima Mamacha Candelaria, un ejército de 18 “yatires” y curanderos ha tomado un vértice del jesusmariano Campo de Marte con sus preparaciones de amuletos, sus lecturas de cartas y hojas de coca, sus imanes para retener lo bueno y alejar lo malo.

Es 1 de enero y la gente –desde los que llevan bebé en brazos hasta los que necesitan brazos para beber– hacen cola en sillitas de plástico, frente al yatir de su preferencia, sea boliviano o peruano, para consumar un baño de florecimiento. Aquello es práctica de rigor de estas fechas cuando fulano y mengano quieren empezar el año sin que les metan cabe y con abundante buena salud y dinero en los bolsillos. Cuando se acerca el periodista ocultan el rostro o miran la pantalla de su “celu”, porque para ellos y ellas les da roche que les reconozcan haciendo estas prácticas premodernas o anticatólicas.

“Aquí no usamos ni brebajes ni agua, solo se baña con pétalos de flores”, cuenta doña Lidia Cortez, quien hace 19 años ha hecho de su Feria de los Deseos y sus “sacerdotes andinos” casi un heterónimo de su nombre. Los baños de florecimiento cuestan desde 20 soles. Como feria de Mivivienda, también se venden “alasitas” (casitas, departamentos, hoteles, camionetas, todo en miniatura), todo para que los sueños se hagan realidad.

Y si está apurado, hay baño de florecimiento en caja, para que en este Año Chino del Perro, todo vaya sobre ruedas. Los “yatires” a las justas pegaron un ojo porque cerraron a las dos de la mañana y siete horas más tarde ya estaban atendiendo de nuevo. Es que la gente quiere recibir el año nuevo sin malas vibras y pidiendo que les pasen huevo para borrar el susto.

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Con sus polleras altas, Gloria Morales goza y zapatea; el arpista que llega tarde y al vuelo afina su instrumento mientras el timbalero marca el compás y el bajista adusto hace la camita con las cuatro cuerdas. Gloria canta lo que pida el respetable y de paso invita a pasar para consumir ricas pachamancas que salen de hornos al ladrillo y cuyes chactados y caldos de cabeza que borran a cucharazos la mala noche. Si no te gusta, no pagas. Jura la cantante.

Al frente, la cola de las familias que ingresan en el Parque Zoológico de Huachipa aumenta después del mediodía y llegará a superar los 10,000 visitantes. El pasto de las áreas verdes es el favorito para que los chicos correteen y los papis aprovechen para cabecear un ratito más porque la noche del 31 fue pródiga en champaña, doce uvas y otros menjunjes.

La novedad del zoológico de Lima Este son “Óscar”, “Tito” y “Fuana”, paiches de 1.70 metros, 65 kilos de peso y tres años de edad, aproximadamente. Vienen desde un criadero en el Nauta, región Loreto. Rafael Inocente, jefe de Acuario, saca el pecho porque es la primera vez que se logra el traslado aéreo exitoso de ejemplares tan grandes. La alberca de 150,000 litros que les cobija y es la más grande de la capital, tiene “agua blanda”, que asemeja a la de los ríos de la selva, con todo y temperatura. Así, se presagia que en unos años los animales acuáticos llegarán a los 3 metros de largo.

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Como todos los años, Carlos Romero ha comprado unas flores porque es el cumpleaños de su tía, que era casi como su madre, y la irá a visitar al cementerio Campo Fe de Huachipa. La señora Ángela Martínez (67), que vende flores desde que tenía 9 años de edad, dice que en estos cinco años ha visto que las ventas han bajado. ¿Se están olvidando de sus difuntos? “Puede ser”, dice la señora.

La señora Betty Cornelio lleva 20 años en su restaurante a tiro del río Huaycoloro, también cree que las ventas han bajado para ser primer día del año, solo espera que por la tarde no llueva, porque ahí sí no vendrá nadie. Y su máximo deseo es que en el verano, el río no se salga de su cauce, porque entonces el negocio sí se volverá solo pérdidas.

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Si por la mañana la Panamericana Sur era casi una antítesis a su cotidianidad –con la ausencia de tráfico–, parece que todos se fueron de acuerdo y visitaron las playas de la Costa Verde, con Agua Dulce como epicentro de la vida y de las olas en este 1 de enero. Porque aquella playa es desde hace 100 años el espacio donde los limeños gustan de tomar el sol en Año Nuevo. Y así empezar recargados el año que recién se inicia. Porque solo algunos privilegiados harán hoy, martes, feriado puente; el resto, a sudarla.