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Año del diálogo y la reconciliación nacional
SÁBADO 26

de mayo de 2018

FIESTA EN PUERTO MALDONADO

Selva de la fe

En la capital de la región Madre de Dios, Francisco se mimetizó como un nativo más. Bendijo a internos de penal, a niños y comprendió el clamor de la Amazonía.

20/1/2018


1 Fue en el coliseo regional Madre de Dios donde la voz de Francisco se elevaría ayer a media mañana pidiendo unión para trabajar por “una Iglesia con rostro amazónico”.

El santo padre ingresó al espacio en un carrito de golf color verde –para no desentonar con el ideal de la Amazonía–, y ellos estaban esperándolo para dialogar. Ellos: decenas de representantes de etnias nativas que habían llegado de los confines de la Amazonía. Ya no eran invisibles, tenían un lugar preferencial. Ellos cuyos pueblos sufren en primera persona la trata de blancas, la deforestación, la minería ilegal y el olvido.

Hombres, mujeres y bebés que representaban a los otros peruanos, también sedientos de fe, de ser escuchados. Llegaron regalando al Sumo Pontífice sus oraciones y cánticos. Sus cuerpos en túnicas o pintados. Porque el canto y la pintura son significados y significantes vitales en la cosmovisión de sus pueblos.

Le ofrecieron sus plumas de cazadores, sus huairuros, sus coronas, en gesto de buena fe. En gesto de hermandad a aquel que se llama Jorge Mario Bergoglio, que es sacerdote jesuita y que ahora es representante de la Iglesia de Cristo entre los mortales en pleno siglo XXI. Quien también está preocupado por el destino del hombre y por el pulmón verde de la Amazonía. Y el papa Francisco, gracias al sincretismo, terminó mimetizado, convertido en otro amazónico más.

2 Puerto Maldonado no había dormido esperando al papa (la plaza de Armas de la ciudad fue testigo de la vigilia que unió a miles de vecinos en oración). Y terminaban de llegar peruanos de regiones vecinas y gente con fe de países vecinos.

Desde temprano, los feligreses esperaban el arribo del avión que traía al obispo de Roma. Se apostaron en la vía que una el aeropuerto del coliseo cerrado, para ver a Francisco derramar bendiciones desde una camioneta y el papamóvil, verbigracia.

Cuando bajó del avión, los niños agitaban pañuelos blancos y amarillos. Representaban a las parroquias de Puerto Maldonado y le daban la bienvenida al papa en la explanada del aeropuerto. Cuatro de ellos saludaron al jefe de la Iglesia y le entregaron un ramo de flores nativas. El papa agradeció el gesto abrazándolos con efusividad.

Dicen que la palabra de Cristo es lo más cercano a la democracia ideal: no conoce de razas, credos ni condición legal. Darían fe una veintena de reos del penal Inpe de Puerto Maldonado: agitaron sus banderines e hicieron una coreografía en honor al ilustre visitante, que a su paso les dio su bendición a ellos, que representan a 893 internos. Los presos fueron escogidos “por sus buenas acciones de resocialización”. También bendijo una escultura de madera de San Francisco de Asís, tallado por ellos, y que ahora tiene lugar preferencial dentro del reclusorio.

3 El santo padre también tenía previsto en su apretada agenda por Madre de Dios reunirse con sus anfitriones: los vecinos de Puerto Maldonado. Y recorrió la explanada del instituto Jorge Basadre sonriendo e impartiendo bendiciones, mientras la población agitaba pañuelos color paz. En este centro no solo lo esperaban peruanos, sino también delegaciones del sur andino, e invitados de Bolivia y Brasil.

Fue aquí donde Francisco bendijo a la Virgen de las Nieves y su corona de oro, para la algarabía de la delegación de feligreses que se trasladaron desde Tinta, región Cusco, solo para este fin (ellos había solicitado con antelación a Roma este acto).

Tras la misa y encuentro en el coliseo cerrado de Madre de Dios, y antes de retornar a Lima, Francisco almorzó en el Centro Pastoral Apaktone, con representantes de los pueblos indígenas y miembros del Vicariato Apostólico local.

Antoine de Saint-Exupéry, el escritor francés creador de El Principito, pilotearía feliz a la eternidad: 40 niños y adolescentes en estado de vulnerabilidad, que son protegidos en el albergue hogar que lleva el nombre de su celebérrimo personaje, esperaron al pontífice con danzas típicas amazónicas y diversos cantos de fe católica.

Xavier Arbex, fundador del hogar-albergue, le dijo al santo padre que en la selva los pobres llaman a nuestras puertas, nuestra madre selva grita dale pan, salud y educación a nuestros hijos. “Nuestros ojos no siempre saben ver. Hay que ver con el corazón”.

Regalos para Pancho

Francisco voló de vuelta a Lima cargando en sus maletas pinturas, libros, representaciones culturales ancestrales, frutos y otros presentes de las etnias amazónicas peruanas. Sus representantes entregaron al sumo pontífice estos presentes y símbolos de sus pueblos. Fue su forma de decirle, “Gracias, papa Francisco, por escucharnos”. El primero en acercarse al papa fue Santiago Manuin, de la etnia awajún: en el 2009, Manuin resultó herido de gravedad durante las manifestaciones violentas en Bagua, Amazonas. Le siguieron representantes de otras comunidades indígenas amazónicas. Participaron comunidades andinas de Cusco y Puno, que regalaron tejidos y productos tradicionales de sus zonas.