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Año del diálogo y la reconciliación nacional
LUNES 19

de febrero de 2018

LEGADO ARQUEOLÓGICO

Voces ancestrales

Lima acoge un gran número de huacas. Gracias a ellas se puede conocer parte de la vida en esta región antes de la llegada de los conquistadores españoles. Sin embargo, el crecimiento urbano las amenaza.

28/1/2018


Luz María Crevoisier

Periodista

“Lima es la ciudad de las huacas”, me diría alguna vez el escritor Miguel Ángel Vallejo Shameshima. Y no le falta razón al autor de La muerte no tiene ojos, pues como apunta el antropólogo Rodolfo Sánchez Garrafa, se tienen registradas unas 360, que agregadas a las que destruyó la desidia y las constructoras debieron sumar un buen número.

“El término huaca, waca o guaca, en las lenguas quechua y aimara, designa en los Andes a todas las entidades y ámbitos con aura de sacralidad”, explica el también profesor Sánchez Garrafa.

“El término huaca es confundido comúnmente con las construcciones de tipo piramidal de templos y adoratorios prehispánicos, que no son otra cosa que las moradas de antiguas deidades y en donde se realizaban observaciones astronómicas”, declara al diario Oficial El Peruano.

“Podría decirse que todos los pueblos del ámbito andino compartían el mismo sentimiento hacia el culto de las huacas como lugares sagrados. Un ejemplo es el pueblo de Pijao (Colombia), que consideraba como huacas a lugares o formaciones naturales como cavernas, fuentes de agua y tumbas de sus ancestros”.

El especialista comenta que las huacas cobraron particular interés para los invasores europeos, pues en ellas se ofrendaban con objetos de metales preciosos. “Paralelamente a estas construcciones, los incas levantaron otros adoratorios, respetando las de los pueblos subordinados y por ello las podemos apreciar hasta el presente”.

Las construcciones incas se llamaron ushnus y eran de tipo piramidal. Vestigios de ushnus quedan en Huánuco Pampa, Vilcashuamán, Recuay, Shincal de Quimivil (Catamarca, Argentina) y Cerro Chena en Santiago de Chile.

“Con la aparición de la cultura Lima (200 a. C. a 600 d. C.), la organización social se vuelve más compleja”, menciona.

El antropólogo Sánchez manifiesta que Maranga se convierte en un centro administrativo y se erigen notables huacas piramidales. A esta cultura le sigue la Ychma (600 y 1,000 d. C.).

“Como evidencia monumental de los ychmas tenemos la huaca de San Marcos [denominada anteriormente Aramburú), la Huaca Concha Middendorf, Tres Palos (conocida también como Pando o Campana), Garayar, que es una de las más antiguas; Cajamarquilla y Puruchuco, entre varias otras más”, agrega el estudioso.

Recuperación

Algunas de las huacas más emblemáticas han sido restauradas: Pucllana, San Borja y Bellavista. Se tiene planeado que la huaca conocida como San Marcos sea puesta en valor por la universidad cercana de donde toma su nombre. “Fue centro ceremonial principal de Maranga para ser convertida posteriormente en cementerio, por los ychmas”, aeñala el antropólogo Rodolfo Sánchez.

“Al parecer, en algunas reconstrucciones ya no se aprecian las rampas de acceso que fueron recortadas y destruidas para favorecer el crecimiento urbano. Originalmente fueron muy importantes, no solo por su función práctica, sino también por el simbolismo de jerarquía atribuida al centro ceremonial principal”, indica.

“De los 366 monumentos arqueológicos que hay en Lima, el 66% está en peligro de desaparecer”, alerta el profesional.

Otra región con muchas huacas es Lambayeque, donde se ubica Túcume, el valle de las pirámides.