Tipo de cambio:

Compra: 3.233

Venta: 3.238


Año del Buen Servicio al Ciudadano
DOMINGO 10

de diciembre de 2017

PERSONAJES DEL BICENTENARIO 1821-2021

Witt, el testigo excepcional

Por primera vez se publican completos, en 10 tomos, los diarios del comerciante alemán Heinrich Witt, quien vivió 68 años en el Perú. Sus textos son fuente importante para comprender nuestro siglo XIX y a la clase alta nacional.

10/11/2016


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Heinrich Witt llegó al Perú en 1824 y vivió aquí hasta el día de su muerte. Un total de 68 años. No hubo semana en que dejara de alimentar su diario con anotaciones sobre lo que pasaba en el país, desde el día que llegó a Arequipa como contador de la casa inglesa Gibbs.

“Es un diario cien por ciento limeño y no hay otro más minucioso del Perú del siglo XIX que este”, explica Ulrich Mücke, profesor de Historia de América Latina e Ibérica en la Universidad de Hamburgo (Alemania), quien dedicó una década al proyecto que hoy ve la luz. Por primera vez se editan en forma completa y original los diarios del comerciante alemán: The Diary of Heinrich Witt (2016).

Las más de 7,000 páginas –escritas sobre todo en inglés, pero también con párrafos en alemán, danés, francés, italiano, latín y español– se publicaron en simultáneo en Leiden y Boston por el prestigioso sello académico Bill. A la par, circula una edición online que incluye los dos diarios originales que el comerciante olvidó destruir.

Porque Witt (1799-1892), que fue prestamista y consignatario del guano de las islas, a los 60 años de edad empezó una labor titánica: casi ciego y con la ayuda de un secretario, reescribió, párrafo a párrafo, sus diarios originales. “No quiso dejar a sus familiares los originales porque eran muy desordenados, entonces hace un relato más homogéneo, un manuscrito mejor trabajado”, explica Mücke.

Son 13 tomos, 10,000 páginas, que resumen su vida en el Perú. De ellos se perdieron tres volúmenes. La edición publicada se basa en los diez que conservan (los volúmenes del 1 al 9 y el 13) los descendientes de Witt: la familia Garland Palma, también descendientes de Ricardo Palma.

Para el historiador alemán, el solo hecho que esta familia mantenga los diarios de su antepasado “es un milagro”, ya que la mayoría de las familias o ha perdido o ha destruido documentos similares.

Documento valioso

Estamos ante el diario más extenso e íntimo escrito en América Latina conocido hasta hoy. De él teníamos extractos y solo un pequeño grupo de historiadores peruanos había consultado sus originales: Jorge Basadre, Pablo Macera, Luis Paredes Stagnario y Alfonso W. Quiroz (un capítulo completo del libro Historia de la corrupción en el Perú, de Quiroz, está basado en estos diarios).

Mücke define a su compatriota como “una persona excepcional”, un comerciante sui generis. No gustaba de tomar mucho ni de los juegos de azar. Prefería alimentar su vida intelectual y tenía interés en el arte, la historia, la geografía, en estudiar idiomas como el latín. Hasta avanzada edad, Witt hacía largas caminatas desde su casa, en el Centro de Lima, hasta el cerro San Cristóbal. Y, en el verano, bajaba a bañarse a diario en las playas de Chorrillos.

“No era un extranjero ignorante que se encerraba en Lima, sino que quería conocer el país”, dice Mücke. Witt viajó mucho por la sierra, hizo una expedición al Misti, conoció a dueños de minas, ferrocarriles, algodonales. Brindó información de primera mano sobre las actividades económicas de este país hijo de un virreinato.

Sus diarios incluyen dibujos, como aquel de la disposición de los ejércitos durante la batalla de Ayacucho, que tomó cuando viajó hasta Quinua en 1825, para conocer de primera mano los sucesos del 9 de diciembre de 1824.

Mirada crítica

Sobre todo está su mirada a la sociedad limeña. “Es una mirada muy crítica con la clase dominante del Perú, aunque él forma parte de ella y aprovecha de sus contactos para sus negocios”. Para el comerciante, el problema del país no solo era “la falta de educación de las clases populares, sino también la falta de educación de la élite que, según él, no tiene moral ni se comporta bien”.

Es particularmente duro con el presidente Ramón Castilla, pero mejora sus apreciaciones cuando le dan la concesión del guano.

Criticará también a los presidentes Echenique y Balta. “Pero habla muy positivo de Manuel Pardo. Es su ídolo: proviene de su clase, es una persona ilustrada, cae muy bien con el concepto de educación y cultura occidental que tiene Witt. Sus diarios se deben leer con cautela porque él forma parte de un círculo político castillista, pardista. No es un observador neutral”.

Los diarios son muy descriptivos sobre cómo funciona la economía, sobre el arte de “quebrar manos”; él mismo ofrece regalos a jueces y funcionarios. Como empresario, “se limeñiza y peruaniza”. “Se puede sacar en conclusión que la clase alta es muy distante del país. Y no ha cambiado nada”, opina Mücke.

En la Guerra con Chile (1879-1883), Witt, al igual que otros vecinos notables de Lima, iza la bandera inglesa para que el ejército invasor no saquee sus casas, puede ayudar a madres y niños. Consigue con tiempo su pasaporte alemán porque la clase alta sabía que la guerra estaba perdida por el desnivel entre el poderío militar de ambos países, y la ocupación chilena era inminente. Su única preocupación será salvar su patrimonio.

Estamos, como dice Mücke, ante un hombre del siglo XIX. “Witt es diferente de la mayoría por su interés por la vida del Perú y la sierra, pero no tiene una visión indigenista o popular; y está en contra de la abolición de la esclavitud de los negros. Su apreciación sobre las clases bajas no es buena; les falta educación, son bárbaros”, dice.

Aunque nacido en Altona, Hamburgo –por entonces parte del reino de Dinamarca y posteriormente territorio alemán–, Witt se siente culturalmente un germano, pero también admira a Inglaterra. “En su día a día, es peruano porque su mundo por muchas décadas es él de acá”.




15,000 nombres de personas y lugares ha recogido Mucke de los diarios de Witt.